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Dos peligros de violencia


No conviene alarmar innecesariamente. Sin embargo, tampoco cerrar los ojos ante ciertas posibles amenazas.
Varias veces se ha dicho que Monseñor Rómulo Emiliani es exagerado cuando habla de la inseguridad de Darién. Bastantes de quienes así opinan viven en la capital y, en consecuencia, no experimentan lo que sufren a menudo los y las darienitas que están cerca de la frontera con Colombia. Guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes parecen moverse impunemente por las zonas fronterizas y esto, aunque por el momento, no se perciba como algo grave, puede llegar a serlo en poco tiempo. Con nuestra débil y temerosa policía fronteriza ¿quién nos puede garantizar al menos un mínimo de seguridad ciudadana?
Para nosotros el principal problema que se da en este asunto consiste en evadirlo. Si alguien habla de armar mejor (¡mucho mejor!) a nuestra policía, entonces se grita contra la amenaza de militarismo. Si se considera el apoyo norteamericano, eso se ve como una lesión a nuestra soberanía. Si la solución se vislumbra a través de una presencia militar de la ONU, entonces se dice que esto es algo desproporcionado frente a la realidad actual. Y finalmente, si se considera la vía diplomática, esto se ve como algo demasiado difícil por la compleja situación interna de Colombia. ¿Y entonces no habrá ninguna solución? ¿Tendremos que esperar algún incidente grave para tomar medidas? No nos olvidemos de que es mejor prevenir que curar. Confiamos en que el nuevo gobierno que surja de las elecciones del 2 de mayo afronte esta situación con madurez, responsabilidad y decisión.
El segundo peligro que queremos considerar hoy es mucho más pequeño y menos probable, pero no se puede descartar. Se trata de las ya inminentes elecciones. Si por una parte, no hay una total transparencia ni un juego completamente limpio y por otra los resultados son demasiado estrechos, entonces pueden surgir un sinnúmero de impugnaciones y contra impugnaciones que tal vez enciendan los ánimos más de la cuenta y desemboquen en incidentes desagradables y peligrosos. Ya es un dicho común que las personas de arriba, aunque sean adversarias políticas, fácilmente se entienden entre sí mientras que las bases populares a menudo se pelean por razones partidistas y a veces se hace muy difícil la reconciliación. En este contexto pedimos que tanto el Tribunal Electoral como Justicia y Paz y todos los partidos políticos insistan una y otra vez ante los funcionarios electorales en la limpieza del proceso en cada uno de sus pasos y ante el pueblo a que mantenga la calma, aun en el caso de ciertos reclamos. Igualmente habrá que insistir ante la Fuerza Pública en su grave responsabilidad como factor de orden y de paz.
En las dos situaciones que hemos considerado: los movimientos en la frontera de Darién y las elecciones, la importancia de la paz va mucho más allá de las circunstancias coyunturales concretas. Se trata de la proyección de nuestro país ante el mundo como tierra de paz o como lugar amenazado por la violencia. Las inversiones extranjeras e incluso las nacionales dependerán mucho de la percepción que se tenga de nuestra realidad.
Los panameños y panameñas, como pueblo, gracias a Dios, no somos de naturaleza violenta. Nuestro estilo suele ser amistoso y cordial. Sin embargo no podemos jactarnos de ello porque las cosas pueden cambiar. Ojalá que esto no ocurra, pero, como decíamos antes, vale más prevenir que curar.
Aparte de las medidas que hemos mencionado para preservar la paz ciudadana, queremos recordar que tanto en la Iglesia Católica como en otros grupos religiosos se están organizando en estos días jornadas de oración para pedir por la transparencia y la paz antes, en y después de las elecciones. Ojalá que todos y todas nos unamos, por lo menos espiritualmente, a estas jornadas. Y abramos el corazón también más allá de nuestras fronteras: Kosovo, cierta juventud super agresiva norteamericana y de otros países y, finalmente, todos los rincones personales, sociales y geográficos del mundo en donde la paz esté amenazada por la violencia de las situaciones y de las estructuras.

101 años de Panamá América

 
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