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Dilema presidencial


El escogimiento por parte del Poder Ejecutivo para cargos de relevada importancia, requiere un ponderado y profundo análisis.
El ciudadano a ser designado debe ser uno que inspire mucho respeto y confianza, dada su reconocida reciedumbre moral e indiscutible capacidad para su desempeño.
El señor Procurador de la Administración, ha colocado al señor Presidente de la República en un dilema.
Es casi seguro que antes de escogerlo para el cargo, no supiera que el señor Procurador había tenido una deuda impagada con la Caja de Ahorros.
De haber sabido eso el señor Presidente de la República, no dudamos de que le habría dicho que ahora que tendría un jugoso ingreso de diez mil balboas mensuales durante diez años, honrara su deuda.
La ética así lo requiere.
Sería muy trise que ahora el señor Presidente de la República tuviera que decirle al señor Procurador de la Administración que se comprometa a pagar o tendrá que pedirle la renuncia.
La posición del señor Presidente no puede ser más sólida y moralmente plausible.
El señor Procurador de la Administración ha declarado a la prensa: "Estoy aquí para defender los intereses nacionales y no de particulares. ¡Magnífico! No siga escudando su renuencia al pago invocando la prescripción. No anteponga sus intereses personales frente a su deuda con la Caja de Ahorros, que es del Estado. El tiempo puede fenecer, pero la ética debe permanecer.

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