Directo al grano
Presido la Fundación Pro Futuro de Panamá y quiero hacer referencia a dos artículos que se publicaron recientemente en esta sección de Opinión, en la que se critican nuestros objetivos. Antes que nada resumo uno de los objetivos de la Fundación:
Meta: Para garantizar nuestra seguridad y combatir el narcotráfico es conveniente el planteamiento del retorno de algún tipo de presencia norteamericana a nuestro territorio.
La Fundación hará todos los esfuerzos por obtener una oferta que sea digna de aceptación para los panameños.
Comentarios sobre el artículo "Propósito aventurado" de mi amigo el Arq. Ricardo Bermúdez: Cuando me he referido al tema, he dicho que habrá quienes no estarán de acuerdo con lo aquí expuesto, pero estoy seguro de representar a las mayorías silenciosas de este país y aquellos que me critiquen, sólo les pido que propongan soluciones concretas orientadas a darle una solución al problema que tenemos en Darién, combatir el narcotráfico, darle a los ciudadanos la seguridad con la cual nos hemos acostumbrado a vivir, mantener el clima necesario para que vengan los turistas y enriquecer nuestra economía atrayendo inversiones. Esto último lo digo con autoridad que me confiere, como hombre de negocios, lidiar frecuentemente con la industria del turismo, con inversionistas locales y extranjeros.
En el artículo del Arq. Bermúdez no se aporta solución o recomendación alguna. Sólo criticas a los objetivos que nos hemos trazado. ¿Cuál es su propuesta? ¿Tenemos los recursos para luchar contra unos guerrilleros que ni el poderoso ejército colombiano ha podido con ellos? Nos preocupa lo que se nos puede venir encima. La infiltración de los colombianos pudiese cambiar el destino de nuestro país y una presencia norteamericana aquí pudiese servir para ahuyentar los peligros que nos amenazan.
Cuando se dice que teniendo presencia norteamericana aquí somos un blanco para los terroristas, quisiera opinar que el Canal puede ser un blanco mientras sirva al mundo civilizado, con o sin los americanos aquí. El terrorismo no tiene fronteras, como lo acaba de demostrar en Bali y Filipinas. Prefiero tener a los americanos cuidando lo nuestro que estar al descubierto.
No estoy de acuerdo con el Arq. Bermúdez cuando dice que al retirarse los norteamericanos de nuestro territorio "juguemos con el futuro y la esperanza de un pueblo que optó, hace ya un buen tiempo, a ser mejores por voluntad propia". Quisiera saber cuándo fue que el pueblo panameño tuvo esa opción o es que un puñado de personas tomó la decisión por todos nosotros. El pueblo jamás ha tenido la oportunidad de opinar sobre el tema. Pareciera que no los tomamos en cuenta.
Fernando Manfredo, a quien no conozco personalmente, pero a quien respeto mucho, escribió un artículo sobre el tema de las áreas revertidas "Las antiguas bases militares, motor de desarrollo nacional".
Mis comentarios sobre ese artículo: En ningún momento la Fundación ha dicho que estamos proponiendo no utilizar las áreas revertidas para sacarle provecho y cambiarlas por bases militares. Proponemos alquilar algunas de esas instalaciones que son diseñadas para lo que son (como Howard, que es una base aérea y no creo que se adapte bien a oficinas gubernamentales) en adición a lo que ya se está haciendo hoy en día con la promoción de las áreas revertidas.
Al final de cuentas, yo me hubiese quedado con las dos cosas: Todo lo que nos revirtieron para explotarlo y sacarle el mayor beneficio económico, y con los americanos con alguna presencia física, cuidándonos el país para que vengan más inversiones, por ejemplo, a estas mismas áreas revertidas. Lo mejor de ambos mundos.
Lo que más nos motiva en la Fundación es el hecho de representar a las mayorías de este país, ofreciendo una solución concreta al gran problema que tenemos tanto en el aspecto económico como el de la seguridad.
