Disparatorio sobre la hipocresía
El tema de la hipocresía lo resume bien Heinrich Heine en un poema: "en público predican agua, a escondidas toman vino". Quienes mejor manejan las fronteras difusas entre la mentira y la hipocresía son los diplomáticos (los de verdad, los que hacen carrera y aprenden a decir sin decir y, más que eso, creen que están diciendo algo). Otros quienes lo logran a medias son los hijos ilegítimos del mundo diplomático: los políticos partidistas.
Pero el fingimiento no es exclusivo de la alta y la baja política. Es un virus que cunde. Tú y yo estamos infectados. Los curas. Los abogados. Los médicos. Los sindicalistas. El taxista. Todos. Juzgamos que el disimulo es tan importante, que ideamos reglas de urbanidad y buenas costumbres, producto de una conveniencia táctica, porque pensamos que así la sociedad no colapsará mordiéndose la cola.
Jimmy Swagart, predicador de las iglesias electrónicas, predicaba contra la sexualidad pero se le pilló gozando en lupanares y su imperio se vino abajo. Casi el mismo mes, un cardenal católico de París murió feliz una madrugada en una casa de putas de esa capital, causando en Francia nada más que risa. Hoy, en Norteamérica y en otras partes, el problema es con un delito mucho más grave, el de la pederastia, cometido por clérigos. Son hipócritas: en público predican agua y a escondidas beben vino.
En estos días en Panamá mucha gente ha dicho muchas mentiras. Y otros las hemos vivido. Acostumbrados a ellas, ya son parte del entorno, como el ruido y la basura. Desde mi ejercicio intelectual de sillón pienso que todos somos libres de decir lo que consideramos nuestra verdad; pero neguémonos a renunciar a la libertad de dudar, y tratemos de mirar qué tiene cada cual en su copa: agua o vino.
2) Tanto Venezuela como Guatemala, "al cedernos la vía", dejaron en el camino una aspiración que les costó mucho dinero y esfuerzo promocionar. Quisiera pensar que sus renuncias fueron un acto de puro desprendimiento, pero me cuesta creerlo; normalmente, las cosas no ocurren así en el mundo de las relaciones internacionales. Con el tiempo nos enteraremos como se condimentó el cocido; pero, tal vez, fuera oportuno que nuestros gobernantes, que nos han dado muchas razones para no confiar en ellos, se adelantaran y nos dijeran que hubo detrás del telón.
3) Si no nos costó a la entrada, si nos costará durante la función y también a la salida, especialmente si, como parece, por la euforia, excesiva a mi juicio, que han desplegado los gobernantes de turno, éstos se vuelven locos y se comportan como los despilfarradores que siempre han sido. La primera muestra son los viajes que ya se montaron para expresar, de presidente a presidente y de "pupila a pupila", nuestra gratitud a Guatemala y a Venezuela. Esos desplazamientos, por el séquito con que seguramente se adornará el Sr. Torrijos y las otras "cosas que chorrean", costarán dineros que hacen falta para atender necesidades urgentes dentro del país. Unas llamadas telefónicas personales y unas notas diplomáticas bien redactadas hubieran sido suficientes. Además, no creo que los mandatarios de esos países hayan pedido que una comitiva, encabezada por el Jefe del Ejecutivo panameño, viaje para darles las gracias personalmente.
4) En ese mismo orden, también sería desproporcionado y costoso que la representación en el Consejo de Seguridad, que sólo durará dos años, se utilice como pretexto para aumentar, más allá de lo estrictamente necesario, la planilla de la Cancillería y de la Misión Permanente en la ONU o como justificación para frecuentes viajes por todos los países de América Latina y el Caribe, so pretexto, de realizar consultas o "para pulsar" el sentir de las cancillerías.
5) El señor que ocupa el Palacio de las Garzas, entre otros excesos, se ha caracterizado por el boato y el despilfarro. Prueba de ello es su decisión de gastarse varios millones de dólares en remodelaciones de la sede presidencial, mientras muchas escuelas se caen a pedazo o se alumbran con "guarichas". Ya hay rumores de que se piensa reeditar la reunión del Consejo de Seguridad que se realizó en nuestro país, cuando luchábamos por recuperar el Canal; entonces se justificaba, pero no ahora. Bastante nos costará ya hospedar la Asamblea de la OEA, dizque para celebrar, en el 2007, el trigésimo aniversario de la firma de los tratados Torrijos-Carter.
Por todas esas razones, reitero: Es una distinción integrar el Consejo de Seguridad; pero tiene sus bemoles.
Por supuesto, respetuoso del Estado de Derecho, reconozco en el más alto tribunal de justicia panameño, la prerrogativa y la obligación constitucional de dar la última palabra sobre este tema.
"José Solís: "Las fiestas patrias las disfruté en familia, porque se trata de una celebración donde todos deben compartir. Los desfiles los vi por televisión".
Sonia Trotman: "Desfilé todos los días, por deber, pues trabajo en una escuela. Después, viajé a visitar a mis familiares en el interior".
Faustino Quirós: "Tenía esos días libres, por lo que me quedé en casa descansando, pero también aproveché para realizar algunas reparaciones en mi casa".
