Diplomacia embalsamada
DESDE LAS inmemoriales épocas de inicio de la historia, y aún antes de ella, los humanos adquirieron la costumbre de dar una disposición final a los cadáveres. Nadie puede convivir con los cadáveres porque -entre otras cosas- apestan. Así las distintas culturas adoptaron costumbres ligadas a su cosmovisión: Los zoroástricos disponían sus difuntos en un lugar elevado, para que las aves del cielo dispusieran de él reintegrándolo a la naturaleza; los indostaníes devuelven por el fuego la energía acumulada en la materia ya inerte.
En Occidente se entierra a los muertos, pero nadie recuerda cuando, particularmente en este hemisferio, se impuso la costumbre de maquillar a los cadáveres. Era como una tentativa de mantener en la memoria un retrato de su mejor momento y no exponer el rostro del fracaso, que significa la muerte. Para eso surgieron maquilladores de cadáveres quienes, con afeites y cremas, tratan que el difunto dé una imagen de lo que no es.
El maquillador es una engañador, bien intencionado, es cierto, para paliar el dolor, mas tan inútil como una flatulencia. Sin embargo, más inútil, pero tan doloso como los que ocultan la basura debajo de la alfombra, son los maquilladores ideológicos.
En Panamá, durante los años 70, el llamado proceso torrijista causó un impacto saludable en el cuerpo político nacional en lo referente a la maduración y reformulación de las reivindicaciones nacionales frente al colonialismo yanqui. En consecuencia, se produjo un reflejo internacional, cuyos destellos daban idea de lo que se producía en el país. Aquello pasó, o por lo menos su mejor momento pasó, y los gonfaloneros marciales y enhiestos del torrijismo se convirtieron, primero en una comparsa de áulicos acompañando a sus titiriteros, y después en funeral cortejo de ideas, esperanzas y de glorias derruidas.
No obstante, así como la luz que nos alumbra cada día es el remanente de estrellas distantes y de fuegos pasados, en el exterior muchos insisten en querer ver en el otrora partido de Torrijos un fulgor presente, donde sólo hay rescoldos. Pero todavía existen maquilladores de cadáveres políticos que cumplen la misión de ocultar la muerte, a pesar de que se percibe su olor.
En función de ello, durante la pasada reunión habanera de los No Alineados, se dio cita en esa ciudad un sinnúmero de maquilladores que presentaron a los dirigentes tercermundistas la imagen de un águila en vuelo, en donde no había sino un gallote muerto en la carretera. Eso explica cómo endosaron sin reflexiones la resolución referente a la ampliación del Canal de Panamá apoyando la iniciativa.
El movimiento de los No Alineados es una iniciativa correcta de países que intentan revertir su marginación del ámbito de las decisiones que hacen a sus propias vidas. Ellos relanzan el protagonismo colectivo sobre la base de la cooperación, pero fueron sorprendidos por una resolución que no coopera en la solución de los problemas del pueblo panameño.
Los resultados electorales explican -a quien quiera leerlo- que la mayoría se abstuvo de endosar el proyecto mencionado; no obstante, los necro-maquilladores sorprendieron y lograron apoyo a su corto proyecto- Resultado: Ilusión vendida, pitanza obtenida. Las secuelas - obsérvese que no escribimos frutos- de aquel pasado ilustre de nuestra diplomacia, se han podido contemplar en la reciente elección de Panamá al Consejo de Seguridad. Atrás quedaron los tiempos en que Panamá hizo de su presencia en las Naciones Unidas, podio, tribuna y púlpito, desde donde explicar, denunciar e implorar las miradas del mundo hacia su situación de explotación, sometimiento y humillación nacional.
Panamá bien pronto supo que si quería justicia debía también apoyar a quienes la demandaban. Fue aquella la época en que el país se lanzó como ariete de dignidad contra el injusto bloqueo a Cuba; la del reconocimiento de la soberanía saharaui; del soporte a toda gestión de paz y desarme, del apoyo a Nicaragua revolucionaria y, sobre todo, la de la iniciativa de Contadora, para equilibrar el desigual duelo bilateral entre Nicaragua agredida y el Imperio. Los países involucrados en Contadora eran cual auxiliares en el ruedo taurino, que hacen el quite, capoteando y distrayendo el embate del toro contra su oponente en apuros. Era ella la época de dar para merecer recibir.