Aún así, hay quienes aseguran que en ciertos casos los miembros de la seguridad actúan en contubernio con los vendedores de droga para facilitarles la tarea. Durante los días de observación y en los sitios visitados no se pudo determinar si esto es así.
Era temprano, las 10:00 de la noche y aún no empezaba "la tanda de la ponchera", que en la jerga discotequera se traduce en reggae o "plena". Los ánimos aún no se encendían y la calma reinaba al compás de una que otra salsa y merengue.
Los minutos transcurrían y poco a poco las mesas, curiosamente identificadas con un visible letrero de gran tamaño con la denominación de "reservada", empezaban a escasear, a pesar de que la condición para ocuparlas es la compra de una botella de licor y que para aquellos días, la quincena sonaba distante... lejana. La fecha: un jueves 10 de octubre.
Una visita por un sitio que parece llevar implícito el sello de "sala de reuniones"; el baño de damas, permitió presenciar una conversación que atrajo a cada una de las que entró en ese momento. Cada cual tenía su punto de vista.
"Dayra", de 22 años, como decidimos llamarla de manera ficticia, propició el tema. Mientras se miraba al espejo, presionaba sus senos, uno contra el otro con el consentimiento de la abertura de su blusa que lo sugería sin recato, al tiempo que decía en voz alta: "a veces pienso que tengo muchas, creo que me las debería operar... ¿ustedes qué creen?"...
"No, ni se te ocurra", respondió pronto una vendedora de cajetillas de chicle, estratégicamente ubicada en su silla, a un lado del lavamanos y de una canasta de "propinas". "¿Tú no sabes cuántas quisieran tenerlas así?".
Le siguieron varias jóvenes que entraban por un retoque del labial, después de varios sorbos del trago de su predilección o para verificar que cada cabello estuviera en su sitio. Impecable y regia, ese es el truco.
La noche avanzaba y pasada las 12:00 se hizo el anuncio: "el show está por empezar". Una primera ronda de "shot" de tequila para medir fuerzas, reunió a tres muchachos frente a una mesa en una tarima rodeada de un público considerable, aunque resultó imposible obtener la taquilla a pesar de múltiples esfuerzos. La prueba consistía en calificar su rapidez. Un empate produjo otra ronda. Esta vez fueron tres, pero la situación se repitió. No había jurados. La decisión de quién resultara ganador recayó en los aplausos y gritos de la audiencia que ahora pedía otra vuelta. Finalmente uno se alza con la victoria y se lleva a la mesa una botella de whisky, que esa noche se vendía en B/. 30.00
Ahora les tocaba a ellas. La selección de las participantes era voluntaria, igual que la anterior, pero tardó un poco más. Sólo una subió al instante, "Dayra".
"Que suba, que suba", repetían a coro un grupo de amigos instando a una, pero ella se negó. En medio de la insistencia, otra concursante se enlistó en la aventura.
"Una, dos, tres" y el tequila empezó a correr por sus gargantas. "Dayra" y otra joven se convierten en finalistas, pero empatan a cuatro tragos.
Sus rostros se compungían, sin embargo, levantaban sus brazos indicando: "que siga la cosa". A la segunda etapa se bebieron cuatro tragos más y nada.
El animador del certamen decide entonces que la decisión salomónica se daría según el contorneo de las curvas de "Dayra y su rival", al ritmo de "pica, pa" que piques".
La voluptuosa chica, de cabello rizado a media espalda, que no le teme al licor, demostró que, además de libar, sabía bailar. Sólo bastó la pregunta del animador "ésta o ésta", con sus manos sobre la cabeza de ambas, para que en coro se escuchara "Dayra, Dayra".
Curiosamente el anfitrión del evento se atrevió a preguntarle a la protagonista de nuestra historia, previo al inicio de la reñida competencia: "¿tú mamá sabe que estás aquí?" y ella, muy segura respondió: "sí... claro".
Después de su ardua tarea frente a la barra improvisada, "Daira" no perdió un segundo para moverse incesante en la pista, merengue tras merengue, en una "tanda retro" como la denominó el "dj".
