Dios Juez
No pretendo alardear de moralismo con motivo de Hanta Virus y los carnavales sectorialmente suspendidos, ni menos apostrofar al feligrés haciéndole ver que lo que está sucediendo, es castigo de Dios. Todo lo contrario, buscamos reconstruir en nosotros una mejor imagen de Dios en orden a vivir la dimensión moral de la fe.
Repasando las imágenes falseadas de Dios Juez. En el mundo judío se utilizó la imagen del "yugo" y de la "carga" para referirse a los preceptos de la ley. En el evangelio de Mateo, Jesús se sirvió también de esas metáforas para hablar de su propuesta como un "yugo blando" y como una "carga liviana".
Con bastante frecuencia, la moral cristiana ha sido presentada y vivida como un yugo duro y como una carga pesadas. Conocemos bien una manifestación histórica de esa orientación: la del rigorismo moral jansenista.
Pero es preciso reconocer que se han dado y siguen dándose otras formas de rigorismo moral no menos deformantes del espíritu cristiano que la del jansenismo histórico.
Detrás del rigorismo jansenista y, en cierta medida, en todo rigorismo moral, hay una comprensión antropológica del cristianismo con sesgos de: 1) Pesimismo antropológico 2) Afirmación exagerada de la necesidad de la gracia eficaz . 3) Reducción elitista de la salvación eterna ("son pocos los que se salvan"), limitación de la gracia sacramental, reservada para perfectos (la eucaristía como "pan de los ángeles") o dada como premio a quienes se someten a esfuerzos sobre humanos.
Pero sobre todo, detrás de la postura moral jansenista está una determinada imagen de Dios: la imagen de Dios como Juez.
Esta imagen ha dejado una profunda y amplia huella en la conciencia católica. La sentimos en muchas prédicas y actitudes.
Jesús nos reveló el misterio de un Dios que está muy alejado del rigorismo moral. "Te doy gracias, padre, Señor de cielo y tierra, porque, el sacramento de la Penitencia, que él llamaba ministerio de gracia y de perdón solí repetir: "Así como la laxitud en el ministerio de las confesiones arruina las almas, también les dañosa la rigidez, yo repruebo cierto rigores no conformes a la ciencia y que sirven para destrucción y no para edificación.
Con los pecadores se necesita caridad y dulzura, este fue el carácter de Jesucristo. Y nosotros, si queremos llevar almas a Dios, y salvarlas debemos imitar no a Jansenio, sino a Jesucristo que es el jefe de todos los misioneros, "Y en la obra grande moral escribe entre otras cosas aquellas memorables palabras: No hay que imponer nada a los hombres bajo cuopa grave, a no ser que la razón induzca a ello con evidencia. Atendiendo a la fragilidad de la presente condición humana, no siempre es verdad que la cosa más segura será dirigir las almas por la vida estrecha.
Repasando las imágenes falseadas de Dios Juez. En el mundo judío se utilizó la imagen del "yugo" y de la "carga" para referirse a los preceptos de la ley. En el evangelio de Mateo, Jesús se sirvió también de esas metáforas para hablar de su propuesta como un "yugo blando" y como una "carga liviana".
Con bastante frecuencia, la moral cristiana ha sido presentada y vivida como un yugo duro y como una carga pesadas. Conocemos bien una manifestación histórica de esa orientación: la del rigorismo moral jansenista.
Pero es preciso reconocer que se han dado y siguen dándose otras formas de rigorismo moral no menos deformantes del espíritu cristiano que la del jansenismo histórico.
Detrás del rigorismo jansenista y, en cierta medida, en todo rigorismo moral, hay una comprensión antropológica del cristianismo con sesgos de: 1) Pesimismo antropológico 2) Afirmación exagerada de la necesidad de la gracia eficaz . 3) Reducción elitista de la salvación eterna ("son pocos los que se salvan"), limitación de la gracia sacramental, reservada para perfectos (la eucaristía como "pan de los ángeles") o dada como premio a quienes se someten a esfuerzos sobre humanos.
Pero sobre todo, detrás de la postura moral jansenista está una determinada imagen de Dios: la imagen de Dios como Juez.
Esta imagen ha dejado una profunda y amplia huella en la conciencia católica. La sentimos en muchas prédicas y actitudes.
Jesús nos reveló el misterio de un Dios que está muy alejado del rigorismo moral. "Te doy gracias, padre, Señor de cielo y tierra, porque, el sacramento de la Penitencia, que él llamaba ministerio de gracia y de perdón solí repetir: "Así como la laxitud en el ministerio de las confesiones arruina las almas, también les dañosa la rigidez, yo repruebo cierto rigores no conformes a la ciencia y que sirven para destrucción y no para edificación.
Con los pecadores se necesita caridad y dulzura, este fue el carácter de Jesucristo. Y nosotros, si queremos llevar almas a Dios, y salvarlas debemos imitar no a Jansenio, sino a Jesucristo que es el jefe de todos los misioneros, "Y en la obra grande moral escribe entre otras cosas aquellas memorables palabras: No hay que imponer nada a los hombres bajo cuopa grave, a no ser que la razón induzca a ello con evidencia. Atendiendo a la fragilidad de la presente condición humana, no siempre es verdad que la cosa más segura será dirigir las almas por la vida estrecha.