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Dios distante


En nuestro medio, fuera de la descomposición moral por la que navegamos y transitamos a diario, también se nos hace evidente una confusión moral. El domingo pasado, fundado en autoridades de medio católico, concretamente en unas reflexiones del moralista Marciano Vidal, español, redentorista, inicié una ilustración aclaratoria basada en el tema de la imagen de Dios que se tenga, que según sea la imagen de Dios así será nuestra moral. Y hoy amplió el tema.
Afirmaban los prelados franceses sobre la existencia de una "crisis del anuncio moral cristiano". Mientras se comprueba una auténtica recuperación del debate ético en la opinión pública, sigue cundiendo un gran desconcierto ante el debilitamiento de la autoridad normativa de la Iglesia que no logra, en sus propias filas, alcanzar la unanimidad en relación a determinadas conductas. De esta manera, en la experiencia pastoral de muchos responsables del anuncio de la fe se puede notar un verdadero malestar cuando se trata de avanzar en el terreno de la moral.
El Concilio Vaticano II, al analizar el fenómeno del ateísmo en nuestro tiempo, afirmó que el "ateísmo, considerado en su integridad, no es una fenómeno originario, sino más bien un fenómeno surgido por diferentes causas, entre las que se encuentra también una reacción crítica contra las religiones y ciertamente, en no pocos países contra la religión cristiana". A continuación anota: "en una génesis del ateísmo puede corresponder a los creyentes una parte no pequeñas en cuanto que, por descuido en la educación de la fe, por una exposición falsificada de la doctrina, o también por los defectos de su vida religiosa, moral y social, puede decirse que han velado el verdadero rostro de Dios y de la religión más que revelarlo".
Son muchas las deformaciones de la imagen de Dios que han tenido, y en parte teniendo, lugar en la moral cristiana.
Hay personas que se hacen una imagen de un Dios descomprometido, aislado, parqueado en las alturas sin ningún interés por las cosas de acá abajo.
Divorcio entre fe y moral. Falseamiento de la moral y de un "escándalo" para la fe en Dios.
Este divorcio entre la fe y el compromiso moral como uno de los errores más graves de nuestros tiempos. La separación entre la fe que profesan y la vida cotidiana de muchos debe ser considerada como uno de los errores más graves de nuestro tiempo. Ya en el Antiguo Testamento, los profetas condenaban con vehemencia este escándalo, en Isaías 58, versos 1-12: "Grita a voz en cuello, sin cejar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. Consultan mi oráculo a diario, muestran deseo de conocer mi camino como un pueblo que practicara la justicia y no abandona el mandato de su Dios. Me piden sentencias justas, desean tener cerca a Dios, ¿Para qué ayunar si no hace caso? ¿Mortificarnos, si tú no te fijas? Miren: el día de ayuno buscan su interés, y apremian a sus servidores, miren: ayunan entre riñas y disputas, dando puñetazo sin piedad. No ayunen como ahora, haciendo oír en el cielo sus voces".
En el Nuevo Testamento, Nuestro Señor Jesucristo amenazaba con grandes castigos, en Mateo 23, 3-13: En la cátedra de Moisés han tomado asientos los letrados y los fariseos. Por tanto, todo lo que les digan, háganlo y cúmplanlo... pero no imiten sus obras, porque ellos dicen, pero no hacen. Atan bultos pesados y los cargan en las espaldas de los demás, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo. Todo lo hacen para llamar la atención de la gente: se ponen distintivos ostentosos y borlas grandes en el manto, les encantan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas, que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame señor mío", ... Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que les cierran a los hombres el Reino de Dios, porque ustedes no entran y a los que quieren entrar tampoco les dejan".
La reflexión teológica moral actual pone un particular empeño en proponer una correcta articulación de la fe y de la moral en el conjunto unitario de la existencia cristiana. No tiene sentido una fe que no conlleve una serie de decisiones que comprometan.
No tiene sentido ni el moralismo vaciado y vaciador de lo religioso ni el supernaturalismo vaciado y vaciador de lo moral. Muchos defectos del pasado y del presente tienen su explicación de una educación que por el exceso (moralismo) o por defecto (amoralismo) no ha situado de modo conveniente la moral dentro del conjunto del mensaje cristiano. (Seguirá).

101 años de Panamá América

 
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