Doctor Internet
ASÍ COMO el siglo XX es reconocido como el de la Era Atómica, el siglo XXI bien pudiera ser el siglo de la Era Virtual. Tal es la importancia que para la comunicación y la información ha adquirido la Internet. En la última reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa, se analizaron tres grupos según sea su relación con dicha red informática. Al grupo juvenil, el que no puede realizar sus actividades sin el uso de la misma, se lo denominó "aborígenes virtuales", el grupo intermedio, los menores de sesenta años son los esporádicos "inmigrantes virtuales" y los mayores de sesenta, generalmente reacios a utilizarla, es el de los "analógicos" ya que no están mentalmente digitalizados.
La red es un arma valiosísima para obtener información rápida y abundante, tanta que en ocasiones se hace imposible de digerir. Pero lo que no garantiza la Internet es la calidad de lo informado, eso lo evalúa el "internauta" a través de su conocimiento previo, su cultura o mejor aún, siguiendo un fiable método verificador.
El exceso de información, como su calidad, puede tener consecuencias nocivas. Recuerdo haber leído que resulta mucho más fácil aprender un nuevo concepto que salir de uno erróneo. Es lo que generalmente sucede con los graduados de doctores por Internet. No pasa día que no me envíen algún artículo sobre tal o cual procedimiento o tal o cual medicina o dieta o recomendaciones hechas en sitios editados de la red.
Hace poco un paciente al que le habían realizado un procedimiento de revascularización coronaria (destapar las arterias del corazón) hacía ya un par de años, me comentó que se había enterado por la red que en un lugar de Estados Unidos tenían un aparato que detectaba calcio en las arterias y con eso se sabía si tenía enfermedad arteriosclerótica sin la necesidad de someterse a procedimientos cruentos. Yo le respondí, luego de explicarle la importancia real del oneroso procedimiento, desde el punto de vista epidemiológico, que si me hubiera llamado por teléfono antes de someterse al mismo, le pudiera haber dado la misma información, porque su padecimiento consistía precisamente, en una enfermedad ateroesclerótica de las arterias coronarias. Obviamente no decidí comentarle sobre el hecho de que le habían realizado un procedimiento a todas luces innecesario.
En otra oportunidad, conversando de estas cosas con un colega, este me comentaba acerca de un paciente que en cada cita iba con una montaña de información sacada de la Internet, se apoyaba en una infinidad de datos sobre el por qué no estaba de acuerdo con las medicinas que tomaba, ni de la dosis dada y de las numerosas reacciones secundarias que producía. El colega me confesó que tenía que ponerle día y hora especial a su consulta ya que se pasaban discutiendo más tiempo de lo que demoraba en examinarlo.
Yo los llamo cariñosamente doctores de Internet. No me canso de explicarlo y por tal motivo quiero hacerlo extensivo a mis lectores. Es muy importante que el paciente esté bien informado. Además de ser una vieja obligación médica de la buena práctica clínica, así como un deber de la ética médica, ahora con la Ley "Teresita", es una obligación legal. Pero la información debe no solamente ser completa, clara y certera, sino que debe estar adecuadamente tamizada para el caso individual. Los viejos médicos nos dejaron el sabio aforismo que dice que no existen enfermedades, sino enfermos. Una misma enfermedad tiene una presentación, evolución y pronóstico muy diferente al de otra persona de igual sexo y edad; aún entre hermanos gemelos.
La tarea del médico -que no podrá ser suplida por la máquina mientras la inteligencia artificial sea una utopía- consiste precisamente en tamizar la información, sopesarla, analizarla y decidir si el beneficio obtenible es mayor que sus posibles efectos perjudiciales. La diferencia entre los doctores de Internet y el médico radica en la cantidad y calidad de conocimiento previo que tiene este último para tomar la decisión más adecuada además de la experiencia personal, virtud esta hoy muy desprestigiada entre los médicos jóvenes, encandilados ante la evidencia probabilística. Un paradigma reduccionista de la ciencia médica extremadamente útil para desenmascarar farsantes pero un tanto cruel para tratar la angustia que acompaña a toda enfermedad. Habrá errores, porque equivocarse es humano, pero la posibilidad de tomar decisiones equivocadas es mayor entre los doctores Internet.
