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Ecuador entre el militar y el millonario


En la primera vuelta de las presidenciales ecuatorianas del 20 de octubre, seis de los 11 candidatos sacaron más del 10%, pero menos del 20% de los 5,2 millones de votos. Los dos contrincantes que competirán en la ronda final del 24 de noviembre apenas sobrepasaron al número de votos blancos/nulos. Ninguno de ellos expresa a partidos tradicionales. Se refleja el desgaste de los partidos históricos tal cual se viene presenciando en toda la comunidad andina. El ganador del primer turno es el coronel Lucio Gutiérrez, quien encabezó el golpe del 21 enero de 2000. Alvaro Noboa, el millonario más rico del país, al igual que en 1998 ha vuelto a quedar segundo en la primera ronda.
A Gutiérrez se le acusa de comunista y de ser un Chávez. El dice que no es de izquierda y que nada tiene que ver con Caracas. Noboa tiene 110 empresas y $1,200 millones. Sus adversarios le sindican haber usado el fraude para obtener la herencia paterna, que más se indentifica con EE.UU., donde vive la mayor parte del año, que con su país, y que explota a menores en sus bananeras. El dice que es un empresario ejemplar, cuyas cualidades gerenciales sacarán a Ecuador adelante. Ambos contrincantes sostienen que mantendrán Ecuador como el único país sudamericano que ha eliminado su moneda nacional para adoptar el dólar, y que llamarán administradores privados en empresas públicas. Noboa representa a los sectores que quieren una mayor apertura al mercado e inversionistas transnacionales. Gutiérrez pide intervención estatal en la economía. La cuestión colombiana es crucial para este país que una vez fue parte de la Gran Colombia. Para Noboa hay que poner visa a todos los colombianos y para Gutiérrez hay que buscar una conciliación entre Uribe y la guerrilla.
Los últimos dos presidentes constitucionales acabaron echados mediante protestas populares. Noboa y Gutiérrez ofrecen una imagen de caudillos populistas que podrían poner orden, uno como militar y amigo de los indígenas, y el otro como gran capitalista lleno de obras asistencialistas. Mas, ninguno de ellos tiene mayoría parlamentaria y la democracia ecuatoriana tiene una constante historia de polarización entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.
*Investigador de la London School of Economics & Political Sciences.
No obstante, aclaró que si se admite a las universidades privadas utilizar los las facilidades físicas y tecnológicas de los hospitales públicos, éstas deben pagar una justa compensación económica al centro hospitalario respectivo.
La funcionaria recomendó a la Universidad de Panamá, promover una reglamentación integral en torno al uso de las instalaciones hospitalarias oficiales, teniendo en cuenta a todos los sectores involucrados.
Aunque ambas universidades privadas han tenido acceso a las instalaciones hospitalarias del Ministerio de Salud para cumplir con las prácticas clínicas establecidas en sus respectivos planes de estudio, no deja de ser "importante" la experiencia que podrían adquirir los estudiantes en las instalaciones de la CSS.
Emperatriz de Quintero, decana de la Facultad de Medicina de la Columbus University, indicó que "la Columbus" tiene una cátedra de geriatría y de gerontología, y la única entidad que tiene estos servicios es la CSS. Por ello, agregó, les interesa acceder a esos servicios, para que sus estudiantes se fogueen allí. "El interés no es pelear espacios", aclaró.
Además, reconoce que la falta de acceso para los estudiantes a las instalaciones de la CSS está creando un vacío en su formación, porque se les está privando de la experiencia de atender poblaciones aseguradas, sobre todo a nivel primario, es decir, en los hospitales regionales.
Por su parte, Staff indicó que es importante que los futuros médicos se formen teniendo experiencias y conocimientos sobre las diferentes realidades de salud del país, y eso podría lograrse si también tienen acceso a la población panameña asegurada.
Tanto la Universidad Latina como la Columbus University han firmado "provechosos" convenios con el Ministerio de Salud (MINSA) y con los patronatos que regentan el Hospital Santo Tomás, el Hospital del Niño y el Hospital Nicolás Solano, lo que ha permitido las rotaciones clínicas de los estudiantes. También han podido utilizar algunos centros de salud del área metropolitana y San Miguelito.
Como parte de estos acuerdos, informaron Staff y Quintero, las universidades dan a los patronatos un aporte económico por cada estudiante y a la vez colaboraran con seminarios de actualización y mejoramiento académico de los médicos, enfermeras y profesionales afines que laboran en los hospitales.
