Discurso a 500 días de la reversión del Canal
El de ayer no fue un discurso más del Presidente Ernesto Pérez Balladares, fue una mesurada intervención sobre su obra de gobierno, aprovechando el solemne hecho de que estamos a sólo 500 días de la reversión del Canal.
El que tan sólo una décima parte de su análisis estuviera dedicado realmente al tema canalero, apoya nuestro aserto. Lució más bien un discurso de cierre de campaña por quien siente que la suerte está echada.
Entre líneas se advierte que se siente orgulloso de su administración, a la vez de estar consciente de que, a juzgar por todas las encuestas, ella constituye su principal y quizás único argumento para reelegirse.
Pesan en su contra serios inconvenientes, la mayoría vinculados a la incipiente democracia nuestra, con estructuras constitucionales ausentes de contrapesos frente a un Ejecutivo omnipotente sólo limitado por la duración del mandato presidencial y por la prohibición de reelegirse inmediatamente.
Sobre su obra, defendió las duras medidas económicas que tienen agonizante a nuestro agro. Plantea que ese fue parte del precio a pagar para evitar que la economía entera colapsara a la vuelta de cinco o seis años. Sobre este particular, siempre hemos cuestionado la ausencia de gradualidad en la apertura, de la que no hizo uso pese haber sido conseguida en las duras negociaciones para la incorporación de Panamá a la OMC.
Describió asimismo su estrategia de dejar que la economía del país y la creación de nuevos empleos descanse en la iniciativa privada. Así, dijo, ha logrado reducir el desempleo a 12%, el más bajo desde 1987. Ese porcentaje empero, sigue siendo alto, a más de no responder a las acusaciones de incluir el subempleo entre los 56 mil nuevos puestos de trabajo que alega haberse incrementado desde el 1 de septiembre de 1994.
Destaca su trabajo en la privatización, del cual recuerda, se ha creado un fondo cuyos intereses se invierten en obras sociales. Dice haber gastado a lo largo de su gestión 5.4 millones de balboas en ese rubro, pero el hecho es que no se siente, con una pobreza que supera el 40%.
Sobre el Canal menciona la ley que crea la Autoridad que regirá sus destinos, el nombramiento de su directiva, la presencia de un administrador panameño y la aprobación de un reglamento de funcionamiento. Omite sin embargo su potencial politización, de lo cual él inyectó sus primeros gérmenes. Y omite asimismo el haber colocado la transición en la difícil encrucijada de tener lugar en un país profundamente dividido por su sola pretensión de reelegirse.
El que tan sólo una décima parte de su análisis estuviera dedicado realmente al tema canalero, apoya nuestro aserto. Lució más bien un discurso de cierre de campaña por quien siente que la suerte está echada.
Entre líneas se advierte que se siente orgulloso de su administración, a la vez de estar consciente de que, a juzgar por todas las encuestas, ella constituye su principal y quizás único argumento para reelegirse.
Pesan en su contra serios inconvenientes, la mayoría vinculados a la incipiente democracia nuestra, con estructuras constitucionales ausentes de contrapesos frente a un Ejecutivo omnipotente sólo limitado por la duración del mandato presidencial y por la prohibición de reelegirse inmediatamente.
Sobre su obra, defendió las duras medidas económicas que tienen agonizante a nuestro agro. Plantea que ese fue parte del precio a pagar para evitar que la economía entera colapsara a la vuelta de cinco o seis años. Sobre este particular, siempre hemos cuestionado la ausencia de gradualidad en la apertura, de la que no hizo uso pese haber sido conseguida en las duras negociaciones para la incorporación de Panamá a la OMC.
Describió asimismo su estrategia de dejar que la economía del país y la creación de nuevos empleos descanse en la iniciativa privada. Así, dijo, ha logrado reducir el desempleo a 12%, el más bajo desde 1987. Ese porcentaje empero, sigue siendo alto, a más de no responder a las acusaciones de incluir el subempleo entre los 56 mil nuevos puestos de trabajo que alega haberse incrementado desde el 1 de septiembre de 1994.
Destaca su trabajo en la privatización, del cual recuerda, se ha creado un fondo cuyos intereses se invierten en obras sociales. Dice haber gastado a lo largo de su gestión 5.4 millones de balboas en ese rubro, pero el hecho es que no se siente, con una pobreza que supera el 40%.
Sobre el Canal menciona la ley que crea la Autoridad que regirá sus destinos, el nombramiento de su directiva, la presencia de un administrador panameño y la aprobación de un reglamento de funcionamiento. Omite sin embargo su potencial politización, de lo cual él inyectó sus primeros gérmenes. Y omite asimismo el haber colocado la transición en la difícil encrucijada de tener lugar en un país profundamente dividido por su sola pretensión de reelegirse.