No obstante, uno de los tres participantes que antecedieron al evento de las damas, no corrió la misma suerte. Sentado en una mesa colindante a la pista, luchaba en el borde de una silla por no irse al piso, en el que ya se dejaban ver las primeras muestras de los estragos del alcohol que había salido del estómago por su boca.
Sus amigos luchaban porque no se cayera, pero cada vez la lucha se tornaba más titánica. Al punto que poco después no les quedó más remedio que retirarse de la disco.
Un miembro del equipo de este medio logró infiltrarse en un grupo de jóvenes que tenía planeado divertirse en una de las discotecas.
Un contacto sirvió de puente para llegar al grupo. Una vez en él, se detectó que sus miembros pretendían "entonarse" antes de entrar a la disco, pues allí es difícil introducir droga, debido a que se sabe que hay agentes infiltrados en estos centros, además de que cada cliente es revisado al entrar.
La residencia de uno de los muchachos sirvió de escenario para la "entrada en calor".
De manera indolente, uno de ellos sacó un paquete con marihuana y procedió a confeccionar los cigarrillos de esta droga. Sin más, él y sus amigos la fumaron con placer.
Ese momento fue aprovechado para, sigilosamente, fotografiar la acción con una diminuta cámara digital. Una vez cumplido su cometido, el grupo se dirigió a la discoteca.
Detrás de un ritmo pegajoso, el humo y una noche de fantasía en una discoteca, podría estar el peligro latente. Los jóvenes que hoy día asisten a estos centros nocturnos del país, en lo que menos piensan es que podrían corren un gran peligro, por lo menos en las que pudo visitar El Panamá América.
Y es que la diversión que buscan los jóvenes hoy día debe ir acompañada con la seguridad que garantice la integridad personal en caso de desastre, incendios u otro evento que pueda causar el pánico entre las personas.
Por ejemplo, en el caso de las cuatro visitadas por este medio, sólo una tiene dos puertas, mientras que tres cuentan con una puerta, de dimensiones muy estrechas para la cantidad de gente que las frecuenta. Y lo que es peor: En dos de ellas se accede a sus instalaciones por un estrecho pasillo, y en otra es necesario subir dos pisos por estrechas escaleras.
De llegar a ocurrir algún tipo de emergencia en un local como éstos, habría pánico, y las personas que allí se encuentren embriagadas y en una semi oscuridad no podrían evacuar el local a tiempo.
Generalmente, según pudo constatar este medio, los concurrentes a estos centros de diversión no tienen presente el factor seguridad. Sólo les interesa la diversión y el desenfreno.
Una irregularidad latente dentro de una de las discotecas fue la presencia de tanques de gas para la venta de tacos, a un costado de la pista, sin tener las medidas de seguridad como los extintores.
Unicamente una de ellas tiene un extintor de incendios visible, pese a que en el local en que menos clientes se observó había unas 200 personas. El que presentaba mayor número de clientes era visitado por unas 500 personas.
Por otro lado, internamente existen agentes de seguridad privados que laboran para las discotecas, y esporádicamente se aparecen policías de menores a primeras horas de la madrugada para hacer sus rondas.
Un agente de seguridad de una de las discotecas, que prefirió permanecer en el anonimato, informó que "sí asisten menores de edad a las discotecas", pero por lo general "la competencia", es decir, propietarios de otras discotecas cercanas, denuncian la situación a la policía mediante una simple llamada telefónica.
Según la seguridad de este establecimiento, a pesar de que se solicita la cédula en la entrada, los menores de edad que conocen y tienen algún tipo de confianza en el lugar pueden ingresar, especialmente a los denominados "saraos" universitarios de los viernes.
Una de las noches de la investigación periodística, la Policía de Menores ingresó a una discoteca pasada la media noche, pero no encontró menores de edad, por lo menos dentro del local. Sin embargo, en los alrededores del establecimiento, la policía detuvo a una menor.
Meta: Para garantizar nuestra seguridad y combatir el narcotráfico es conveniente el planteamiento del retorno de algún tipo de presencia norteamericana a nuestro territorio.