En esa perspectiva, si Panamá había exigido en su momento la ruptura del bilateralismo con los Estados Unidos y logrado que su problema se tratara multilateralmente, con toda lógica, consecuencia y coherencia, la proyección de nuestras relaciones internacionales debería crear un espacio amplio, en el cual lo nacional se vería ampliado fortalecido y perfeccionado en el ámbito regional latinoamericano. ¿Cual es en realidad la actualidad del perfil internacional que propone la dimensión diplomática de nuestro Estado? El silencio ominoso frente a las agresiones contra las poblaciones civiles del Levante; cerrar los ojos ante la vulneración del derecho internacional y la soberanía nacional en Medio Oriente, como en el caso de Irak; la condena prematura y obsecuente de Corea de Norte; el enredar las cosas frente a las iniciativas latinoamericanistas de integración energética; la asistencia a la tan cuestionada toma de posesión de Calderón en México, cuando la mayoría de los mandatarios latinoamericanos se excusó; la participación sistemática en maniobras navales agresivas y el prestar nuestro territorio neutral para las mismas. Todo ello nos devuelve el retrato de una diplomacia embalsamada.
(*)Miembro del Consejo de la Paz.
3.2.4. Continuación de la inversión en telecomunicaciones.
3.2.5. Aprovechamiento al máximo de los productos agro exportables de la República de Panamá.
3.2.6. Recuperación económica de la Zona Libre de Colón.
3.2.7. Desarrollo al máximo de las actividades marítimas conexas al servicio que presta el Canal de Panamá.
3.2.8. Desarrollo de tratados de libre comercio con la mayor cantidad posible de países.
En materia de seguridad jurídica y ciudadana:
3.3.1. Desarrollo de un verdadero concepto de seguridad jurídica y fortalecimiento al máximo de la seguridad ciudadana.
En materia de política exterior:
3.4. Una política exterior que sea el brazo ejecutor de estos propósitos nacionales. Pragmática y enfocada a la solución práctica y creativa de nuestras diferencias internacionales.
En materia de seguridad nacional:
3.5. Desarrollar una política de seguridad nacional, en la que el eje sea la conciencia de nuestra permanencia al mundo occidental y a los intereses occidentales y entender, a partir de ese reconocimiento, quienes son nuestros verdaderos aliados.
En Occidente se entierra a los muertos, pero nadie recuerda cuando, particularmente en este hemisferio, se impuso la costumbre de maquillar a los cadáveres. Era como una tentativa de mantener en la memoria un retrato de su mejor momento y no exponer el rostro del fracaso, que significa la muerte. Para eso surgieron maquilladores de cadáveres quienes, con afeites y cremas, tratan que el difunto dé una imagen de lo que no es.
El maquillador es una engañador, bien intencionado, es cierto, para paliar el dolor, mas tan inútil como una flatulencia. Sin embargo, más inútil, pero tan doloso como los que ocultan la basura debajo de la alfombra, son los maquilladores ideológicos.
En Panamá, durante los años 70, el llamado proceso torrijista causó un impacto saludable en el cuerpo político nacional en lo referente a la maduración y reformulación de las reivindicaciones nacionales frente al colonialismo yanqui. En consecuencia, se produjo un reflejo internacional, cuyos destellos daban idea de lo que se producía en el país. Aquello pasó, o por lo menos su mejor momento pasó, y los gonfaloneros marciales y enhiestos del torrijismo se convirtieron, primero en una comparsa de áulicos acompañando a sus titiriteros, y después en funeral cortejo de ideas, esperanzas y de glorias derruidas.
No obstante, así como la luz que nos alumbra cada día es el remanente de estrellas distantes y de fuegos pasados, en el exterior muchos insisten en querer ver en el otrora partido de Torrijos un fulgor presente, donde sólo hay rescoldos. Pero todavía existen maquilladores de cadáveres políticos que cumplen la misión de ocultar la muerte, a pesar de que se percibe su olor.
