¿Dónde están los muertos y desaparecidos ?
A través de los años, la alta oficialidad de la GN/FF.DD. ha ocultado sus crímenes acallándolos o dando versiones que buscan encubrir los hechos. Así encontramos explicaciones de que "las órdenes fueron mal interpretadas" o que hubo "excesivo celo en el cumplimiento del deber". Los subalternos, en cambio, callan o responden haber "actuado en función de la debida obediencia". El objetivo siempre es el mismo: embrollar los hechos para que las represiones y crímenes queden en la impunidad.
Más recientemente, a raíz del hallazgo de los supuestos restos del padre Héctor Gallego en el patio del cuartel de los Pumas de la G.N. en Tocumen, el ex-general Rubén D. Paredes, trató de enturbiar los hechos hablando de "responsabilidades históricas" y "culpas legales". Aún más, explicó con la mayor naturalidad, respecto a las osamentas encontradas, que en ese caso "se les fue la mano". No es esta la primera vez que los militares "justifican" muertes porque se les fue la mano mientras torturaban a alguien.
Sin embargo, la declaración más descarada y cínica fue la del ex-coronel Roberto Díaz Herrera, cuando respondió preguntado, "¿Qué paso con los civiles, los fiscales, jueces y magistrados de aquel entonces? ¿Por qué no se les llama a declarar?" Todos sabemos que en aquella época los magistrados, procuradores, jueces y fiscales eran nombrados de a dedo por los militares y que actuaban según instrucciones de los cuarteles, aunque muchos fueran cómplices conscientes y complacientes. Nuevamente lo que se busca es el encubrimiento y la impunidad.
Por su parte, Mitchell Doens, ex-Ministro de Trabajo, sale en defensa de Torrijos y de la G.N. Para él, "no puede señalarse de responsabilidad a nadie por la muerte y las desapariciones", pues "no era la política de la G.N... matar o hacer desaparecer a sus adversarios políticos". Después de estas falsas aseveraciones (recordamos los casos de Rodolfo Aguilar Delgado, Juan Navas, Rubén O. Miró, Hugo Spadafora, así como la política de las tres P de las FF.DD., "Plata para los amigos, Palo para los indecisos y Plomo para los enemigos"), Doens nos desvía hacia el tema político al evocar "las transformaciones políticas que impulsó" Torrijos. Se olvidó que con su política económica (Chicago Boys) Torrijos reforzó los vínculos neocoloniales y de dependencia con el imperio y las multinacionales al convertirnos en Plataforma de Servicios Transnacionales. Además, nos dejó permanentemente "bajo el paraguas del Pentágono".
El torrijismo se matriculó en la escuela contrainsurgente norteamericana al combinar el paternalismo, la corrupción y la represión para domesticar y burocratizar al movimiento sindical, para destruir las organizaciones campesinas independientes y para desprestigiar a la FEP.
El ex-ministro M. Doens hace referencia a quienes rompen "el monopolio de los apellidos tradicionales que detentaban los cargos públicos". En verdad con ministros que le hagan bien los mandados (como modificarles convenientemente el Código de Trabajo, por ejemplo)¿Para qué necesitan los oligarcas ocupar los cargos? Al respecto, Jorge Eliécer Gaitán decía, que el posible rumbo del Estado no estaba determinado por las patas que halan la carreta, sino por las manos que sostienen las riendas. Pero, además es falso que los oligarcas estuvieran desligados del proceso torrijista. La oligarquía panameña nunca perdió el poder económico, al contrario, incrementó su poderío. Los militares gobernaban con y para las clases dominantes. Muchos de ellos estuvieron vinculados al gobierno de Pérez Balladares y lo están al gobierno de Mireya Moscoso, como los Martinelli, Arango y Lewis Galindo.
Planteamientos políticos como los de Michell Doens también conducen al desvío en la búsqueda del esclarecimiento de los crímenes del régimen militar y por tanto, a la impunidad.
Omar Torrijos y su Estado Mayor son responsables históricos, políticos, intelectuales y legales, pues dar una orden de represión, tortura o asesinato y luego encubrir a los autores materiales, protegerlos, impedir que se realicen investigaciones serias e independientes, y además, premiarlos con ascensos por estos hechos, ciertamente los convierte en responsables directos de estos crímenes de lesa humanidad que, por lo demás, no deben tener término de prescripción.