Haremos una encuesta en Panamá con una empresa de alto prestigio internacional para ver el nivel de aceptación de la población al posible retorno de la presencia norteamericana a nuestro territorio.
De recibir esta encuesta el alto porcentaje de aceptación esperado, la misma servirá para estimular a ambos gobiernos para nombrar una comisión negociadora que trataría el tema.
Los acuerdos que se alcancen en esta negociación irían a un plebiscito en Panamá, para aprobarlos. Que sea el pueblo panameño quien tome la decisión final. Darle a los panameños la oportunidad de expresar su opinión y decidir su futuro.
La Fundación hará todos los esfuerzos por obtener una oferta que sea digna de aceptación para los panameños.
Comentarios sobre el artículo "Propósito aventurado" de mi amigo el Arq. Ricardo Bermúdez: Cuando me he referido al tema, he dicho que habrá quienes no estarán de acuerdo con lo aquí expuesto, pero estoy seguro de representar a las mayorías silenciosas de este país y aquellos que me critiquen, sólo les pido que propongan soluciones concretas orientadas a darle una solución al problema que tenemos en Darién, combatir el narcotráfico, darle a los ciudadanos la seguridad con la cual nos hemos acostumbrado a vivir, mantener el clima necesario para que vengan los turistas y enriquecer nuestra economía atrayendo inversiones. Esto último lo digo con autoridad que me confiere, como hombre de negocios, lidiar frecuentemente con la industria del turismo, con inversionistas locales y extranjeros.
En el artículo del Arq. Bermúdez no se aporta solución o recomendación alguna. Sólo criticas a los objetivos que nos hemos trazado. ¿Cuál es su propuesta? ¿Tenemos los recursos para luchar contra unos guerrilleros que ni el poderoso ejército colombiano ha podido con ellos? Nos preocupa lo que se nos puede venir encima. La infiltración de los colombianos pudiese cambiar el destino de nuestro país y una presencia norteamericana aquí pudiese servir para ahuyentar los peligros que nos amenazan.
Cuando se dice que teniendo presencia norteamericana aquí somos un blanco para los terroristas, quisiera opinar que el Canal puede ser un blanco mientras sirva al mundo civilizado, con o sin los americanos aquí. El terrorismo no tiene fronteras, como lo acaba de demostrar en Bali y Filipinas. Prefiero tener a los americanos cuidando lo nuestro que estar al descubierto.
No estoy de acuerdo con el Arq. Bermúdez cuando dice que al retirarse los norteamericanos de nuestro territorio "juguemos con el futuro y la esperanza de un pueblo que optó, hace ya un buen tiempo, a ser mejores por voluntad propia". Quisiera saber cuándo fue que el pueblo panameño tuvo esa opción o es que un puñado de personas tomó la decisión por todos nosotros. El pueblo jamás ha tenido la oportunidad de opinar sobre el tema. Pareciera que no los tomamos en cuenta.
Fernando Manfredo, a quien no conozco personalmente, pero a quien respeto mucho, escribió un artículo sobre el tema de las áreas revertidas "Las antiguas bases militares, motor de desarrollo nacional".
Mis comentarios sobre ese artículo: En ningún momento la Fundación ha dicho que estamos proponiendo no utilizar las áreas revertidas para sacarle provecho y cambiarlas por bases militares. Proponemos alquilar algunas de esas instalaciones que son diseñadas para lo que son (como Howard, que es una base aérea y no creo que se adapte bien a oficinas gubernamentales) en adición a lo que ya se está haciendo hoy en día con la promoción de las áreas revertidas.
Al final de cuentas, yo me hubiese quedado con las dos cosas: Todo lo que nos revirtieron para explotarlo y sacarle el mayor beneficio económico, y con los americanos con alguna presencia física, cuidándonos el país para que vengan más inversiones, por ejemplo, a estas mismas áreas revertidas. Lo mejor de ambos mundos.
Lo que más nos motiva en la Fundación es el hecho de representar a las mayorías de este país, ofreciendo una solución concreta al gran problema que tenemos tanto en el aspecto económico como el de la seguridad.
