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Diplomas…¿a cambio de qué?


EL ESCÁNDALO de los diplomas es hoy un tema obligatorio. Todo lo que se encierra y oculta por parte de las autoridades que, por acción u omisión, han participado activamente para evitar que se sepa la verdad de los hechos, está ocasionando un gravísimo daño a la sociedad panameña toda entera, tenga o no tenga diplomas.
Ello es así, pues las ramificaciones de lo que originalmente se quiso presentar como un caso aislado vemos cómo, gracias a la labor periodística del Panamá América, el mismo tiene dimensiones, extensiones y ramificaciones que alcanzan también a la educación secundaria.
De hecho, fue la propia Secretaria General de la Universidad de Panamá la que, en declaraciones a este diario el día 18 de mayo del corriente, afirmó que había "más de 300 diplomas que fueron elaborados sin que los estudiantes hubiesen cumplido con los requisitos correspondientes". Así consta en el informe rendido por la Comisión que, integrada por tres Decanos, corroboró que la denuncia sobre la falsificación de diplomas navega en un mar de veracidad. Fue también la propia Secretaria General la que remitió una lista de 948 diplomas, que a la postre resultaron ser más de mil, que inexplicablemente reposan en la Secretaría General de la Universidad de Panamá. Fue el propio rector el que organizó una conferencia de prensa para destacar que más de 700 diplomas no habían sido reclamados por sus dueños, lo que convierte a Panamá en un país único, donde la gente estudia cinco o más años en la Universidad y luego no reclama el diploma que le acredita sus estudios de educación superior en un sistema donde vales por lo que tienes y no por lo que eres. ¿Curioso no?
A foja 8 del mismo informe se lee con toda claridad que: "Según diversas declaraciones, autoridades de la Secretaría General ordenaron la elaboración de los dos diplomas a favor del estudiante HUMBERTO ALCAZAR , a sabiendas de que el mismo no había culminado sus estudios y a sabiendas, igualmente, que la Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad no había enviado a las Secretaría General el informe de sustentación de trabajo de graduación o de la alternativa correspondiente, ni tampoco el formulario, debidamente certificado, que la Facultad tiene establecido para dar cumplimiento al procedimiento que señala el acuerdo 3..." De este sólo parrafo, surgen un sinnúmero de interrogantes que, todo parece indicar, se quedarán sin respuestas ante la negligencia de algunos y la corrupción de otros. Y es que la impunidad reinante nos hace pensar: ¿Será que a pocos importa o será que este escabroso tema tiene en vilo a más de una autoridad... que los hace ciegos, sordos y mudos, no por las nefastas consecuencias que traerá a nuestra sociedad, sino porque pudieron verse beneficiado con alguno? O será que, como cada vez es más común ver a quienes ostentan carteras o relojes de marcas falsificadas, hay quienes vean una moda el ostentar un diploma a sabiendas de que es falso. ¿Será que como dice la olvidada canción de Blades, esta es una ciudad de plásticos...?
Claro está este "beneficio" es exclusivo a los allegados del Benemérito. Ellos, los secuestradores de la Universidad, acostumbrados a pasearse en el mar de impunidad que los protege, se niegan a realizar que han caído en el pantano de los diplomas que ya se torna en su triágulo de las Bermudas.
Víctima de la repartición de "espacios políticos", la Universidad de Panamá ha sido obligada a abandonar el mundo académico para permitir así una serie de prácticas dolosas, de comportamientos delictivos, de falsificación, adulteración y destrucción de documentos públicos. ¿Hasta cuándo? Interrogante difícil de contestar, pues todo parece indicar que las mismas estructuras directivas actuales ya se preparan para mantener a la Universidad secuestrada por 5 años más, sin duda para terminar de graduar con procedimientos insólitos al resto de los integrantes de la red que se quedaron vestidos y alborotados.
La "pestilente podredumbre en nuestro sistema educativo", para retomar la expresión de El Pulso de Panamá el pasado martes, está evidenciada por los testarudos hechos. Las pruebas documentales y testimoniales ya están en la mente de todos los integrantes de nuestra sociedad que no se dejan engañar por las falacias de los tartufos.
Un amigo me preguntaba desde el interior del país: "Si los periodistas del Panamá América no denuncian el asunto de la supervisora que vendía diplomas de bachillerato y el taxista sigue cumpliendo los trámites administrativos... ¿Cuál problema habría tenido para obtener un título de esos que la administración García de Paredes confecciona?".
Diplomas... ¿a cambio de qué? No es sólo una interrogante, es también un emplazamiento ahora que tanto se habla de ética y de anticorrupción. Por cierto, la Universidad está más que manchada por la corrupción pero... tampoco pasa nada.

101 años de Panamá América

 
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