Ecuador y el centro antinarcóticos
Acaba de suscribirse un acuerdo por diez años, entre el ministro ecuatoriano de Relaciones Exteriores, Benjamín Ortiz y el embajador especial para el Hemisferio Occidental, Richard Brown, mediante el cual se autoriza que aviones norteamericanos monitoren, detecten y controlen las actividades de narcotráfico, partiendo de la utilización de la Base Aérea de Manta.
Este trascendental hecho fue recibido con júbilo, especialmente entre las autoridades, fuerzas productivas, líderes de las diversas organizaciones y ciudadanía del pintoresco puerto del Pacífico, que organizaron una copiosa manifestación de respaldo que llenó varias calles.
De manera coincidente con este histórico suceso, me encontraba en Manta, por invitación de la Facultad de Jurisprudencia, Ciencias Sociales y Políticas, de la Universidad Laica Eloy Alfaro, en cuyo paraninfo sustenté una conferencia sobre Problemas Comunes de América.
Se preguntó mi criterio respecto al funcionamiento de este importante centro, ante lo cual respondí que se trataba de un paso en la dirección correcta, en razón de que el narcotráfico constituye una colosal plaga de naturaleza eminentemente transnacional, y es en este mismo escenario donde se le debe enfrentar, partiendo de la recíproca ayuda de los gobiernos. Caso contrario, nada podrá hacerse de manera efectiva para neutralizar a este peligroso enemigo de la civilización.
No solamente Manta y la provincia de Manabí ganarán con la presencia norteamericana que constituye una magnífica inyección económica para los sectores productivos, en especial para el turismo y sus actividades conexas, debiéndose resaltar, además, los valiosos trabajos del mejoramiento del aeropuerto, de mantenimiento de los aviones ecuatorianos fabricados en los Estados Unidos, de capacitación y perfeccionamiento del personal de las Fuerzas Armadas del Ecuador y de la Policía Nacional, el hospedaje de más de doscientos efectivos estadounidenses y sus familias, que indudablemente dejarán significativos ingresos, además de ser un gran estímulo para convertir a Manta en Puerto de Transferencia Internacional.
Debido a que el centro responde a convenios internacionales firmados por el Ecuador para la lucha en contra del narcotráfico, como públicamente lo ha explicado el canciller Ortiz, y los pasos que se han dado para desembocar en la suscripción del acuerdo referido que se enmarca en lo que contempla el Derecho Internacional, de ninguna manera puede hablarse que se vulnera la soberanía.
Es todo lo contrario, la consolida, ya que el centro en referencia es una sólida base para evitar que los narcotraficantes sigan violando las fronteras geográficas y morales, al introducir sus malignas substancias y efectuar otras funestas acciones que mancillan diariamente la soberanía de las naciones.
La cercanía con Colombia, el país de mayor producción y comercialización de drogas ilícitas en el mundo, han convertido a Ecuador, como a las demás repúblicas colindantes, en lugares de alto riesgo. Es preciso indicar que en territorio ecuatoriano se han descubierto ya plantaciones y laboratorios ilícitos, donde no ha faltado la injerencia de los malandrines colombianos, lo que refleja, entre otros indicadores, la grave situación que requiere ser neutralizada a tiempo.
Desde la Base de Manta habrá acciones que proyecten seguridad y desarrollo para la región. En buena hora que así se proceda, de por medio el bienestar y el progreso del continente, afianzándose en la amistad y colaboración mutua entre los países.
Este trascendental hecho fue recibido con júbilo, especialmente entre las autoridades, fuerzas productivas, líderes de las diversas organizaciones y ciudadanía del pintoresco puerto del Pacífico, que organizaron una copiosa manifestación de respaldo que llenó varias calles.
De manera coincidente con este histórico suceso, me encontraba en Manta, por invitación de la Facultad de Jurisprudencia, Ciencias Sociales y Políticas, de la Universidad Laica Eloy Alfaro, en cuyo paraninfo sustenté una conferencia sobre Problemas Comunes de América.
Se preguntó mi criterio respecto al funcionamiento de este importante centro, ante lo cual respondí que se trataba de un paso en la dirección correcta, en razón de que el narcotráfico constituye una colosal plaga de naturaleza eminentemente transnacional, y es en este mismo escenario donde se le debe enfrentar, partiendo de la recíproca ayuda de los gobiernos. Caso contrario, nada podrá hacerse de manera efectiva para neutralizar a este peligroso enemigo de la civilización.
No solamente Manta y la provincia de Manabí ganarán con la presencia norteamericana que constituye una magnífica inyección económica para los sectores productivos, en especial para el turismo y sus actividades conexas, debiéndose resaltar, además, los valiosos trabajos del mejoramiento del aeropuerto, de mantenimiento de los aviones ecuatorianos fabricados en los Estados Unidos, de capacitación y perfeccionamiento del personal de las Fuerzas Armadas del Ecuador y de la Policía Nacional, el hospedaje de más de doscientos efectivos estadounidenses y sus familias, que indudablemente dejarán significativos ingresos, además de ser un gran estímulo para convertir a Manta en Puerto de Transferencia Internacional.
Debido a que el centro responde a convenios internacionales firmados por el Ecuador para la lucha en contra del narcotráfico, como públicamente lo ha explicado el canciller Ortiz, y los pasos que se han dado para desembocar en la suscripción del acuerdo referido que se enmarca en lo que contempla el Derecho Internacional, de ninguna manera puede hablarse que se vulnera la soberanía.
Es todo lo contrario, la consolida, ya que el centro en referencia es una sólida base para evitar que los narcotraficantes sigan violando las fronteras geográficas y morales, al introducir sus malignas substancias y efectuar otras funestas acciones que mancillan diariamente la soberanía de las naciones.
La cercanía con Colombia, el país de mayor producción y comercialización de drogas ilícitas en el mundo, han convertido a Ecuador, como a las demás repúblicas colindantes, en lugares de alto riesgo. Es preciso indicar que en territorio ecuatoriano se han descubierto ya plantaciones y laboratorios ilícitos, donde no ha faltado la injerencia de los malandrines colombianos, lo que refleja, entre otros indicadores, la grave situación que requiere ser neutralizada a tiempo.
Desde la Base de Manta habrá acciones que proyecten seguridad y desarrollo para la región. En buena hora que así se proceda, de por medio el bienestar y el progreso del continente, afianzándose en la amistad y colaboración mutua entre los países.