default

Duelo


Todos los años en estos 34 años se repite el tema sobre el Duelo Nacional del 9 de enero. Es una costumbre, es una tradición. En este caso podemos llamarla tradición no estrictamente eclesiástica sino civil. Y la motivación es por todos supuestamente bien conocida, aunque más en la emotividad de los que la vivieron y en los parientes afectados que en las juventudes que hoy asisten a nuestro colegio.
Queremos de alguna manera rendirle homenaje a aquellos compatriotas que cayeron ante la brutal respuesta militar de parte de las fuerzas de ocupación norteamericanas capitaneadas por el general O "Meara. Queremos que no se olvide, que persista en el recuerdo y que sustancie nuestra historia como hijos de este país.
Este año me tocó escuchar por radio la participación de distintos ciudadanos que espontáneamente ofrecieron sus puntos de vista.
En un caso hubo discrepancias sobre quién era entonces el Ministro de Relaciones Exteriores de 1964, en otro caso, hablaba uno que dice que participó y que todos los años participa, en otro caso, escuché a otro regañando a los medios escritos por no decir nada, por no poner en los titulares lo que ellos querían que publicasen y así podía ir describiendo muchos de los aportes que válidos o no en esta ocasión consideraban dignos de emitirse vocalmente. Me llamó la atención la persistente crítica al gobierno por trasladar el duelo este año al lunes y se dijo que era por razones económicas y por supuesto que se dijo que no todo era económico en esta vida, aunque no sé con cuanta sinceridad y honestidad.
Con esto llego a un momento de preocupación y me digo: no tenemos remedio. Nadie nos entiende. De todo queremos hacer demagogia y ya estamos ahítos de tanta falta de autenticidad. No todo se arregla con discursos furibundos y de barricada, arbitrariamente condenando a los malos panameños y automáticamente por este hecho de condenar convertirse en los mejores panameños. Eso bordea el infantilismo. Eso jamás se ajusta a la realidad y estamos haciendo al uso de esas oportunidades que no sólo prometan encontrar soluciones sino que las encuentren y nos digan cuáles son.
Cuando hablamos de duelo deberíamos ser serios. Por duelo yo no entiendo la actitud hipócrita de poner la cara cariacontecida y cabizbaja como haciendo un show, para que los demás se den cuenta, es decir para la exportación, pero internamente no te duele nada. Eso no es duelo.
Duelo entre nosotros se reduce al menos los que quieren participar, en asistir a un acto religioso, al cual no asisten todos, y luego marchar hacia la tumba del recordado y allí dos o tres discursos, casi con el mismo contenido, dejar una corona o más, y luego dispersarse. A veces esto se hace en horas de la mañana, a veces hacia el mediodía, bajo un sol canicular y ¿el resto del día, qué? Se acabó el duelo. Como suelen estar cerradas las cantinas supuestamente no se le da culto a Baco, pero como ya el día anterior uno se ha aprovisionado del material consumible, ya nos dolimos y bueno como ya cumplimos ahora a estirar las piernas y conversar o a no aburrirse salpicando con las bebidas espiritosas.
Increíblemente nos quejamos sobre el duelo nacional y todos sabemos que el día de duelo, de duelo no tiene nada, sino un día más improductivo y de ocio para ir a la playa a asolearse y a divertirse cínicamente por el duelo por los mártires por los que derramaron su sangre en la batalla. Sí creo que hay que revisar el concepto de lo que entendemos por duelo y el estilo que hemos escogido para cumplirlo. Por supuesto que no es ni para estar metidos en ningún templo, ni en un camposanto, ni en ningún desfile, sino en pensar, reflexionar, lo cual es tan difícil entre nosotros, en resumidas, creo que si no tenemos nada que hacer en un día de Duelo, mejor sería dolernos pero sin juerga, sin el culto a la ociosidad que cada vez nos hace menos productivos en todos los sentidos. En otras palabras, trabajemos y mientras lo hacemos dolámonos como el mejor homenaje a los que queremos recordar.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América