Discriminación
En mi diccionario el titular se describe como separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad, generalmente por motivos raciales, religiosos, políticos o económicos. Quiero referirme a la discriminación racial. Esta corroe el alma y mancilla la integridad del hombre. Yo conozco sus efectos. Aprendí a vivir con ella, porque mis padres me enseñaron a convivir a pesar de los estragos de la misma.
Por muchos años la familia vivió en Calle Seis y Ave. Herrera de la ciudad de Colón. Crecí a la par de los Mena, los Góndola y los Murillo, todos de tez morena y nunca me pareció que fuesen menos que yo y en esa avenida patinábamos todos agarrados de las manos.
En la ex zona del Canal se vivía y respiraba diferente. Los letreros en inglés me confundían: " No loitering ", " No traspassing " etc. Hasta en el cementerio había discriminación. Los morenos en un sector ; los gringos en otro. No se podía entrar por la puerta principal. Los panameños teníamos que usar la puerta trasera. Las frutas que producían los árboles de ese cementerio denominado "Monte de la Esperanza" eran prohibidas para los panameños. En una ocasión una hermana mía se subió a un árbol de guayaba y un inspector (Sí señor, No señor) llamó a la policía "zoneíta". Mi abuela tuvo que defenderla como pudo y el caso fue a la Corte pero la "viejita" Gertrudis Madrid llevó a sus abogados y a su gente y todo quedó en nada.
Después de este suceso a duras penas nos arrimábamos a un árbol de ese único cementerio en Colón en esa época. En la Academia Santa María también hubo discriminación racial. Pasaron muchos años antes de que admitieran a una morenita y la primera que aceptaron parecía una "pasita en un helado de pura crema de vainilla". A los once años me inscribieron en el IPA y ahí volví a respirar la integración a que estaba acostumbrada en Calle Seis y Ave. Herrera. Todas las razas convivimos en ese colegio como hermanos, mientras en otros colegios de la capital se hablaba del tema pero no lo practicaban.
Yo no quiero pensar que en Panamá todavía tenemos discriminación racial. Creo que cualquier negocio de discoteca, que considero público. no debe bajo ningún pretexto practicar lo que tanto criticamos de los "zoneítas". El color de la piel no hace más digna a una persona, pero sí sus costumbres. No la hace menos inteligente, ni menos educada. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y ante él todos somos iguales.
Por muchos años la familia vivió en Calle Seis y Ave. Herrera de la ciudad de Colón. Crecí a la par de los Mena, los Góndola y los Murillo, todos de tez morena y nunca me pareció que fuesen menos que yo y en esa avenida patinábamos todos agarrados de las manos.
En la ex zona del Canal se vivía y respiraba diferente. Los letreros en inglés me confundían: " No loitering ", " No traspassing " etc. Hasta en el cementerio había discriminación. Los morenos en un sector ; los gringos en otro. No se podía entrar por la puerta principal. Los panameños teníamos que usar la puerta trasera. Las frutas que producían los árboles de ese cementerio denominado "Monte de la Esperanza" eran prohibidas para los panameños. En una ocasión una hermana mía se subió a un árbol de guayaba y un inspector (Sí señor, No señor) llamó a la policía "zoneíta". Mi abuela tuvo que defenderla como pudo y el caso fue a la Corte pero la "viejita" Gertrudis Madrid llevó a sus abogados y a su gente y todo quedó en nada.
Después de este suceso a duras penas nos arrimábamos a un árbol de ese único cementerio en Colón en esa época. En la Academia Santa María también hubo discriminación racial. Pasaron muchos años antes de que admitieran a una morenita y la primera que aceptaron parecía una "pasita en un helado de pura crema de vainilla". A los once años me inscribieron en el IPA y ahí volví a respirar la integración a que estaba acostumbrada en Calle Seis y Ave. Herrera. Todas las razas convivimos en ese colegio como hermanos, mientras en otros colegios de la capital se hablaba del tema pero no lo practicaban.
Yo no quiero pensar que en Panamá todavía tenemos discriminación racial. Creo que cualquier negocio de discoteca, que considero público. no debe bajo ningún pretexto practicar lo que tanto criticamos de los "zoneítas". El color de la piel no hace más digna a una persona, pero sí sus costumbres. No la hace menos inteligente, ni menos educada. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y ante él todos somos iguales.