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Dureza de la piel, suavidad del alma


EN SU PELÍCULA "La Piel Dura" (1970), el cineasta Francoise Trussfeaut describe con gran propiedad cómo los niños, aun cuando sufran diversas formas y manifestaciones del maltrato físico, logran sanar desde un punto de vista material: los golpes físicos, arañazos, mordiscos, heridas, luxaciones, excoriaciones, quemaduras, hematomas, erosiones, porque tienen la piel dura.
Pero, según el autor, lo difícil de resarcir son aquellas heridas y cicatrices que deja como secuela el maltrato físico, verbal y psicológico en el alma de los niños. Allí quedan fraguadas las huellas imborrables del abuso infantil, traducido en las múltiples facetas de violencia que un altísimo porcentaje de infantes padece cada día, cada hora, cada año.
Las altas cifras de menores que mueren diariamente de hambre y desnutrición en el mundo, como secuela de la pobreza en la que se encuentra sumida una población significativa de este planeta, en el que la solidaridad no es un lugar común y es que "ser solidario hoy, va contra nuestros intereses, porque lo que no se puede universalizar no es ético y nuestro nivel de consumo no lo es" (Grup D! Ensenyants Per A Un Món Solidari, Intermon).
Que la niñez muera de hambre y desnutrición o comprometa su desarrollo físico y mental, nos refiere la existencia de un maltrato social institucionalizado y globalizado, cuya impronta es manifiesta en los cuerpos y mentes de cuantos logran sobrevivir.
Qué decir de las víctimas inocentes de las migraciones, guerras o genocidios, circunstancias en que se les priva del sagrado derecho a la vida (derecho humano por excelencia) cuando no se les reduce a una sobrevivencia precaria social y emocionalmente.
El derecho a la identidad también les está vedado a no pocos (as), ya sea por normas legales que prevalecen por encima de la realidad del ser; por negligencia o rechazo del padre; por razones de burocracia gubernamental. o por artificios que desconocen e ignoran el valor de la identidad psicológica y social para el sano y equilibrado desarrollo de la persona humana. "Nos convertimos en seres humanos a través de un proceso de adquisición de identidad personal que es sexual" ( J. Dowdeswell, "La Violación Hablan Las Mujeres").
El abuso sexual, principalmente la violación, es un tema que nos merece un apartado especial, pues "es un acto de violencia que tiene en muchos casos repercusiones más serias y duraderas que cualquier otro acto delictivo o criminal" ( J. Dowdeswell Op.Cit.). La tolerancia hacia la violación estremece los cimientos democráticos de la civilización humana; cuestiona sus basamentos éticos y morales y pone en entredicho la capacidad racional del homo sapiens
Por constituir los menores de edad uno de los grupos más vulnerables de la sociedad, el abuso sexual hace sus estragos sin límites ni distinción por sexo; aunque en esta tesitura vale comentar la mayor prevalencia que confrontan las mujeres. Por tanto, el efecto negativo multiplicador para la familia y la sociedad, por razones hartamente conocidas son incalculables.
Aunque las estadísticas informan que el sexo femenino evidencia las más altas tasas de incidencia, las dimensiones reales de los casos de abuso sexual en la niñez no han sido verdaderamente analizadas, en virtud de las dificultades en la recolección de datos estadísticos, dada la estigmatización y carga de prejuicio que tiene el problema para los afectados, amén de que muchos niños (as) mantienen en secreto las experiencias ya sea por temor, ansiedad, lealtad (si se trata de figura parentales) o incapacidad para comunicarlo, si son muy pequeños y el abuso no es perceptible a simple vista. "La víctima, no protesta, no se defiende, no denuncia. Por el contrario, se acomoda a las experiencias traumáticas mediante comportamientos que le permiten sobrevivir en lo inmediato, manteniendo una fachada de seudonormalidad. (I. Entebi. "Abuso Sexual Infantil en las Mejores Familias").
El trabajo infantil, constituye una referencia obligada dentro de la discusión sobre el maltrato, pues no sólo compromete el sano desarrollo físico y mental de los infante, sino que los coloca en condición de permanente vulnerabilidad, de desventaja social; expuestos a la explotación física, económica y emocional. ¡Qué decir de la explotación sexual o del riesgo de perder la vida; de involucrarse en prácticas adictivas de alcohol, drogas , estupefacientes o tráfico de las mismas!
Un apartado especial nos merecen aquellos(as)que padecen diferentes discapacidades, porque frente a las limitaciones que les imponga su condición particular, deben enfrentar el rechazo de una sociedad corta en practicar el respeto y la tolerancia, sobre todo en respetar las diferencias. De allí que experimenten maltratos de parte de sus pares, vecinos, maestros y en algunos casos , con sus propios padres quienes, imposibilitados para manejar la sobrecarga o frustración, le abandonan física o emocionalmente, le esconden o los maltratan verbalmente y "en muchos casos, el abuso verbal desemboca en el abuso físico..." (P. Evans, "Abuso Verbal")
El maltrato estructural afecta a los discapacitados, sobre todo en los países subdesarrollados en donde no cuentan con instalaciones escolares, edificios, aulas, bancas, baños, autobuses, centro de servicios, áreas recreativas y deportivas aptas para lidiar con las diferentes discapacidades. Si a esto le agregamos las carencias alimenticias y sociales de la pobreza y la discriminación por etnia y género, el maltrato adquiere una dimensión espeluznante, sobre todo si recordamos que "Los niños tienen la piel dura, pero el alma suave".

101 años de Panamá América

 
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