Ecología e inundaciones
HEMOS DICHO que las inundaciones que han azotado el país en los últimos meses, se deben a nuestro abuso de la Naturaleza. Con frecuencia, no somos conscientes del daño que hacemos cuando vertemos basura a los ríos, quebradas y playas. No es sólo un papel, una botella o una lata. No es una refrigeradora vieja o un colchón. Son miles de toneladas acumuladas por largo tiempo, que taponan la salida de los ríos hacia el mar, formando diques de desperdicio que represan las aguas y provocan desbordamientos.
Y la que arrojamos a las calles, igual; porque es arrastrada por las aguas hacia las alcantarillas y de allí a los ríos y al mar.
Otro maltrato del medioambiente es la tala de árboles y arbustos. Hasta una humilde hierba tiene su función y es importante para el ecosistema y la conservación de los suelos. Una tierra yerma, desolada por la quema o por la acción de tractores o malas prácticas agrícolas, pierde su capacidad de absorción de agua lluvia, la cual, en vez de ser conducida hacia el subsuelo, para enriquecer las reservas de agua dulce que bebemos y que necesitamos, se desliza arrastrando la superficie más fértil, causando esterilidad e inundaciones. Fuera de eso, al agotarse las reservas subterráneas, sobreviene la desertificación y el secado de ríos y ojos de agua.
Hoy sabemos que las orillas de ríos y quebradas están naturalmente flanqueadas por una esponja vegetal, que mantiene las aguas dentro de su cauce. Pero si alteramos ese esquema y destruimos o talamos los árboles y arbustos de sus orillas, sea para urbanizar o para sembrar, esas aguas, naturalmente canalizadas por sus riberas, se erosionan y desaparecen, ocasionando desastres.
Lo mismo ocurre cuando talamos la barrera natural de mangles de las playas para edificar urbanizaciones o casas de playa; y cuando extraemos arena. ¿Acaso no ha visto lo que ocurre con el agua cuando la vertemos sobre la arena? Hay un efecto inmediato de absorción. Y eso es lo que protege la franja de tierra firme del embate de las olas del mar. Es una barrera natural de contención que, interponiéndose como escudo, protege más y mejor la tierra que ningún muro u obra humana inventada hasta ahora.
Y la que arrojamos a las calles, igual; porque es arrastrada por las aguas hacia las alcantarillas y de allí a los ríos y al mar.
Otro maltrato del medioambiente es la tala de árboles y arbustos. Hasta una humilde hierba tiene su función y es importante para el ecosistema y la conservación de los suelos. Una tierra yerma, desolada por la quema o por la acción de tractores o malas prácticas agrícolas, pierde su capacidad de absorción de agua lluvia, la cual, en vez de ser conducida hacia el subsuelo, para enriquecer las reservas de agua dulce que bebemos y que necesitamos, se desliza arrastrando la superficie más fértil, causando esterilidad e inundaciones. Fuera de eso, al agotarse las reservas subterráneas, sobreviene la desertificación y el secado de ríos y ojos de agua.
Hoy sabemos que las orillas de ríos y quebradas están naturalmente flanqueadas por una esponja vegetal, que mantiene las aguas dentro de su cauce. Pero si alteramos ese esquema y destruimos o talamos los árboles y arbustos de sus orillas, sea para urbanizar o para sembrar, esas aguas, naturalmente canalizadas por sus riberas, se erosionan y desaparecen, ocasionando desastres.
Lo mismo ocurre cuando talamos la barrera natural de mangles de las playas para edificar urbanizaciones o casas de playa; y cuando extraemos arena. ¿Acaso no ha visto lo que ocurre con el agua cuando la vertemos sobre la arena? Hay un efecto inmediato de absorción. Y eso es lo que protege la franja de tierra firme del embate de las olas del mar. Es una barrera natural de contención que, interponiéndose como escudo, protege más y mejor la tierra que ningún muro u obra humana inventada hasta ahora.