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E. De la Guardia y los caballos


LA HÍPICA era junto con el golf una de sus actividades deportivas favoritas.
Ernesto De la Guardia Jr. casado con mi tía Mercedes Galindo, y no siendo ya Presidente de la República, coincidimos en la ciudad de Miami, en el mismo hotel, el "Four Ambassadors". Un buen día mi Tía Mercedes me pidió que "sacara a Ernesto y lo llevara al hipódromo para que se relajara un poco".
Dejando de lado algunas diferencias personales por motivaciones políticas que afectaron, gracias a Dios, por poco tiempo una excelente y muy estrecha relación entre él y yo, llevé con mucho gusto a Don Ernesto al Hipódromo de Hillaleah.
Para esa época el ex presidente De la Guardia estaba afectado de la vista y su visión era muy pobre.
Comenzó a hacer estragos en él la glaucoma, enfermedad que ha atacado cruelmente a muchos miembros de la familia.
Debido a este problema Don Ernesto, gran amante de la hípica decidió apostar siempre al caballo blanco que corriera en los distintos eventos de la tarde.
Lamentablemente para él en la mitad de la programación se desató un fuerte aguacero que convirtió la pista de carrera en un gran lodazal.
Los caballos blancos cambiando de color quedaron prácticamente en chocolates. El Tío no pudo seguir el desarrollo de las carreras y dejó de efectuar apuestas. La hípica era junto con el golf una de sus actividades deportivas favoritas.
Don Ernesto siempre tuvo buenos caballos que corrieron bajo los colores anaranjados del Cococha Estable.
Dejaron huellas que aún perduran en el viejo hipódromo de Juan Franco, sus equinos Duplicity, Falsario y Doble Four, entre otros.
Esa tarde, no obstante el tropiezo del fuerte aguacero, Don Ernesto, disfrutó mucho de las carreras en Hillaleah y lo más importante fue que me permitió reanudar con él una apreciada y muy valorada relación personal y estoy seguro que para él también.
Don Ernesto De la Guardia Jr., por supuesto antes que gran deportista es muy recordado como Mandatario.
Le tocó un período presidencial muy difícil de permanente convulsión política. Firme creyente en la democracia se empeñó como una prioridad en modernizar el Estado panameño; creó nuevas instituciones y el Código Electoral que garantizaría para el futuro torneos electorales libres y transparentes de la intromisión oficial.
El dio el ejemplo entregándole, después de las elecciones de 1960, el poder a don Roberto F. Chiari candidato oposicionista que había triunfado.
Lamentablemente en el país se produjeron acontecimientos al finalizar la década del 60 que pusieron fin por casi un cuarto de siglo a los avances que se habían dado para consolidar las libertades ciudadanas y la democracia.
Hoy día nuestro país desde 1996 ha celebrado tres elecciones libres y transparentes y los principios que guiaron a Don Ernesto en su Presidencia tienen plena vigencia.
Falta, sin embargo, que muchos de nuestros hombres públicos sigan su ejemplo de honestidad.

101 años de Panamá América

 
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