Aún así, hay quienes aseguran que en ciertos casos los miembros de la seguridad actúan en contubernio con los vendedores de droga para facilitarles la tarea. Durante los días de observación y en los sitios visitados no se pudo determinar si esto es así.
Era temprano, las 10:00 de la noche y aún no empezaba "la tanda de la ponchera", que en la jerga discotequera se traduce en reggae o "plena". Los ánimos aún no se encendían y la calma reinaba al compás de una que otra salsa y merengue.
Los minutos transcurrían y poco a poco las mesas, curiosamente identificadas con un visible letrero de gran tamaño con la denominación de "reservada", empezaban a escasear, a pesar de que la condición para ocuparlas es la compra de una botella de licor y que para aquellos días, la quincena sonaba distante... lejana. La fecha: un jueves 10 de octubre.
Una visita por un sitio que parece llevar implícito el sello de "sala de reuniones"; el baño de damas, permitió presenciar una conversación que atrajo a cada una de las que entró en ese momento. Cada cual tenía su punto de vista.
"Dayra", de 22 años, como decidimos llamarla de manera ficticia, propició el tema. Mientras se miraba al espejo, presionaba sus senos, uno contra el otro con el consentimiento de la abertura de su blusa que lo sugería sin recato, al tiempo que decía en voz alta: "a veces pienso que tengo muchas, creo que me las debería operar... ¿ustedes qué creen?"...
"No, ni se te ocurra", respondió pronto una vendedora de cajetillas de chicle, estratégicamente ubicada en su silla, a un lado del lavamanos y de una canasta de "propinas". "¿Tú no sabes cuántas quisieran tenerlas así?".
Le siguieron varias jóvenes que entraban por un retoque del labial, después de varios sorbos del trago de su predilección o para verificar que cada cabello estuviera en su sitio. Impecable y regia, ese es el truco.
La noche avanzaba y pasada las 12:00 se hizo el anuncio: "el show está por empezar". Una primera ronda de "shot" de tequila para medir fuerzas, reunió a tres muchachos frente a una mesa en una tarima rodeada de un público considerable, aunque resultó imposible obtener la taquilla a pesar de múltiples esfuerzos. La prueba consistía en calificar su rapidez. Un empate produjo otra ronda. Esta vez fueron tres, pero la situación se repitió. No había jurados. La decisión de quién resultara ganador recayó en los aplausos y gritos de la audiencia que ahora pedía otra vuelta. Finalmente uno se alza con la victoria y se lleva a la mesa una botella de whisky, que esa noche se vendía en B/. 30.00
Ahora les tocaba a ellas. La selección de las participantes era voluntaria, igual que la anterior, pero tardó un poco más. Sólo una subió al instante, "Dayra".
"Que suba, que suba", repetían a coro un grupo de amigos instando a una, pero ella se negó. En medio de la insistencia, otra concursante se enlistó en la aventura.
"Una, dos, tres" y el tequila empezó a correr por sus gargantas. "Dayra" y otra joven se convierten en finalistas, pero empatan a cuatro tragos.
Sus rostros se compungían, sin embargo, levantaban sus brazos indicando: "que siga la cosa". A la segunda etapa se bebieron cuatro tragos más y nada.
El animador del certamen decide entonces que la decisión salomónica se daría según el contorneo de las curvas de "Dayra y su rival", al ritmo de "pica, pa" que piques".
La voluptuosa chica, de cabello rizado a media espalda, que no le teme al licor, demostró que, además de libar, sabía bailar. Sólo bastó la pregunta del animador "ésta o ésta", con sus manos sobre la cabeza de ambas, para que en coro se escuchara "Dayra, Dayra".
Curiosamente el anfitrión del evento se atrevió a preguntarle a la protagonista de nuestra historia, previo al inicio de la reñida competencia: "¿tú mamá sabe que estás aquí?" y ella, muy segura respondió: "sí... claro".
