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Diez años de gestión ambiental


La Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) surgió como consecuencia institucional de la aprobación de la Ley Nº 41 de 1 de julio de 1998, con el papel de ser la entidad autónoma rectora del Estado, en materia de recursos naturales y medio ambiente. Como antecedente inmediato, existió el Instituto Nacional de Recursos Naturales Renovables (INRENARE), que según su norma rectora, fue el ente coordinador y rector en materia de recursos naturales renovables.

La entidad nace como parte de un plan complejo para modernizar la gestión ambiental panameña, que incluyó una Estrategia Nacional de Ambiente (ENA), aprobada después de un significativo proceso participativo, tres reglamentos que se promulgan mediante los Decretos Ejecutivos 57 (Mecanismos formales de participación ciudadana), 58 (Proceso para la elaboración de normas de calidad ambiental) y el 59 (Proceso de evaluación de impacto ambiental), todos del 16 de marzo del año 2000.

La ANAM, desde entonces, se ha transformado en una institución donde el cambio es la única constante, de una manera muy similar a como se producen los equilibrios naturales, ha mutado sus estructuras hacia la modernización. En tres administraciones gubernamentales, aunque a diferentes ritmos, este proceso no ha cesado de avanzar. Sin embargo, durante los últimos años, ante la mayor severidad de la crisis ambiental global que afecta también a Panamá, la velocidad de cambio ha sido vertiginosa y, en consecuencia, esta estructura ha trascendido hacia la sociedad de tal manera, que ya forma parte de la vida cotidiana de muchos panameños.

No obstante, esto se desenvuelve en medio de una crisis ambiental con proporciones globales, en donde los seres humanos aún participan por entero, ya sea como productores o como consumidores, de estilos de desarrollo que profundizan la pesada huella ecológica que se impone sobre el planeta en general y sobre Panamá.

Existen grandes éxitos en cuanto a la administración del ambiente nacional dentro de estos diez años. Lo meritorio de ellos es que no se producen en tiempos fáciles, todos surgidos en épocas de deterioro de los recursos naturales y de la calidad del ambiente, incluso en momentos puntuales durante la lucha con todos los sectores sociales (entre los que destacan los ecologistas y empresariales).

Tal vez la respuesta institucional por si sola no es suficiente para revertir la crisis ambiental global, pero sí es determinante para iniciar el cambio a través de la aplicación imparcial de las normas jurídicas correspondientes y la orientación a la sociedad de cómo desde los diferentes sectores se puede poco a poco rescatar el equilibrio ambiental perdido.

A mi juicio, esta década ha demostrado que para estos efectos, la Autoridad Nacional del Ambiente, ha cumplido la tarea encomendada. Aún con numerosos retos por delante y desafíos de altísima complejidad en el presente, esta institución ha marcado una importante diferencia en cómo se gestiona el ambiente en Panamá.

101 años de Panamá América

 
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