Dignificar la política, principal objetivo
Ciertamente muchos somos los panameños que nos encontramos hastiados de la política que practican algunos de nuestros "políticos". Es un modo de proceder estigmatizante, capaz de avergonzar a todos menos a los propios protagonistas que han perdido la vergüenza y el ejemplo que dan es execrable. No creo que sea necesario hacer señalamientos personales, pues los lectores conocen muy bien a quienes y a qué casos nos estamos refiriendo. Son un bochorno nacional.
A toda clase de hechos ha asistido el país que, de una u otra forma, afectan el quehacer político y, consecuentemente, a la política como instrumento para dirimir controversias, para generar acuerdos que acerquen posiciones y para construir una institucionalidad que permita una convivencia social y política basada en la participación, el consenso y la legalidad. La política panameña parece impregnarse de una mercadotecnia en la que todo se vale y sólo se subraya la descalificación del oponente, se carece de propuestas y no se toman en cuenta los intereses nacionales. Se privilegian las apariencias sobre las esencias, lo que lleva al subjetivismo y al doble discurso. Los políticos no se dedican ya a hacer su tarea, sino a la degradación de la vida política.
Sin embargo es alentador, por otra parte, asistir a la emergencia de tendencias que van abriéndose camino, aunque muy lentamente, hacia la reconstrucción del espacio público y la dignificación de la política que pueden encontrarse en actitudes, declaraciones y acciones, lo mismo en grupos cívicos, organizaciones establecidas y en algunos partidos políticos. Existen en la opinión pública renovadas actitudes en favor de una cultura cívica y democrática que regenere la moralidad pública de la nación. Como ejemplo tenemos a la Iglesia Católica, a Justicia y Paz, Transparencia Internacional, algunos gremios, clubes cívicos y algunos periodistas de opinión que constantemente estamos martillando sobre esta necesidad.
En esta perspectiva, abonada por pequeñas y grandes luchas diarias, se vislumbra un gran potencial humano, intelectual y político, para la regeneración del país y con el convencimiento y la voluntad por parte de diferentes agrupaciones sociales de pasar del cuestionamiento, e incluso la crítica fundamentada, a la construcción de alternativas viables y que cuenten con consenso social, como lo fue el reciente planteamiento económico del ex candidato a la Presidencia de la República, el Ing. Alberto Vallarino, el del Licenciado Martín Torrijos del PRD y el economista Sebastián Méndez, quien presentó ante el Legislativo, una tercera vía en torno al Fondo Fiduciario para el Desarrollo y las acciones de Cable & Wireless.
Muchos somos los panameños, la mayoría diría yo, que poseemos tendencias sociales, culturales y políticas que vinculan de manera definida las demandas de justicia y equidad social, de respeto a la autonomía de las organizaciones sociales y las comunidades, con la reivindicación de la democracia representativa y de la democracia participativa, sólo que inexplicablemente una minoría, en franca oposición a este sentir, se encuentra enraizada al poder actuando en contra de los intereses de las mayorías. En este campo el gobierno, los partidos políticos, las organizaciones sociales de diferente tipo y los organismos no gubernamentales tienen la gran responsabilidad y oportunidad de que su actuación cotidiana y sus relaciones sean ejemplo de las vías a través de las cuales se puede dignificar la política, de otra forma perderán su beligerancia, pues el pueblo los desplazará por la vía pacífica o violenta.
Para avanzar en esta dirección los políticos están llamados a conducirse con congruencia, claridad y efectividad. Deben cesar los chantajes políticos, el oportunismo y actitudes que se caracterizan por el "quítate tú para ponerme yo". Los partidos están abocados a organizar a la ciudadanía a partir de sus necesidades y expectativas para actuar políticamente y deben situarse en el campo de las demandas y reivindicaciones inmediatas de la población constituyéndose en un vehículo de politización y de apoyo a los ciudadanos, que a fin de cuenta, de acuerdo con nuestra Constitución Nacional, es el soberano.
