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Dilucidemos


Este diario ha publicado críticas al señor Procurador de la Administración, Licenciado Oscar Ceville, por no haber honrado un préstamo hipotecario negociado en 1983 con la Caja de Ahorros, la cual entabló demanda judicial en su contra.
El señor Ceville, a su vez, ha informado que él afrontó la demanda invocando la prescripción adquisitiva por lo cual se fallo a su favor. La Caja dejó transcurrir más de 20 años sin cobrar.
Se ha planteado ahora que, dada la relevancia de su cargo actual y el apreciable ingreso de que podrá disfrutar en los próximos diez años, el señor Procurador, por ética, debe pagar.
Tras dicha situación, el señor Procurador de la Administración ha explicado públicamente que él convino, con el consentimiento de la Caja de Ahorros, en traspasar dicha propiedad hipotecada a otra persona que se constituiría en su nueva deudora. Se preparó la documentación correspondiente y ya en su etapa final en poder de la institución, ésta, por desidia, dejó transcurrir más de 20 años sin que se pudiera legitimar el traspaso de la propiedad al nuevo deudor a quien correspondería asumir el resto insoluto de la deuda. Y si hay constancia de que el nuevo deudor, por haberse legitimizado la transacción pagó alguna vez, nada tiene el señor Ceville que ver con la deuda.
De ser cierta la explicación ofrecida por el licenciado Ceville, la Caja, por su desidia, ha lesionado grave e injustamente la reputación del señor Procurador de la Administración. Le correspondería aceptar su error con entereza.
Decía Sócrates que el valor consiste en hacer lo que se debe, cueste lo que cueste. Ahora la Caja tiene la palabra: o reconoce su error o desmiente al señor Procurador de la Administración.

101 años de Panamá América

 
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