Dos anécdotas
El general de un ejército, por acusaciones graves pero falsas contra uno de sus soldados, se negó a afrontarlo con quienes él no sabía que eran sus acusadores para formular sus descargos. Y pero aún, lo condenó a ser fusilado. Fijado el día y la hora de su ejecución, designó a uno de los soldados para que la llevara a cabo.
La designación no podía ser más cruel, porque ese era el mejor amigo que tenía en el ejército el condenado a morir al que no se le vendó para que viera quién lo ejecutaría. Al soldado, una vez frente a su compañero, se le entregó un fusil ya cargado para que le disparara. Se le dio la orden de alerta para que se preparara a disparar. Segundos después se escuchó la orden: ¡Fuego! El hombre dio media vuelta rápidamente, apuntó hacia el general, disparó y lo mató.
El otro caso es el de una pareja de alto rango social y sólida fortuna. La esposa era una mujer bella. Acordaron viajar en un crucero, naturalmente, en primera clase. Al tercer día del viaje, el capitán de la nave ofreció una cena especial.
Al aludido matrimonio se le asignó una mesa a compartir con tres parejas. Tras saludos y presentaciones de rigor, una de las señoras, dirigiéndose a la de nuestra mencionada pareja, le alabó el collar de perlas que lucía. La aludida dio las gracias, pero le agregó que el collar no era de perlas auténticas, sino de imitación. "Gracias por la explicación, porque a mí me parecen auténticas". Uno de los presentes dijo que para salir de dudas iba a solicitarle su opinión a un joyero amigo suyo que debía de hallarse en el comedor, y salió en su búsqueda. Cuando lo ubicó le solicitó el favor de aclarar la duda. Al llegar a la mesa y tras las presentaciones del caso, le solicitó a la mujer que lucía el collar que le permitiera examinarlo. Ella procedió a desabrochárselo, pero el joyero advirtió en ella una mirada de terror. Cuando se lo entregó, lo examinó detenidamente y devolviéndoselo a su dueña dijo: "Señores, este es un trabajo muy bien hecho, pero no son perlas auténticas".