Dos realidades educativas
Los recientes datos de la Universidad de Panamá, sobre los fracasos de estudiantes de primer ingreso -recién graduados de secundaria-, quienes no lograron pasar las pruebas de admisión, demuestran que en este país hay dos realidades: Por un lado, la que observan las autoridades del sector oficial, quienes aseguran que "se han logrado avances importantes" y, por el otro, la persistente evidencia de muchachos que viven en el pantano del analfabetismo funcional.
Otra conclusión posible es que estas cifras "examinan" todo el sistema educativo, que fracasa también. Un reciente informe de la Contraloría General de la República revela que una escandalosa mayoría de educadores, en primaria y secundaria, no está capacitada para dictar clases en ciertos niveles, lo que explicaría la mediocridad que campea. Pero lo perturbador no termina aquí. La Universidad de Panamá, la misma que denuncia los descalabros en las pruebas de admisión, decide seguir con el anatema y deja entrar a muchos a sus aulas bajando el índice mínimo de aprobación de las exámenes de ingreso.
Así las cosas, la calidad de la educación, y de la universitaria en particular, no tiene más futuro que la insuficiencia y la ineficacia. Se están construyendo, con el aval de todo un sistema, hombres mediocres. La decisión del Consejo General Universitario, de bajar la nota mínima aceptable, no es más que un despropósito y convierte a la Universidad en entidad sustentadora de pobreza. Esta sostenida situación agrava la actual fractura de la sociedad, y será mucho más evidente en la próxima generación, cuando estos universitarios, que recién han ingresado con tales lagunas de conocimiento y rendimiento escolar, arrojen sus primeras evidencias en el campo laboral, para el que no estarán preparados, y que los rechazará por ineptos.
Mañana se darán mayores detalles del decomiso de las 20 toneladas en el muelle de Rodman.