Educación, ingreso familiar y educación
Más allá de las dificultades de la cobertura, entre los elementos que en nuestro país limitan la posibilidad de que la educación adquiera un efectivo perfil de equidad, potenciándose como instrumento para la promoción de una ciudadanía bien formada y una fuerza de trabajo con elevada capacidad productiva, está el problema del porcentaje de reprobados, el cual, a su vez, se vincula con la deserción. En este caso se puede señalar que, de acuerdo a estadísticas oficiales, resulta que el 8.4% de los alumnos y alumnas matriculados en primaria no logran ser promovidos al próximo grado, dado que el 6.6% de los mismos son reprobados y 1.8% simplemente deserta. En el caso de la educación premedia y media la situación resulta aún más difícil. En este nivel el 21.2% de los matriculados son aplazados en menos de tres materias, el 9.9% es reprobado, mientras que el 3.9% deserta de las aulas.
Sin intentar negar los problemas internos del sistema educativo y su calidad, resulta importante destacar tres elementos vinculados al contexto económico y social que tienen la capacidad de incidir en dichas dificultades. En primer lugar, es evidente que el desempleo y el subempleo de los padres empujan tempranamente a los niños y niñas hacia la deserción, así como de manera prematura al mundo del trabajo. No debemos olvidar que, oficialmente, el 6.6% de la población económicamente activa está desocupada, mientras que el 42.8% de los trabajadores no agrícolas se encuentra en la informalidad. En segundo lugar, se encuentra el problema de la nutrición, siendo un hecho reconocido que una adecuada alimentación mejora las condiciones cognoscitivas y de aprovechamiento de los estudiantes. Teniendo en cuenta que, de acuerdo a la FAO, el 17% de la población se encuentra en condiciones de desnutrición se debe concluir que este problema debe ser tomado en cuenta entre los factores que conspiran en contra de los procesos de educación. En tercer lugar, las investigaciones realizadas a nivel internacional han demostrado, de manera contundente, que el nivel educativo de la familia y principalmente de la madre es un determinante significativo de la estabilidad y del rendimiento de los niños y niñas en el sistema educativo. Es así, por ejemplo, que los niños de hogares pobres que cuentan con padres con un nivel educativo bajo, reciben menos apoyo en el hogar para estudiar y realizar sus deberes escolares.
De lo anterior se desprende que el éxito en la transformación en los resultados de la educación depende, de manera no poco importante, de la presencia de un modelo económico que, a diferencia del existente, genere una sinergia entre empleo y educación. Además, resulta necesaria una política estatal que ligue la seguridad alimentaria con la educación, profundizando la entrega de alimentos en los centros educativos, la que, además, le adjudique una atención especial a los estudiantes provenientes de los hogares más pobres. Los planteamientos del MEDUCA centrados en elementos básicamente formales carece, lastimosamente, de esta perspectiva.