Educación
El problema de la educación deficiente en nuestro país es mucho más profundo de lo que parece. Por una parte, alarma que el porcentaje de los graduados de la escuela secundaria de la actual generación que fracasan en la prueba de admisión en la Universidad de Panamá debido a su deficiente preparación, sobrepasa con creces a los que sí califican para ingresar en ella.
Desventuradamente, en nuestro diario vivir también podemos constatar que abundan las personas de todas las edades, incluyendo a profesionales y figuras relevantes de cuerpos colegiados, en cuya generación ya la enseñanza era deficiente en la escuela primaria .
Hay adultos de 40 y 50 años de edad, y mayores aún, que lastimosamente no saben expresarse: hablan de negocios o decretos “por las cuales”; ignoran que los ordinales de once y doce son undécimo y duodécimo y disparatadamente los llaman onceavo y doceavo o décimo primero y décimo segundo.
Es corriente que cuando se debe escribir si no, se escriba sino y viceversa, y hay quienes al leer en voz alta la palabra sino la dividen en si no. Tampoco se sabe distinguir entre el y él, aun y aún, cuan y cuán, cuanto y cuánto, donde y dónde, como y cómo, etcétera. No los podemos culpar. No los educaron debidamente en la escuela primaria.
Hay muchísimas personas que escriben a diario pero entre las cuales abundan las que jamás se han tomado el trabajo de buscar en un diccionario el significado de las palabras, gramática, ortografía, léxico o semántica. Eso les sería muy beneficioso.
Ante lo expuesto hacemos un respetuoso llamado a los miembros de la Academia Panameña de la Lengua para que de vez en cuando ilustren a la población con comentarios sobre el lenguaje.