Cada semestre el Patronato del Hospital Santo Tomás, por ejemplo, recibe B/. 150 por cada estudiante, lo que constituye una contribución importante si se toma en consideración que la Universidad Latina tiene unos 130 estudiantes en el nivel clínico, mientras que la Columbus University tiene aproximadamente 120.
Con satisfacción, Staff señaló que desde hace varios semestres la CSS ha seleccionado entre un 30% y un 40% de los egresados de la Universidad Latina para que realicen en sus instalaciones el internado que se exige como requisito previo para obtener la idoneidad.
A juicio de Staff, en esta relación, que ha sido productiva y de gran colaboración, el Seguro Social ha podido medir el trabajo y la calidad de la formación que reciben "nuestros egresados".
Por su parte, Quintero reconoció que la CSS también ha seleccionado a un número menor de sus egresados para el internado, no obstante, atribuyó esta situación a la necesidad de "recurso humano" que enfrenta la entidad de seguridad social, "porque ha sido objeto de muchas críticas por parte de la población que demanda servicios a tiempo y de calidad".
Con miras a buscar una solución a la distribución del estudiantado en todas las instalaciones hospitalarias del país, Carlos Staff recomendó definir cuáles son los hospitales con capacidad docente y cuál es la capacidad de recepción de estudiantes de cada uno de ellos y, sobre esa base, hacer una distribución equitativa de los espacios.
Esta distribución equitativa, agregó, debe estar contenida en un "plan nacional de rotación clínico-quirúrgica", que permita a todos los estudiantes pasar por las mismas experiencias, y acceder a una educación de calidad enmarcada en lo que el país demanda.
Asimismo sugirió que, como una forma de darle prioridad al estudiante de la UP, se les asignen los primeros espacios de las prácticas, pues esta facultad tiene un prestigio ganado que nadie puede poner en duda.
Por su parte, Emperatriz de Quintero considera que con organización y planificación puede hacerse un calendario de rotaciones clínicas, y se podrá comprobar que hay espacio para todos "y sobra", tal como lo han hecho la Columbus University y la Latina en las instalaciones del Ministerio de Salud.
En ese sentido, señaló que desde hace dos semestres, los estudiantes de ambas universidades realizan sus rotaciones en hospitales del MINSA y hasta ahora no se ha presentado "esa situación de desastres, que vislumbraba el decano Mendoza", quien aseguraba que los pacientes iban a estar muy demandados por los futuros médicos.
Ello es así, sostuvo, porque en los convenios se ha establecido que los preceptores clínicos, es decir, los funcionarios de la institución, no deben atender más de cinco estudiantes.
Para el decano de la Facultad de Medicina de la UP, Enrique Mendoza, un aspecto que no debe perderse de vista es que las universidades privadas son agentes económicos y, "desde una perspectiva ética, no deben lucrar con los bienes del Estado".
A su juicio, lo anterior es evidenciado en la reciente resolución N° 201-2756 de 25 de septiembre de 2002, dictada por la Dirección General de Ingresos y promulgada en la Gaceta Oficial, que elimina el privilegio que tenían las universidades privadas de no pagar el Impuesto a la Transferencia de Bienes Corporales Muebles.
Sobre este particular, Mendoza citó una noticia publicada en El Panamá América sobre este tema en la que se afirma que "fuentes del sector educativo consultados sobre la aplicación de esta medida explicaron que ésta obedece a que el Gobierno considera a la educación superior privada como un negocio bien lucrativo".
Sin embargo, para los voceros de las facultades de medicina particulares, éstas están llenando un vacío que existía en el país, pues vale recordar que previo a su creación, un número importante de jóvenes panameños que no alcanzaban un cupo para estudiar medicina y carreras afines en la Universidad de Panamá se iban al extranjero, lo que representa una gran fuga de divisas para el país.
Staff explicó que en el año de 1992 se realizó un estudio que determinó que anualmente once millones de dólares se escapaban del país, debido al alto número de jóvenes panameños que se iban a otros países a formarse en estas profesiones, no obstante, desconoce cómo ha cambiado esta situación en la actualidad.
Explicó que de no existir las nuevas facultades de medicina, quizás un tercio de los jóvenes que allí se forman, se hubiese ido a México, Costa Rica u otros países, mientras que los restantes no hubiesen podido continuar sus estudios y hubieran visto frustradas sus aspiraciones.

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