En función de ello, durante la pasada reunión habanera de los No Alineados, se dio cita en esa ciudad un sinnúmero de maquilladores que presentaron a los dirigentes tercermundistas la imagen de un águila en vuelo, en donde no había sino un gallote muerto en la carretera. Eso explica cómo endosaron sin reflexiones la resolución referente a la ampliación del Canal de Panamá apoyando la iniciativa.
El movimiento de los No Alineados es una iniciativa correcta de países que intentan revertir su marginación del ámbito de las decisiones que hacen a sus propias vidas. Ellos relanzan el protagonismo colectivo sobre la base de la cooperación, pero fueron sorprendidos por una resolución que no coopera en la solución de los problemas del pueblo panameño.
Los resultados electorales explican -a quien quiera leerlo- que la mayoría se abstuvo de endosar el proyecto mencionado; no obstante, los necro-maquilladores sorprendieron y lograron apoyo a su corto proyecto- Resultado: Ilusión vendida, pitanza obtenida. Las secuelas - obsérvese que no escribimos frutos- de aquel pasado ilustre de nuestra diplomacia, se han podido contemplar en la reciente elección de Panamá al Consejo de Seguridad. Atrás quedaron los tiempos en que Panamá hizo de su presencia en las Naciones Unidas, podio, tribuna y púlpito, desde donde explicar, denunciar e implorar las miradas del mundo hacia su situación de explotación, sometimiento y humillación nacional.
Panamá bien pronto supo que si quería justicia debía también apoyar a quienes la demandaban. Fue aquella la época en que el país se lanzó como ariete de dignidad contra el injusto bloqueo a Cuba; la del reconocimiento de la soberanía saharaui; del soporte a toda gestión de paz y desarme, del apoyo a Nicaragua revolucionaria y, sobre todo, la de la iniciativa de Contadora, para equilibrar el desigual duelo bilateral entre Nicaragua agredida y el Imperio. Los países involucrados en Contadora eran cual auxiliares en el ruedo taurino, que hacen el quite, capoteando y distrayendo el embate del toro contra su oponente en apuros. Era ella la época de dar para merecer recibir.
En esa perspectiva, si Panamá había exigido en su momento la ruptura del bilateralismo con los Estados Unidos y logrado que su problema se tratara multilateralmente, con toda lógica, consecuencia y coherencia, la proyección de nuestras relaciones internacionales debería crear un espacio amplio, en el cual lo nacional se vería ampliado fortalecido y perfeccionado en el ámbito regional latinoamericano. ¿Cual es en realidad la actualidad del perfil internacional que propone la dimensión diplomática de nuestro Estado? El silencio ominoso frente a las agresiones contra las poblaciones civiles del Levante; cerrar los ojos ante la vulneración del derecho internacional y la soberanía nacional en Medio Oriente, como en el caso de Irak; la condena prematura y obsecuente de Corea de Norte; el enredar las cosas frente a las iniciativas latinoamericanistas de integración energética; la asistencia a la tan cuestionada toma de posesión de Calderón en México, cuando la mayoría de los mandatarios latinoamericanos se excusó; la participación sistemática en maniobras navales agresivas y el prestar nuestro territorio neutral para las mismas. Todo ello nos devuelve el retrato de una diplomacia embalsamada.
(*)Miembro del Consejo de la Paz.
3.2.4. Continuación de la inversión en telecomunicaciones.
3.2.5. Aprovechamiento al máximo de los productos agro exportables de la República de Panamá.
3.2.6. Recuperación económica de la Zona Libre de Colón.
3.2.7. Desarrollo al máximo de las actividades marítimas conexas al servicio que presta el Canal de Panamá.
3.2.8. Desarrollo de tratados de libre comercio con la mayor cantidad posible de países.
En materia de seguridad jurídica y ciudadana:
3.3.1. Desarrollo de un verdadero concepto de seguridad jurídica y fortalecimiento al máximo de la seguridad ciudadana.
En materia de política exterior:
3.4. Una política exterior que sea el brazo ejecutor de estos propósitos nacionales. Pragmática y enfocada a la solución práctica y creativa de nuestras diferencias internacionales.
En materia de seguridad nacional:
3.5. Desarrollar una política de seguridad nacional, en la que el eje sea la conciencia de nuestra permanencia al mundo occidental y a los intereses occidentales y entender, a partir de ese reconocimiento, quienes son nuestros verdaderos aliados.