Dignidad ante el imperio
Leí con sumo interés el escrito de Henry Raymont publicado en El Panamá América, 30/9/02. Según el articulista, Samuel Lewis y Alberto Vallarino opinan que Panamá y EU carecen de una estrategia para profundizar sus relaciones. Vallarino dedujo que el gobierno de Bush está complacido por el aporte panameño en el narcotráfico y por su interés en la modernización de sus servicios de inteligencia y en la protección de sus fronteras.
Vallarino afirmó que Otto Reich y John Maisto, ambos expertos en relaciones con Latinoamérica, piensan que hay mucho que hacer en el aspecto de apoyo logístico y sienten incomodidad porque Panamá ha enfatizado el problema de la descontaminación de las áreas nacionales ocupadas por militares norteños, señalando que este asunto es marginal a los grandes intereses entre los dos países. EU parece concederle mucho más peso al "vital tema" de Colombia dentro del campo de las relaciones con Panamá.
Vallarino, probable candidato presidencial en el 2004, expresó: "No digo que los polígonos y desperdicios químicos no sean temas importantes, pero el problema está en que la administración panameña parece centrar estas relaciones con Washington en el tema de los polígonos, que según ellos han cumplido "en la medida de lo posible".
Está muy bien que Reich y Maisto piensen esto, pero ello no obliga a Panamá a acatar la interpretación que ellos hacen del diferendo señalado. Los panameños nos pasamos casi un siglo en pugna con EU debido a su interpretación acomodaticia de la cláusula a perpetuidad del Tratado Hay-Bunau-Varilla. Esto era inevitable, como lo es ahora el problema de la descontaminación de marras.
De salida, los panameños estamos conscientes de que nuestras relaciones con EU han dejado de ser tan "especiales" porque ya no operan y, proporciones guardadas, no controlan nuestro canal. Y estoy de acuerdo con Vallarino en cuanto a que hace falta una estrategia de largo alcance en las relaciones económicas y de seguridad entre los dos países. Sin embargo, me permito señalar que la única fuerza de negociación que tiene Panamá, tomando en cuenta su pequeñez y debilidad, es el acompañar sus planteamientos internacionales con base en su dignidad y en la verdad. Lejos está de mí pecar de áspero y poco diplomático, pero me atrevo a asegurar que los panameños nunca hemos demostrado vocación de talibán o iraquíes, de modo que mal podemos aceptar que se nos trate como tales. Esto sin ignorar la verdad de que EU nos invadió con el ridículo efugio, subterfugio, escapatoria, de que Panamá (léase Noriega) le había declarado la guerra a EU.
Soy un convencido del espíritu de justicia del pueblo norteamericano, lo que no necesariamente es aplicable a sus dirigentes políticos. Por lo que insisto en que la posición digna de Panamá es exigir el saneamiento de las áreas contaminadas señaladas.
Debo aclarar que no es mi intención criticar a Alberto Vallarino. Estamos en el tiempo adecuado para comenzar a analizar los planes y políticas de los posibles candidatos presidenciales. Ya llegará el tiempo de criticarlos o respaldarlos. Más bien, dada la enorme importancia que tienen nuestras relaciones con la única superpotencia mundial, creo que es de elogiar la iniciativa que tuvieron Alberto Vallarino y Samuel Lewis de visitar a los funcionarios estadounidenses que manejan los vínculos de EU con Panamá, que es inmortal.
Vallarino afirmó que Otto Reich y John Maisto, ambos expertos en relaciones con Latinoamérica, piensan que hay mucho que hacer en el aspecto de apoyo logístico y sienten incomodidad porque Panamá ha enfatizado el problema de la descontaminación de las áreas nacionales ocupadas por militares norteños, señalando que este asunto es marginal a los grandes intereses entre los dos países. EU parece concederle mucho más peso al "vital tema" de Colombia dentro del campo de las relaciones con Panamá.
Vallarino, probable candidato presidencial en el 2004, expresó: "No digo que los polígonos y desperdicios químicos no sean temas importantes, pero el problema está en que la administración panameña parece centrar estas relaciones con Washington en el tema de los polígonos, que según ellos han cumplido "en la medida de lo posible".
Está muy bien que Reich y Maisto piensen esto, pero ello no obliga a Panamá a acatar la interpretación que ellos hacen del diferendo señalado. Los panameños nos pasamos casi un siglo en pugna con EU debido a su interpretación acomodaticia de la cláusula a perpetuidad del Tratado Hay-Bunau-Varilla. Esto era inevitable, como lo es ahora el problema de la descontaminación de marras.
De salida, los panameños estamos conscientes de que nuestras relaciones con EU han dejado de ser tan "especiales" porque ya no operan y, proporciones guardadas, no controlan nuestro canal. Y estoy de acuerdo con Vallarino en cuanto a que hace falta una estrategia de largo alcance en las relaciones económicas y de seguridad entre los dos países. Sin embargo, me permito señalar que la única fuerza de negociación que tiene Panamá, tomando en cuenta su pequeñez y debilidad, es el acompañar sus planteamientos internacionales con base en su dignidad y en la verdad. Lejos está de mí pecar de áspero y poco diplomático, pero me atrevo a asegurar que los panameños nunca hemos demostrado vocación de talibán o iraquíes, de modo que mal podemos aceptar que se nos trate como tales. Esto sin ignorar la verdad de que EU nos invadió con el ridículo efugio, subterfugio, escapatoria, de que Panamá (léase Noriega) le había declarado la guerra a EU.
Soy un convencido del espíritu de justicia del pueblo norteamericano, lo que no necesariamente es aplicable a sus dirigentes políticos. Por lo que insisto en que la posición digna de Panamá es exigir el saneamiento de las áreas contaminadas señaladas.
Debo aclarar que no es mi intención criticar a Alberto Vallarino. Estamos en el tiempo adecuado para comenzar a analizar los planes y políticas de los posibles candidatos presidenciales. Ya llegará el tiempo de criticarlos o respaldarlos. Más bien, dada la enorme importancia que tienen nuestras relaciones con la única superpotencia mundial, creo que es de elogiar la iniciativa que tuvieron Alberto Vallarino y Samuel Lewis de visitar a los funcionarios estadounidenses que manejan los vínculos de EU con Panamá, que es inmortal.