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¿A dónde fue la democracia?


Este es un país de hombres, no de instituciones. Hombres, sí, así en masculino. Si Balbina Herrera fuese la presidenta y hubiese hecho exactamente lo mismo que Martinelli cuando allanó las concesiones de Amador, los empresarios la habrían tildado de “chavista” y habrían llamado a un paro general para derrocarla, no de una manera muy distinta a como lo hicieron en Honduras con Mel Zelaya.

Si Daniel Delgado Diamante, cuando era Ministro de Gobierno y Justicia hubiese dicho lo mismo que José Raúl Mulino, actual titular de esa cartera, de que él autorizaba a los policías a que dispararan contra los que se fugan de la cárcel, entonces se le habría acusado de revivir la ley fuga que los militares en los tiempos oscuros de la dictadura usaron contra sus adversarios. Pero no. No tenemos que preocuparnos, pues ni vamos al socialismo, ni tenemos una dictadura. Sólo tenemos un gobierno de hombres, dispuestos a humillar a cualquiera que a su juicio no se ajuste a la ley, y que considera enemigos sin derechos al más vulgar de los delincuentes.

Entre el aplauso irresponsable de los que se creen parte del nuevo poder y la mirada estupefacta de los que no creen aún en lo que ven, el país se encuentra postrado, pasivo, como quien mira la televisión. En algún momento vendrán contra los medios, pues como ya ha dejado ver algún miembro del Gabinete, éstos también son responsables de la violencia y la delincuencia. Entretanto, la democracia corre por el drenaje.

101 años de Panamá América

 
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