Después de su ardua tarea frente a la barra improvisada, "Daira" no perdió un segundo para moverse incesante en la pista, merengue tras merengue, en una "tanda retro" como la denominó el "dj".
No obstante, uno de los tres participantes que antecedieron al evento de las damas, no corrió la misma suerte. Sentado en una mesa colindante a la pista, luchaba en el borde de una silla por no irse al piso, en el que ya se dejaban ver las primeras muestras de los estragos del alcohol que había salido del estómago por su boca.
Sus amigos luchaban porque no se cayera, pero cada vez la lucha se tornaba más titánica. Al punto que poco después no les quedó más remedio que retirarse de la disco.
Un miembro del equipo de este medio logró infiltrarse en un grupo de jóvenes que tenía planeado divertirse en una de las discotecas.
Un contacto sirvió de puente para llegar al grupo. Una vez en él, se detectó que sus miembros pretendían "entonarse" antes de entrar a la disco, pues allí es difícil introducir droga, debido a que se sabe que hay agentes infiltrados en estos centros, además de que cada cliente es revisado al entrar.
La residencia de uno de los muchachos sirvió de escenario para la "entrada en calor".
De manera indolente, uno de ellos sacó un paquete con marihuana y procedió a confeccionar los cigarrillos de esta droga. Sin más, él y sus amigos la fumaron con placer.
Ese momento fue aprovechado para, sigilosamente, fotografiar la acción con una diminuta cámara digital. Una vez cumplido su cometido, el grupo se dirigió a la discoteca.
Detrás de un ritmo pegajoso, el humo y una noche de fantasía en una discoteca, podría estar el peligro latente. Los jóvenes que hoy día asisten a estos centros nocturnos del país, en lo que menos piensan es que podrían corren un gran peligro, por lo menos en las que pudo visitar El Panamá América.
Y es que la diversión que buscan los jóvenes hoy día debe ir acompañada con la seguridad que garantice la integridad personal en caso de desastre, incendios u otro evento que pueda causar el pánico entre las personas.
Por ejemplo, en el caso de las cuatro visitadas por este medio, sólo una tiene dos puertas, mientras que tres cuentan con una puerta, de dimensiones muy estrechas para la cantidad de gente que las frecuenta. Y lo que es peor: En dos de ellas se accede a sus instalaciones por un estrecho pasillo, y en otra es necesario subir dos pisos por estrechas escaleras.
De llegar a ocurrir algún tipo de emergencia en un local como éstos, habría pánico, y las personas que allí se encuentren embriagadas y en una semi oscuridad no podrían evacuar el local a tiempo.
Generalmente, según pudo constatar este medio, los concurrentes a estos centros de diversión no tienen presente el factor seguridad. Sólo les interesa la diversión y el desenfreno.
Una irregularidad latente dentro de una de las discotecas fue la presencia de tanques de gas para la venta de tacos, a un costado de la pista, sin tener las medidas de seguridad como los extintores.
Unicamente una de ellas tiene un extintor de incendios visible, pese a que en el local en que menos clientes se observó había unas 200 personas. El que presentaba mayor número de clientes era visitado por unas 500 personas.
Por otro lado, internamente existen agentes de seguridad privados que laboran para las discotecas, y esporádicamente se aparecen policías de menores a primeras horas de la madrugada para hacer sus rondas.
Un agente de seguridad de una de las discotecas, que prefirió permanecer en el anonimato, informó que "sí asisten menores de edad a las discotecas", pero por lo general "la competencia", es decir, propietarios de otras discotecas cercanas, denuncian la situación a la policía mediante una simple llamada telefónica.
Según la seguridad de este establecimiento, a pesar de que se solicita la cédula en la entrada, los menores de edad que conocen y tienen algún tipo de confianza en el lugar pueden ingresar, especialmente a los denominados "saraos" universitarios de los viernes.
Una de las noches de la investigación periodística, la Policía de Menores ingresó a una discoteca pasada la media noche, pero no encontró menores de edad, por lo menos dentro del local. Sin embargo, en los alrededores del establecimiento, la policía detuvo a una menor.