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Educación de calidad, ¿la cuarta será la vencida?


Mucho se habla de lo que necesita el sistema educativo para formar al ciudadano del presente y del futuro. Ese panameño que debe enfrentar la globalización y la liberación de los mercados, así como la competencia profesional y laboral. Por muchas décadas, la educación nacional se ha basado en la transmisión de conocimientos. Los alumnos han recibido clases de Historia, Matemática, Ciencia o Geografía, como si fueran saberes inmodificables. Igualmente, la educación cívica apuntó a enseñar el marco normativo de la sociedad, dando por sentado que su conocimiento generaría prácticas democráticas en los alumnos que luego ejercerían su deber y derecho ciudadanos. Pero, la experiencia ha demostrado que esta enseñanza no es garantía de que la gente aplique los conocimientos transmitidos en la escuela, a la resolución de los problemas de la vida cotidiana; ni que se comporte de acuerdo a los principios democráticos ni que sea tolerante, que no discrimine y que utilice el diálogo para resolver los conflictos que plantea la convivencia.

Si bien la escuela es un espacio privilegiado para que todos quienes participen en ella tomen en cuenta que el aprendizaje es una experiencia compartida, no se está aprovechando así. Por ello, se debe replantear la urgencia de que en los centros escolares se considere que los conocimientos no son certezas eternas y que son enunciados fundamentales que pueden ser cuestionados. Se deben analizar los problemas cotidianos exigiendo que las acciones, las maneras de pensar, los puntos de vista se fundamenten y sean objetos de reflexión. Es necesario meditar y argumentar reflexivamente sobre los conceptos de la ciencia, de los fenómenos que ocurren a nuestro alrededor y sus implicaciones en nuestra vida. Se debe retomar la enseñanza de las normas de comportamiento y de disciplina, las formas de convivir con los demás sobre el propio esquema de valores, la propia convivencia en los distintos grupos de los que formamos parte, el accionar de los otros, la relación de cada persona con el poder, nuestra capacidad de tolerancia, solidaridad, etc.

Debemos conseguir la transformación de la escuela de hoy por una escuela que enseñe a pensar. En esta escuela que soñamos todos para nuestros hijos y nietos, debe educarse a los escolares en el desarrollo de un pensamiento crítico y en la formación de habilidades científicas. Deben educarse para que aprendan a legitimar nuevas formas de organizar el trabajo social, ejercitar nuevos estilos de convivencia y nuevas formas de control y ejercicio del poder. Ese es el futuro educativo que permitirá que vivamos en una sociedad equitativa y justa.

¿Tendremos nuevas autoridades con la claridad de este nuevo enfoque? ¿Será posible que "alcancemos por fin la victoria" frente a la guerra contra todos los analfabetismos en nuestra sociedad y le daremos mayores oportunidades a las nuevas generaciones? ¿Será posible que todos esos empresarios que dicen luchar por una educación de calidad para obtener empleados que se desempeñen bien en los trabajos que ellos ofrecen, estén dispuestos a pagar salarios acordes a éstos? ¿Serán capaces lo educadores de reconocer dónde están las fallas y empezarán a producir el cambio?

El cambio que necesita nuestra ciudadanía sí puede ser conseguido desde las aulas, donde están los que pueden hacer posible una nueva realidad.

101 años de Panamá América

 
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