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Economía política y ética


Entre los elementos más interesantes del pensamiento de Leonardo Boff está, como lo hemos señalado anteriormente, su interpretación y elaboración adicional de las ideas de Karl Polanyi, recogidas en su libro la “Gran Transformación” (1944). Una idea central de Polanyi es que en una sociedad de solo mercado, en el que este se autorregula, la economía deja de estar incrustada (embed) en la sociedad, de manera tal que sin serlo la fuerza de trabajo y la naturaleza pasan a ser tratadas como mercancías. Convertirlas en mercancías ficticias tiene graves consecuencias. “Privados, argumenta Polanyi, de la cobertura protectora de las instituciones culturales, los seres humanos perecerían por los efectos del desamparo social… La naturaleza quedaría reducida a sus elementos, las vecindades y los paisajes se ensuciarían,… se destruiría el poder de producción de alimentos y materias primas”.

NECESITAMOS UNA FORMA ÉTICA QUE DOMINE LA POLÍTICA, ASEGURANDO QUE ESTA SE PONGA AL SERVICIO DEL BIEN COMÚN.

Boff no solo toma en serio la idea de que la sociedad de solo mercado, ideal declarado del neoliberalismo, desemboca, tal como está ocurriendo actualmente, en un notable impacto negativo sobre los seres humanos, así como en un proceso de destrucción de la naturaleza. Él, sin embargo, va más allá en un aspecto decisivo, destacando que en una sociedad de mercado autorregulado todo se convierte en mercancía, incluyendo la ciencia, la opinión y hasta la conciencia. El resultado es, para decirlo brevemente, la corrupción y la venalidad generalizada.

El punto básico aquí es que la economía habría terminado dominando la política, aun cuando quizás sería mejor decir comprándola. En estas condiciones, afirma Boff, “el poder político… no sirve al bien común, sino a los privilegios de unos pocos, creando desigualdades que representan una verdadera injusticia social y, actualmente, planetaria”. La ética también queda subordinada a la lógica de la ganancia y la acumulación sin límites, enfatizando en los valores vinculados con la competencia, el utilitarismo y el hedonismo vacío, dejando de lado aquellos que como la cooperación, la solidaridad, el cuidado, la responsabilidad y la prudencia son indispensables para un mundo con justicia social, pleno respeto a la naturaleza y una cultura de paz.

La idea de Boff es que frente a esta situación, como condición de la sobrevivencia del ser humano, hace falta establecer un nuevo pacto social, así como un pacto social entre la humanidad y la naturaleza. Para eso necesitamos una forma ética que domine la política, asegurando que esta se ponga al servicio del bien común, lo que implica que esta última tendría que ser la reguladora de la economía para que esta cumpla con este objetivo. Esta ética estaría sostenida en varios ethos: el que busca, el que ama, el que cuida, el que se responsabiliza, el que se solidariza, el que se compadece y el que integra.

Se equivoca, vale la pena precisar, quien piense en que estamos frente a una simple concepción idealista en el mal sentido de la palabra, que hace abstracción de las estructuras sociales y su impacto sobre la conciencia y acción de las personas. No se debe olvidar que Leonardo Boff es el autor de un libro titulado “Desde el Lugar del Pobre” (1989), en el que queda claro que la ética de la liberación solo puede surgir desde y con los pobres. En realidad se trata de articular la necesaria acción a favor de la liberación de todos y todas los que están oprimidos. Es así que, de acuerdo al pensamiento de Boff, “en cualquier parte del mundo donde exista algún tipo de opresión… vale la pena comprometerse por la liberación del oprimido. Inicialmente… los oprimidos del mundo del trabajo… Enseguida se descubrió el mundo de los afrodescendientes… Después irrumpieron los indígenas… Luego las mismas mujeres… contra el patriarcado… Últimamente… las opresiones que sufren las personas homoafectivas… Finalmente la Tierra…”.

Más allá de esto, Leonardo Boff establece claramente que el camino para lograr el nuevo pacto social y el pacto de la humanidad con la Tierra es el de la no violencia, único capaz, en su concepción, de construir la cultura de paz. Se trata de un pacifismo comprometido y consecuente. Este, sin embargo, no es pasivo, si no activo, el cual busca develar las causas estructurales y profundas de la injusticia, siendo además uno que se guía hacia la transformación de la realidad. En sus propias palabras esta forma de pacifismo “pretende atacar estas conexiones ocultas como condición para una paz auténtica y duradera”. Nos encontramos, entonces, frente a un verdadero pensamiento profético para la acción, el cual representa un importante aporte a la causa de la construcción del otro mundo posible.

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