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Diógenes De La Rosa


POR MOTIVOS ajenos a mi voluntad, no participé en el homenaje a Diógenes De La Rosa que el INAC y la Biblioteca Nacional organizaron para conmemorar el centenario del nacimiento del ilustre maestro. Fue un conversatorio que afortunadamente se pudo realizar el pasado 15 de diciembre, porque de los tres escogidos por los organizadores llegaron dos, los doctores Humberto Ricord y Pedro Luis Prados. Ricord, por haber recogido y seleccionado en dos volúmenes la obra de Diógenes dispersa en panfletos, periódicos, folletos y publicaciones, y Prados, por su formación filosófica y ser un estudioso del pensamiento panameño, eran los más autorizados para presentar los aspectos académicos del pensamiento del maestro.
Aunque he leído los dos volúmenes de la obra de Diógenes editados por el Dr. Ricord, yo conocí el pensamiento del maestro en las conversaciones que tuvimos por más de 30 años, sólo interrumpidas por sus viajes al exterior a cumplir misiones nacionales o servicios solicitados por otros países. Digo conversaciones, pero eran largas disertaciones de Diógenes como respuestas a mis preguntas sobre los más variados temas nacionales o internacionales: políticos, históricos, filosóficos, literarios y humanos, porque fue un intelectual que con la misma pasión que amó lo académico amó la vida, y la vivió plenamente.
Muchos se preguntarán cómo pude tener un vínculo tan profundo con Diógenes si nuestras edades eran tan distante. Verdad es que fue amigo de mis padres, pero no tenía con ellos una relación de visitas. Mis primeros vínculos con él fue cuando me uní al grupo Demetrio Herrera Sevillano, fundado por Alvaro Menéndez Franco, y tanto Diógenes como Bonifacio Pereira, en ese tiempo director de la Biblioteca Nacional, eran sus padrinos y asesores. Ese grupo tiene una gran importancia histórica en las letras panameñas, ya que así como Roque Javier Laurenza juzgó a los poetas de la generación Republicana, los jóvenes que formamos parte del Herrera Sevillano juzgamos a los poetas de la primera y segunda generación vanguardista panameña, en actos que se celebraron en la Biblioteca Nacional. Y Diógenes le abrió un espacio nacional a los que éramos jóvenes poetas en 1956 fundando Letras de Panamá, cuyo financiamiento lo obtuvo con ayuda oficial, pues era asesor del presidente Ernesto de la Guardia.
Obsérvese, pues, que un hombre que ya era una figura nacional reconocida y con posiciones tan altas, como es la de ser asesor del Presidente, apoyaba a los que comenzábamos y nos estimulaba a realizarnos como generación; fue, pues, un maestro, y como tal, siempre le dio la mano generosamente y con desprendimiento total a todos los dispuestos a fortalecer la cultura en Panamá. En Letras de Panamá, por invitación de él, publiqué poemas que había escrito en Chile, y también un artículo crítico.
Ya que mencionamos revistas culturales, quiero agregar que quien me enseñó a diagramar, a leer las galeras en plomo y a organizar una revista fue él, enseñanzas que puse en práctica cuando me encargué en calidad de editor de la Revista Lotería, en 1969.
En la historia de las letras panameñas intervino Diógenes desde la época de las primeras generaciones literarias que comenzaron a actuar en los primeros años de la República, comentando libros de distintos géneros. Incluso, en la década del 30 y antes, período de gran agitación social en el que Diógenes participó en gestas como la lucha inquilinaria, y en la formación de losp rimeros grupos marxistas que luego se concentraron, unos, como él, en el partido socialista, y otros en el partido comunista, actividades que lo condujeron más de una vez a la cárcel. Diógenes fue de los pocos que se unió a Sinán, con Laurenza y Rodrigo Miró, a luchar por el vanguardismo y renovar la empezada poesía panameña. Pero también tuvo la lucidez, una de sus cualidades de mayor calidad, de advertirle en un histórico comentario a su compañero Laurenza que su conferencia, Los poetas de la generación republicana, presentada en el aula máxima del Instituto Nacional en 1933, que si bien compartía lo esencial de su crítica, no había considerado algunos aspectos por lo que sus juicios extremadamente radicales reducían la objetividad de su trabajo.
Los artículos de Diógenes sobre la literatura panameña son muy importantes, ya que su cultura, su solidez analítica y su creatividad, enriquecían lo anotado.
No sé que se dijo en el conversatorio sobre su pensamiento político y su gestión pública. Mi opinión es que el maestro, por su cultura universal, siempre al día, vio siempre más allá que los demás. Es el personaje panameño que reúne el mayor número de cualidades intelectuales que a la vez participó en todos los hechos históricos que marcaron el siglo XX. El colmo de su valentía política fue su histórico ataque a Belisario Porras publicado en hojas sueltas bajo el título Habla el Traidor, estando en una cárcel en la prisión de las Bóvedas por orden del mismo Porras, en ese entonces, Presidente de la República.
Aplaudo que gracias al INAC y a la Biblioteca Nacional no pasó ignorado el centenario del nacimiento de Diógenes De La Rosa, y presento mis excusas a ellos y a los familiares del maestro, con esta nota que quizá dice más de lo que iba a decir la noche del 15 de diciembre.

101 años de Panamá América

 
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