Manuel Núñez: "Aunque me gustan los desfiles, aproveché estos días libres para descansar del trabajo diario, por lo que opté por quedarme en casa".
Teodolinda de Núñez: "En estos días patrios me fui al interior a visitar a mis familiares, lejos de todo el bullicio que traen estas celebraciones".
Pero el fingimiento no es exclusivo de la alta y la baja política. Es un virus que cunde. Tú y yo estamos infectados. Los curas. Los abogados. Los médicos. Los sindicalistas. El taxista. Todos. Juzgamos que el disimulo es tan importante, que ideamos reglas de urbanidad y buenas costumbres, producto de una conveniencia táctica, porque pensamos que así la sociedad no colapsará mordiéndose la cola.
Jimmy Swagart, predicador de las iglesias electrónicas, predicaba contra la sexualidad pero se le pilló gozando en lupanares y su imperio se vino abajo. Casi el mismo mes, un cardenal católico de París murió feliz una madrugada en una casa de putas de esa capital, causando en Francia nada más que risa. Hoy, en Norteamérica y en otras partes, el problema es con un delito mucho más grave, el de la pederastia, cometido por clérigos. Son hipócritas: en público predican agua y a escondidas beben vino.
En estos días en Panamá mucha gente ha dicho muchas mentiras. Y otros las hemos vivido. Acostumbrados a ellas, ya son parte del entorno, como el ruido y la basura. Desde mi ejercicio intelectual de sillón pienso que todos somos libres de decir lo que consideramos nuestra verdad; pero neguémonos a renunciar a la libertad de dudar, y tratemos de mirar qué tiene cada cual en su copa: agua o vino.
2) Tanto Venezuela como Guatemala, "al cedernos la vía", dejaron en el camino una aspiración que les costó mucho dinero y esfuerzo promocionar. Quisiera pensar que sus renuncias fueron un acto de puro desprendimiento, pero me cuesta creerlo; normalmente, las cosas no ocurren así en el mundo de las relaciones internacionales. Con el tiempo nos enteraremos como se condimentó el cocido; pero, tal vez, fuera oportuno que nuestros gobernantes, que nos han dado muchas razones para no confiar en ellos, se adelantaran y nos dijeran que hubo detrás del telón.
3) Si no nos costó a la entrada, si nos costará durante la función y también a la salida, especialmente si, como parece, por la euforia, excesiva a mi juicio, que han desplegado los gobernantes de turno, éstos se vuelven locos y se comportan como los despilfarradores que siempre han sido. La primera muestra son los viajes que ya se montaron para expresar, de presidente a presidente y de "pupila a pupila", nuestra gratitud a Guatemala y a Venezuela. Esos desplazamientos, por el séquito con que seguramente se adornará el Sr. Torrijos y las otras "cosas que chorrean", costarán dineros que hacen falta para atender necesidades urgentes dentro del país. Unas llamadas telefónicas personales y unas notas diplomáticas bien redactadas hubieran sido suficientes. Además, no creo que los mandatarios de esos países hayan pedido que una comitiva, encabezada por el Jefe del Ejecutivo panameño, viaje para darles las gracias personalmente.
4) En ese mismo orden, también sería desproporcionado y costoso que la representación en el Consejo de Seguridad, que sólo durará dos años, se utilice como pretexto para aumentar, más allá de lo estrictamente necesario, la planilla de la Cancillería y de la Misión Permanente en la ONU o como justificación para frecuentes viajes por todos los países de América Latina y el Caribe, so pretexto, de realizar consultas o "para pulsar" el sentir de las cancillerías.
5) El señor que ocupa el Palacio de las Garzas, entre otros excesos, se ha caracterizado por el boato y el despilfarro. Prueba de ello es su decisión de gastarse varios millones de dólares en remodelaciones de la sede presidencial, mientras muchas escuelas se caen a pedazo o se alumbran con "guarichas". Ya hay rumores de que se piensa reeditar la reunión del Consejo de Seguridad que se realizó en nuestro país, cuando luchábamos por recuperar el Canal; entonces se justificaba, pero no ahora. Bastante nos costará ya hospedar la Asamblea de la OEA, dizque para celebrar, en el 2007, el trigésimo aniversario de la firma de los tratados Torrijos-Carter.
Por todas esas razones, reitero: Es una distinción integrar el Consejo de Seguridad; pero tiene sus bemoles.
Por supuesto, respetuoso del Estado de Derecho, reconozco en el más alto tribunal de justicia panameño, la prerrogativa y la obligación constitucional de dar la última palabra sobre este tema.
"José Solís: "Las fiestas patrias las disfruté en familia, porque se trata de una celebración donde todos deben compartir. Los desfiles los vi por televisión".
Sonia Trotman: "Desfilé todos los días, por deber, pues trabajo en una escuela. Después, viajé a visitar a mis familiares en el interior".
Faustino Quirós: "Tenía esos días libres, por lo que me quedé en casa descansando, pero también aproveché para realizar algunas reparaciones en mi casa".
Manuel Núñez: "Aunque me gustan los desfiles, aproveché estos días libres para descansar del trabajo diario, por lo que opté por quedarme en casa".
Teodolinda de Núñez: "En estos días patrios me fui al interior a visitar a mis familiares, lejos de todo el bullicio que traen estas celebraciones".