Dislates gringos y atrocidades cubanas
En estos días estuve observando detenidamente la evolución del proceso electoral gringo consciente que podemos aprender mucho de lo bueno y lo malo del mismo. Ya he señalado que este proceso nos enseña que los norteños luchan denodadamente por refinar su democracia, sin lavar su ropa sucia en público.
Es evidente que los políticos son iguales en todos lados. Su primer objetivo es alcanzar el poder y con frecuencia se olvidan de intereses patrióticos. Me llamó especialmente la atención la demostración violenta de nada menos que los partidarios republicanos, supuestos conservadores por excelencia, que parece que intimidó a la junta examinadora de votos (canvassing board) del condado de Miami-Dade, pues a los pocos minutos cambió de parecer, por cuarta vez, y decidió no continuar con el recuento de votos alegando que no podían cumplir su obligación para la fecha límite del 26 de noviembre fijada por la Corte Suprema de Florida. Este cuasimotín republicano, que estoy seguro que muchos ciudadanos gringos nunca pensaron que ocurriría en su democracia, me recordó los motines y tranques tan frecuentes en nuestro medio.
Casi simultáneamente, un añejo dictador barbudo fue condecorado por nuestra más alta casa de estudio. Aplaudo el valiente escrito del profesor Alberto Osorio que calificó como dislate esta acción (ver El Panamá América, 22/11/00, pág. A8). Por mi parte pensé en la entrada armada de los guardaespaldas insulares al campus de nuestra universidad y la cotejé con la violación de la autonomía universitaria de reciente data. Recordé también, entre muchas cosas, la ayuda que el dictador de marras dio a Torrijos para que no apresaran a su hermano en EE.UU. por presuntas narcorazones.
Igual, la mediación que ofreció el barbudo para ayudar a "cara-de-piña" en sus narcoproblemas. Al leer un informe de que el barbudo trajo su propio carro blindado y un helicóptero pensé, lo mismo que critico aquí, en el derroche de dineros del pueblo que significan estos artefactos y las carencias que causan a los proletarios insulares. Desde los tiempos de avión y helicóptero presidenciales, que continúan, hasta la era de los Cadillac, criticamos la aparente carencia de empatía por nuestros desposeídos.
Al homenaje "armado" ya mencionado, asistieron algunos de nuestros dirigentes locales. Me pregunté si ellos podrían organizar tranques y huelgas, con razón o sin ella, en la tierra de su admirado dictador cubano. De hacerlo recibirían palo, cárcel y cuidado que el paredón. Estoy seguro que estos pensamientos atiborrarán la mente de los centenares de miles de panameños cuando sufrimos los alegres tranques de nuestros filosocialistas.
Existen pruebas de que siempre critico a los gringos por las injusticias que cometen contra nosotros los panameños. Y también en otras latitudes.
Sin embargo, a pesar del increíble espectáculo que estamos observando en los actuales comicios norteamericanos, no es difícil llegar a la conclusión de que es mejor "...la bota gringa a la alpargata guajira". Y digo esto pensando en los pobres de allá, de acá, y de todas partes.
Por las mismas razones, a principios de la presidencia mireyista sugerí que se vendieran avión y helicóptero, se rebajaran los altos salarios del funcionariado, entre otras cosas, y se utilizaran los dineros del "fondo secreto" para limpiar calles y alcantarillas y darle empleo, aunque fuera temporal, a los que lo necesitan. Por supuesto, a los que no se la pasan organizando motines y tranques en el típico juega-vivo que, debemos saber, no es exclusivo de los panameños. Ahí lo dejamos, para lo que valga.
Es evidente que los políticos son iguales en todos lados. Su primer objetivo es alcanzar el poder y con frecuencia se olvidan de intereses patrióticos. Me llamó especialmente la atención la demostración violenta de nada menos que los partidarios republicanos, supuestos conservadores por excelencia, que parece que intimidó a la junta examinadora de votos (canvassing board) del condado de Miami-Dade, pues a los pocos minutos cambió de parecer, por cuarta vez, y decidió no continuar con el recuento de votos alegando que no podían cumplir su obligación para la fecha límite del 26 de noviembre fijada por la Corte Suprema de Florida. Este cuasimotín republicano, que estoy seguro que muchos ciudadanos gringos nunca pensaron que ocurriría en su democracia, me recordó los motines y tranques tan frecuentes en nuestro medio.
Casi simultáneamente, un añejo dictador barbudo fue condecorado por nuestra más alta casa de estudio. Aplaudo el valiente escrito del profesor Alberto Osorio que calificó como dislate esta acción (ver El Panamá América, 22/11/00, pág. A8). Por mi parte pensé en la entrada armada de los guardaespaldas insulares al campus de nuestra universidad y la cotejé con la violación de la autonomía universitaria de reciente data. Recordé también, entre muchas cosas, la ayuda que el dictador de marras dio a Torrijos para que no apresaran a su hermano en EE.UU. por presuntas narcorazones.
Igual, la mediación que ofreció el barbudo para ayudar a "cara-de-piña" en sus narcoproblemas. Al leer un informe de que el barbudo trajo su propio carro blindado y un helicóptero pensé, lo mismo que critico aquí, en el derroche de dineros del pueblo que significan estos artefactos y las carencias que causan a los proletarios insulares. Desde los tiempos de avión y helicóptero presidenciales, que continúan, hasta la era de los Cadillac, criticamos la aparente carencia de empatía por nuestros desposeídos.
Al homenaje "armado" ya mencionado, asistieron algunos de nuestros dirigentes locales. Me pregunté si ellos podrían organizar tranques y huelgas, con razón o sin ella, en la tierra de su admirado dictador cubano. De hacerlo recibirían palo, cárcel y cuidado que el paredón. Estoy seguro que estos pensamientos atiborrarán la mente de los centenares de miles de panameños cuando sufrimos los alegres tranques de nuestros filosocialistas.
Existen pruebas de que siempre critico a los gringos por las injusticias que cometen contra nosotros los panameños. Y también en otras latitudes.
Sin embargo, a pesar del increíble espectáculo que estamos observando en los actuales comicios norteamericanos, no es difícil llegar a la conclusión de que es mejor "...la bota gringa a la alpargata guajira". Y digo esto pensando en los pobres de allá, de acá, y de todas partes.
Por las mismas razones, a principios de la presidencia mireyista sugerí que se vendieran avión y helicóptero, se rebajaran los altos salarios del funcionariado, entre otras cosas, y se utilizaran los dineros del "fondo secreto" para limpiar calles y alcantarillas y darle empleo, aunque fuera temporal, a los que lo necesitan. Por supuesto, a los que no se la pasan organizando motines y tranques en el típico juega-vivo que, debemos saber, no es exclusivo de los panameños. Ahí lo dejamos, para lo que valga.