También conozco el caso de un niño al que su pediatra le diagnosticó una determinada enfermedad de la piel y la madre viendo en la computadora la fotografía de la misma erupción, le demostró al médico que había equivocado el diagnóstico. Tales cosas suceden y es bueno que sea así, pues el conocimiento no es patrimonio de nadie, por más diplomas y certificados que se tenga. Al fin y al cabo "lo que Natura no da: Salamanca non presta".
(drjcal@psi.net.pa)
La red es un arma valiosísima para obtener información rápida y abundante, tanta que en ocasiones se hace imposible de digerir. Pero lo que no garantiza la Internet es la calidad de lo informado, eso lo evalúa el "internauta" a través de su conocimiento previo, su cultura o mejor aún, siguiendo un fiable método verificador.
El exceso de información, como su calidad, puede tener consecuencias nocivas. Recuerdo haber leído que resulta mucho más fácil aprender un nuevo concepto que salir de uno erróneo. Es lo que generalmente sucede con los graduados de doctores por Internet. No pasa día que no me envíen algún artículo sobre tal o cual procedimiento o tal o cual medicina o dieta o recomendaciones hechas en sitios editados de la red.
Hace poco un paciente al que le habían realizado un procedimiento de revascularización coronaria (destapar las arterias del corazón) hacía ya un par de años, me comentó que se había enterado por la red que en un lugar de Estados Unidos tenían un aparato que detectaba calcio en las arterias y con eso se sabía si tenía enfermedad arteriosclerótica sin la necesidad de someterse a procedimientos cruentos. Yo le respondí, luego de explicarle la importancia real del oneroso procedimiento, desde el punto de vista epidemiológico, que si me hubiera llamado por teléfono antes de someterse al mismo, le pudiera haber dado la misma información, porque su padecimiento consistía precisamente, en una enfermedad ateroesclerótica de las arterias coronarias. Obviamente no decidí comentarle sobre el hecho de que le habían realizado un procedimiento a todas luces innecesario.
En otra oportunidad, conversando de estas cosas con un colega, este me comentaba acerca de un paciente que en cada cita iba con una montaña de información sacada de la Internet, se apoyaba en una infinidad de datos sobre el por qué no estaba de acuerdo con las medicinas que tomaba, ni de la dosis dada y de las numerosas reacciones secundarias que producía. El colega me confesó que tenía que ponerle día y hora especial a su consulta ya que se pasaban discutiendo más tiempo de lo que demoraba en examinarlo.
Yo los llamo cariñosamente doctores de Internet. No me canso de explicarlo y por tal motivo quiero hacerlo extensivo a mis lectores. Es muy importante que el paciente esté bien informado. Además de ser una vieja obligación médica de la buena práctica clínica, así como un deber de la ética médica, ahora con la Ley "Teresita", es una obligación legal. Pero la información debe no solamente ser completa, clara y certera, sino que debe estar adecuadamente tamizada para el caso individual. Los viejos médicos nos dejaron el sabio aforismo que dice que no existen enfermedades, sino enfermos. Una misma enfermedad tiene una presentación, evolución y pronóstico muy diferente al de otra persona de igual sexo y edad; aún entre hermanos gemelos.
La tarea del médico -que no podrá ser suplida por la máquina mientras la inteligencia artificial sea una utopía- consiste precisamente en tamizar la información, sopesarla, analizarla y decidir si el beneficio obtenible es mayor que sus posibles efectos perjudiciales. La diferencia entre los doctores de Internet y el médico radica en la cantidad y calidad de conocimiento previo que tiene este último para tomar la decisión más adecuada además de la experiencia personal, virtud esta hoy muy desprestigiada entre los médicos jóvenes, encandilados ante la evidencia probabilística. Un paradigma reduccionista de la ciencia médica extremadamente útil para desenmascarar farsantes pero un tanto cruel para tratar la angustia que acompaña a toda enfermedad. Habrá errores, porque equivocarse es humano, pero la posibilidad de tomar decisiones equivocadas es mayor entre los doctores Internet.
También conozco el caso de un niño al que su pediatra le diagnosticó una determinada enfermedad de la piel y la madre viendo en la computadora la fotografía de la misma erupción, le demostró al médico que había equivocado el diagnóstico. Tales cosas suceden y es bueno que sea así, pues el conocimiento no es patrimonio de nadie, por más diplomas y certificados que se tenga. Al fin y al cabo "lo que Natura no da: Salamanca non presta".
(drjcal@psi.net.pa)