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Dos personajes para la historia


El domingo 4 de febrero se publicó en la sección Semblanzas de este diario, dos artículos que se deben guardar para la historia. Uno, la entrevista que le hicieron al Dr. Miguel Antonio Bernal, en la que se retrata de cuerpo entero un hombre que honra la nacionalidad panameña. Es una lástima que hombres como él no alcancen, en nuestra deficiente democracia, puestos cimeros en la conducción del Estado. El Dr. Bernal, un Quijote redivivo, toda una vida dedicado a adecentar nuestra vida institucional -tan degradada y tan corrupta- será siempre detenido y frustrado. Bernal, que en un país democrático sería el gran estadista, entre nosotros pasará a la historia como el eterno y esencial derrotado. En esa entrevista se retrata a un patriota que todos deben conocer.
El otro artículo que vale la pena conservar y divulgar, es el que presenta a Doña Ana Matilde Linares de Arias, fiel compañera del líder panameñista Dr. Arnulfo Arias. ¡Qué mujer más grande!
El l6 de enero pasado hubiera celebrado su centenario la distinguida dama panameña, Ana Matilde Linares de Arias. Esta dama, de cultura exquisita, que tocaba el piano y se desenvolvía fácilmente en cuatro idiomas, estuvo siempre al lado de su esposo en los momentos más difíciles, en el destierro y en todas partes donde el destino los llevara. Dicen en la semblanza de la gran mujer: "La lealtad sin límites a su esposo, el Dr. Arnulfo Arias, su entrega absoluta a su persona, fuesen cuales fuesen las circunstancias, ocultaron la gran política que fue doña Ana Matilde Linares de Arias. Era su asesora, era la valentía detrás de la valentía, y era una sensibilidad social especial para las clases humildes que la adoraron con pasión". Agregan, que al salir de la iglesia de Santa Ana donde se celebró la misa de cuerpo presente, "los humildes se apoderaron del féretro y lo llevaron en hombros hasta el cementerio Amador. El cortejo fúnebre fue tan concurrido que se comparó con el del caudillo liberal Dr. Belisario Porras". Cuando leía estas palabras, recordé lo que un día me dijo su hijo adoptivo, Gerardo Arias, que él sólo había visto llorar a su padre, el Dr. Arnulfo Arias, una sola vez en su vida; y esto fue cuando su esposa falleció. El Dr. Arias quiso estar solo con ella. Gerardo lo encontró llorando ante su cadáver.
Vale la pena conservar estas semblanzas.

101 años de Panamá América

 
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