De parte de los responsables materiales y sus jefes, no ha habido confesión, arrepentimiento ni propósito de enmienda. Mientras esto no se dé, se conozca toda la verdad y se haga justicia, siempre habrá el peligro de que hechos de esta naturaleza se repitan en nuestra sociedad.
Más recientemente, a raíz del hallazgo de los supuestos restos del padre Héctor Gallego en el patio del cuartel de los Pumas de la G.N. en Tocumen, el ex-general Rubén D. Paredes, trató de enturbiar los hechos hablando de "responsabilidades históricas" y "culpas legales". Aún más, explicó con la mayor naturalidad, respecto a las osamentas encontradas, que en ese caso "se les fue la mano". No es esta la primera vez que los militares "justifican" muertes porque se les fue la mano mientras torturaban a alguien.
Sin embargo, la declaración más descarada y cínica fue la del ex-coronel Roberto Díaz Herrera, cuando respondió preguntado, "¿Qué paso con los civiles, los fiscales, jueces y magistrados de aquel entonces? ¿Por qué no se les llama a declarar?" Todos sabemos que en aquella época los magistrados, procuradores, jueces y fiscales eran nombrados de a dedo por los militares y que actuaban según instrucciones de los cuarteles, aunque muchos fueran cómplices conscientes y complacientes. Nuevamente lo que se busca es el encubrimiento y la impunidad.
Por su parte, Mitchell Doens, ex-Ministro de Trabajo, sale en defensa de Torrijos y de la G.N. Para él, "no puede señalarse de responsabilidad a nadie por la muerte y las desapariciones", pues "no era la política de la G.N... matar o hacer desaparecer a sus adversarios políticos". Después de estas falsas aseveraciones (recordamos los casos de Rodolfo Aguilar Delgado, Juan Navas, Rubén O. Miró, Hugo Spadafora, así como la política de las tres P de las FF.DD., "Plata para los amigos, Palo para los indecisos y Plomo para los enemigos"), Doens nos desvía hacia el tema político al evocar "las transformaciones políticas que impulsó" Torrijos. Se olvidó que con su política económica (Chicago Boys) Torrijos reforzó los vínculos neocoloniales y de dependencia con el imperio y las multinacionales al convertirnos en Plataforma de Servicios Transnacionales. Además, nos dejó permanentemente "bajo el paraguas del Pentágono".
El torrijismo se matriculó en la escuela contrainsurgente norteamericana al combinar el paternalismo, la corrupción y la represión para domesticar y burocratizar al movimiento sindical, para destruir las organizaciones campesinas independientes y para desprestigiar a la FEP.
El ex-ministro M. Doens hace referencia a quienes rompen "el monopolio de los apellidos tradicionales que detentaban los cargos públicos". En verdad con ministros que le hagan bien los mandados (como modificarles convenientemente el Código de Trabajo, por ejemplo)¿Para qué necesitan los oligarcas ocupar los cargos? Al respecto, Jorge Eliécer Gaitán decía, que el posible rumbo del Estado no estaba determinado por las patas que halan la carreta, sino por las manos que sostienen las riendas. Pero, además es falso que los oligarcas estuvieran desligados del proceso torrijista. La oligarquía panameña nunca perdió el poder económico, al contrario, incrementó su poderío. Los militares gobernaban con y para las clases dominantes. Muchos de ellos estuvieron vinculados al gobierno de Pérez Balladares y lo están al gobierno de Mireya Moscoso, como los Martinelli, Arango y Lewis Galindo.
Planteamientos políticos como los de Michell Doens también conducen al desvío en la búsqueda del esclarecimiento de los crímenes del régimen militar y por tanto, a la impunidad.
Omar Torrijos y su Estado Mayor son responsables históricos, políticos, intelectuales y legales, pues dar una orden de represión, tortura o asesinato y luego encubrir a los autores materiales, protegerlos, impedir que se realicen investigaciones serias e independientes, y además, premiarlos con ascensos por estos hechos, ciertamente los convierte en responsables directos de estos crímenes de lesa humanidad que, por lo demás, no deben tener término de prescripción.
De parte de los responsables materiales y sus jefes, no ha habido confesión, arrepentimiento ni propósito de enmienda. Mientras esto no se dé, se conozca toda la verdad y se haga justicia, siempre habrá el peligro de que hechos de esta naturaleza se repitan en nuestra sociedad.