Educación de las fuerzas del orden
Es de todo punto de vista cierto, que en casi todo el continente, las amargas experiencias del pasado fundamentan la exigencia de incorporar una ética que salvaguarde el empleo legítimo de la fuerza. En algunos países se ha hecho hincapié en memorizar el pasado, destacando las dramáticas etapas de la historia inmediata, así como compensar a las víctimas de ésta y castigar temporalmente a algunos de los responsables de graves violaciones. Pero poco se ha realizado en el campo de la planificación y la implementación futura, esto es en la educación de las fuerzas del orden, para impedir la recurrencia de dichas violaciones de la democracia y los derechos humanos.
La gran mayoría coincide en que una manera importante de evitar el aumento de la violencia social y política es instruir a los sectores más vulnerables de la población en la exigencia de la protección de sus derechos; ejercitar y asesorar a los grupos activos de la sociedad civil en el control de las conductas de sus gobiernos, y perfeccionar y fortalecer a las instituciones representativas. Pero, aunque todas estas condiciones son necesarias para la consolidación de la democracia, ellas no son suficientes. No olvidemos que líderes demagogos y absolutistas pueden hacer, como lo han hecho en el pasado, uso y abuso de las fuerzas del orden resentidas y no pensantes, y convertirlas en un instrumento represivo y violador de los derechos humanos. Por eso, la preparación de una "cultura para la democracia" debe, por razones pragmáticas y programáticas, incluir la internacionalización de esos valores por los miembros de las fuerzas del orden. Y la pregunta ya no es si llevar a cabo esa empresa, sino cómo realizarla.
La idea de introducir el tema de la democracia y los derechos humanos en la enseñanza de las academias policiales y de los servicios de seguridad e inteligencia, posee, en primer lugar, una lógica similar a la que fundamenta la educación de la población general en estos temas. La apertura de "una ventana de oportunidades" es visible en muchos países del continente. En Panamá, estimamos nosotros, es mucho más visible. La meta pedagógica de esta posible empresa educativa no se restringe a llevar a cabo un trabajo memorizante, ni a presentar las reglas del juego del combatiente, ni a especificar castigos otorgados a los violadores de derecho humanos. La meta es aceptar una amplia comprensión del tema y enfocar aquellos abusos que podrían ser perpetuados por las fuerzas del orden. No se trata sólo de impartir conocimientos e información, sino de intentar instruir un modo de pensar similar al de los defensores de los derechos humanos.
Sería deseable, por demás, seguir el ejemplo de los países de la Comunidad Europea, que han iniciado la instrucción de los derechos humanos en las fuerzas armadas en América Latina. Tal es el caso de la instrucción de la policía de Brasil, llevado a cabo por Holanda o la realizada por España en las nuevas fuerzas de seguridad de El Salvador. Por otra parte, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos ha efectuado cursos breves para representantes de las fuerzas del orden, principalmente en San José, Costa Rica; asimismo, en algunos países (Perú y Ecuador), Organizaciones No Gubernamentales, con acceso a las academias militares y policiales han conducido cursos sobre el tema.
En resumen, para lograr este objetivo es necesario planificar una estrategia eficaz para la institucionalización del tema de la democracia y los derechos humanos en la educación de las fuerzas del orden, como tópico legítimo, prestigioso y regular en los establecimientos educativos de las fuerzas del orden, a lo cual contribuiría altamente la formación de una red de educadores y militares especializados.
¡Ciudadanas y ciudadanos panameños: el Canal es nuestro y debemos mejorarlo!
(*) Especialista en Planificación y Administración de la Educación.
Espero que estas opiniones -lejos de promover un voto personal que a nadie debiera importar excepto a quienes tengan intereses creados o a los fatuos heridos en su arrogancia- sean tomadas como meras observaciones de alguien con hábitos muy incómodos para una sociedad caprichosa y frívolamente dividida entre el Sí y el No, tales como: consultar la historia, perseguir la duda como método científico y sostener que la solidaridad es la mejor garantía de paz social y progreso humano. Y de ñapa: creer que el mejor negocio que puede hacerse con el Canal es abrirnos a los panameños, una amplia y segura vía hacia el campo feliz de la unión.
