Discusión sobre la homosexualidad
La palabra homosexual se deriva del prefijo griego "homios" que significa "igual"; por consiguiente, la palabra homosexualidad designa la tendencia o la atracción sexual entre personas del mismo sexo. Las teorías que intentan explicarla siguen siendo múltiples e incluyen las que enfatizan el componente genético o las que consideran cruciales las influencias tempranas en la formación de la identidad sexual; pero como ocurre con otros problemas complejos, es más lo que ignoramos que lo que sabemos, sobre todo, porque la carga de mitos y prejuicios hace difícil el análisis objetivo -científico y moral- de este tema.
Sabemos que la homosexualidad no es una enfermedad y desde hace varios años la Organización Mundial de la Salud, la Asociación Médica Norteamericana, las Sociedades de Psiquiatría y Sicología de Estados Unidos y de casi todo el mundo la han eliminado de la lista de patologías reconocidas como trastornos de salud mental.
La homosexualidad tampoco es un delito de acuerdo a las normas legales vigentes. En nuestro Código Penal queda claro que los delitos sexuales pueden ser cometidos por hombres o mujeres, homosexuales o heterosexuales, y las estadísticas muestran que son los heterosexuales los que cometen la inmensa mayoría de los delitos cuyo incremento debe ser motivo de seria preocupación, como son las violaciones carnales, el estupro, los actos libidinosos y los abusos sexuales contra menores.
La homosexualidad masculina ha sido una práctica antiquísima que se remonta al mundo grecorromano y que ha existido de manera más o menos visible en todas las sociedades y, de manera particular, en los sitios donde se ha excluido la presencia de las mujeres, como las cárceles.
La homosexualidad en sí tampoco es un pecado, tal que lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica que dice textualmente: "Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, toda discriminación injusta". El mismo Catecismo señala que las prácticas homosexuales constituyen un pecado grave, pero también califica como equivalente en gravedad el adulterio y todas las relaciones sexuales fuera del matrimonio, sin que esta valoración moral produzca el mismo desasosiego y rechazo.
Las preferencias sexuales no pueden constituirse en fuente de discriminación y violación de derechos fundamentales y quienes ejercen puestos de autoridad civil o religiosa, si quieren ser escuchados con respeto, deben abstenerse de frases ofensivas indignas de las posiciones que ocupan.