La dignificación de la política, a la que deben concurrir los mejores esfuerzos e inteligencia de los partidos políticos y sobre todo las organizaciones cívicas y sociales y los ciudadanos en lo individual, constituye una de las reservas fundamentales de un Panamá democrático, justo y soberano. Pensar o actuar en forma diferente equivale a la desnaturalización de la política y caeremos irremisiblemente en "el pandillerismo político".
A toda clase de hechos ha asistido el país que, de una u otra forma, afectan el quehacer político y, consecuentemente, a la política como instrumento para dirimir controversias, para generar acuerdos que acerquen posiciones y para construir una institucionalidad que permita una convivencia social y política basada en la participación, el consenso y la legalidad. La política panameña parece impregnarse de una mercadotecnia en la que todo se vale y sólo se subraya la descalificación del oponente, se carece de propuestas y no se toman en cuenta los intereses nacionales. Se privilegian las apariencias sobre las esencias, lo que lleva al subjetivismo y al doble discurso. Los políticos no se dedican ya a hacer su tarea, sino a la degradación de la vida política.
Sin embargo es alentador, por otra parte, asistir a la emergencia de tendencias que van abriéndose camino, aunque muy lentamente, hacia la reconstrucción del espacio público y la dignificación de la política que pueden encontrarse en actitudes, declaraciones y acciones, lo mismo en grupos cívicos, organizaciones establecidas y en algunos partidos políticos. Existen en la opinión pública renovadas actitudes en favor de una cultura cívica y democrática que regenere la moralidad pública de la nación. Como ejemplo tenemos a la Iglesia Católica, a Justicia y Paz, Transparencia Internacional, algunos gremios, clubes cívicos y algunos periodistas de opinión que constantemente estamos martillando sobre esta necesidad.
En esta perspectiva, abonada por pequeñas y grandes luchas diarias, se vislumbra un gran potencial humano, intelectual y político, para la regeneración del país y con el convencimiento y la voluntad por parte de diferentes agrupaciones sociales de pasar del cuestionamiento, e incluso la crítica fundamentada, a la construcción de alternativas viables y que cuenten con consenso social, como lo fue el reciente planteamiento económico del ex candidato a la Presidencia de la República, el Ing. Alberto Vallarino, el del Licenciado Martín Torrijos del PRD y el economista Sebastián Méndez, quien presentó ante el Legislativo, una tercera vía en torno al Fondo Fiduciario para el Desarrollo y las acciones de Cable & Wireless.
Muchos somos los panameños, la mayoría diría yo, que poseemos tendencias sociales, culturales y políticas que vinculan de manera definida las demandas de justicia y equidad social, de respeto a la autonomía de las organizaciones sociales y las comunidades, con la reivindicación de la democracia representativa y de la democracia participativa, sólo que inexplicablemente una minoría, en franca oposición a este sentir, se encuentra enraizada al poder actuando en contra de los intereses de las mayorías. En este campo el gobierno, los partidos políticos, las organizaciones sociales de diferente tipo y los organismos no gubernamentales tienen la gran responsabilidad y oportunidad de que su actuación cotidiana y sus relaciones sean ejemplo de las vías a través de las cuales se puede dignificar la política, de otra forma perderán su beligerancia, pues el pueblo los desplazará por la vía pacífica o violenta.
Para avanzar en esta dirección los políticos están llamados a conducirse con congruencia, claridad y efectividad. Deben cesar los chantajes políticos, el oportunismo y actitudes que se caracterizan por el "quítate tú para ponerme yo". Los partidos están abocados a organizar a la ciudadanía a partir de sus necesidades y expectativas para actuar políticamente y deben situarse en el campo de las demandas y reivindicaciones inmediatas de la población constituyéndose en un vehículo de politización y de apoyo a los ciudadanos, que a fin de cuenta, de acuerdo con nuestra Constitución Nacional, es el soberano.
La dignificación de la política, a la que deben concurrir los mejores esfuerzos e inteligencia de los partidos políticos y sobre todo las organizaciones cívicas y sociales y los ciudadanos en lo individual, constituye una de las reservas fundamentales de un Panamá democrático, justo y soberano. Pensar o actuar en forma diferente equivale a la desnaturalización de la política y caeremos irremisiblemente en "el pandillerismo político".