(drjcal@psi.net.pa)
La gran mayoría coincide en que una manera importante de evitar el aumento de la violencia social y política es instruir a los sectores más vulnerables de la población en la exigencia de la protección de sus derechos; ejercitar y asesorar a los grupos activos de la sociedad civil en el control de las conductas de sus gobiernos, y perfeccionar y fortalecer a las instituciones representativas. Pero, aunque todas estas condiciones son necesarias para la consolidación de la democracia, ellas no son suficientes. No olvidemos que líderes demagogos y absolutistas pueden hacer, como lo han hecho en el pasado, uso y abuso de las fuerzas del orden resentidas y no pensantes, y convertirlas en un instrumento represivo y violador de los derechos humanos. Por eso, la preparación de una "cultura para la democracia" debe, por razones pragmáticas y programáticas, incluir la internacionalización de esos valores por los miembros de las fuerzas del orden. Y la pregunta ya no es si llevar a cabo esa empresa, sino cómo realizarla.
La idea de introducir el tema de la democracia y los derechos humanos en la enseñanza de las academias policiales y de los servicios de seguridad e inteligencia, posee, en primer lugar, una lógica similar a la que fundamenta la educación de la población general en estos temas. La apertura de "una ventana de oportunidades" es visible en muchos países del continente. En Panamá, estimamos nosotros, es mucho más visible. La meta pedagógica de esta posible empresa educativa no se restringe a llevar a cabo un trabajo memorizante, ni a presentar las reglas del juego del combatiente, ni a especificar castigos otorgados a los violadores de derecho humanos. La meta es aceptar una amplia comprensión del tema y enfocar aquellos abusos que podrían ser perpetuados por las fuerzas del orden. No se trata sólo de impartir conocimientos e información, sino de intentar instruir un modo de pensar similar al de los defensores de los derechos humanos.
Sería deseable, por demás, seguir el ejemplo de los países de la Comunidad Europea, que han iniciado la instrucción de los derechos humanos en las fuerzas armadas en América Latina. Tal es el caso de la instrucción de la policía de Brasil, llevado a cabo por Holanda o la realizada por España en las nuevas fuerzas de seguridad de El Salvador. Por otra parte, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos ha efectuado cursos breves para representantes de las fuerzas del orden, principalmente en San José, Costa Rica; asimismo, en algunos países (Perú y Ecuador), Organizaciones No Gubernamentales, con acceso a las academias militares y policiales han conducido cursos sobre el tema.
En resumen, para lograr este objetivo es necesario planificar una estrategia eficaz para la institucionalización del tema de la democracia y los derechos humanos en la educación de las fuerzas del orden, como tópico legítimo, prestigioso y regular en los establecimientos educativos de las fuerzas del orden, a lo cual contribuiría altamente la formación de una red de educadores y militares especializados.
¡Ciudadanas y ciudadanos panameños: el Canal es nuestro y debemos mejorarlo!
(*) Especialista en Planificación y Administración de la Educación.
Espero que estas opiniones -lejos de promover un voto personal que a nadie debiera importar excepto a quienes tengan intereses creados o a los fatuos heridos en su arrogancia- sean tomadas como meras observaciones de alguien con hábitos muy incómodos para una sociedad caprichosa y frívolamente dividida entre el Sí y el No, tales como: consultar la historia, perseguir la duda como método científico y sostener que la solidaridad es la mejor garantía de paz social y progreso humano. Y de ñapa: creer que el mejor negocio que puede hacerse con el Canal es abrirnos a los panameños, una amplia y segura vía hacia el campo feliz de la unión.
(drjcal@psi.net.pa)