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Disponible


Si hay una cualidad que es apreciada en el mundo de la vida de los religiosos es la disponibilidad. Es necesaria esa cualidad, ya que en el apostolado y los que se dedican a él, es necesaria la movilidad. No somos inamovibles, aun cuando de hecho muchos se afincan de tal manera que resultan intocables, y eso, tarde o temprano, redunda en ineficiencia o en disminución del fruto que se persigue.

Ejemplo de disponibilidad, Arturo Martínez González (H-AMG), Hermano Cristiano, Hermano de La Salle, miembro de la Congregación de Religiosos con los tres votos, fundada por el pedagogo francés, San Juan Bautista de La Salle, cuyos miembros se orientaron hacia la educación cristiana de la niñez en 1680. Sus miembros no son sacerdotes y combinan la vida conventual con la enseñanza en la escuelas publicas y privadas. Un instituto que, según los ideales de Aparecida, se agrupa a “discípulos y misioneros” dedicados a la educación en todos los niveles de nuestra sociología. El Hermano Arturo, a quien hoy recordamos ya que falleció el 17 de abril en Colón, ejercía su apostolado pedagógico con la juventud de escasos recursos de la costa atlántica, donde el Instituto tiene varias escuelas en ese sentido.

Nacido en Brulles, comunidad de la Provincia de Burgos, recibió el llamamiento del Señor hacia el Instituto de La Salle, recibiendo su primera formación cerca de Barcelona y concluyendo en Dos Caminos, Caracas, Venezuela, en 1946-1947, donde por coincidencia yo me encontraba en el Noviciado de los Jesuitas de los Chorros. Por cierto, en Dos Caminos estaba el Hermano Irineo, quien había sido director del colegio en 1934, cuando iniciábamos nuestros estudios.

A Arturo lo vemos en Colón y en Panamá del año 1951 a 1956. En la ciudad capital acudió a la Universidad de Panamá, donde en cuatro años cursó la carrera de Licenciatura en Química y Física en 1957. Fue director del plantel citadino del ‘72 al ‘74 donde, aunando la mano amiga con la severidad, condujo el centro educativo por acertados senderos. Luego de un año de actualización apostólica asiste a un Congreso en Caracas en 1984, y fue transferido en momentos de la crisis sandinista a Managua, al Instituto Pedagógico, por propia iniciativa, tratando de ofrecer sus mejores servicios.

Volvió luego al querido istmo de Panamá y fue director de La Salle de Colón, de 1990-94; en Panamá, donde me tocó volverlo a ver cuando gestionaba los papeles de migración de los Hermanos, del ‘94 al ‘97; volvió a Colón donde finalmente culminó sus días consagrado a servir a Dios en el Centro Escolar San Miguel Febres Cordero.

Los lasallistas exalumnos suyos y los de todos los tiempos, nos unimos al dolor de la Comunidad de los Hermanos por su ausencia y a la alegría pascual en la que ya el Hermano Arturo disfruta para siempre.

101 años de Panamá América

 
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