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Educación, medio para llegar al poder


Mucho he hablado sobre la importancia de la educación para colocarla en el centro del mundo y lograr el desarrollo. La importancia de la misma se magnifica en la medida en que logremos dar a todos, sin excepción, la oportunidad de sentir el poder de la instrucción, de ser dueños de los conocimientos que nos elevan a la cima de los poderes. Cuando se habla de saber, tiene que darse en el terreno de un aprender completo, no a medias. Cuando se elaboran programas de alfabetización, debe ser sobre la base de un aprendizaje que permita a esas personas entrar de lleno en la red de los conocimientos y poder aplicarlos para beneficio de su modus vivendi. No es enseñar a cancanear palabras que demuestren a las organizaciones internacionales que una persona más sabe leer y que bajen los índices de analfabetismo. Eso no es enseñar; eso es engañar. Cuando ese analfabeta maneje los números y las palabras para llevar adelante su negocio y sostener su familia, diremos que entró en los beneficiados por el saber.
Si bien es cierto que los conocimientos de algunos son el beneficio de muchos, no se trata sólo de ayudarlos a resolver sus problemas. Un médico tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de sus pacientes y curarles sus enfermedades, pero, tiene también el compromiso de enseñar a esos pacientes la medicina preventiva, cuyos conocimientos servirán para dar más salud y necesitar menos al médico.
Educar es la base de los deberes de cada ciudadano. Dar de sí sin pensar en sí es el lema del Club Rotario y que pongo en práctica antes de pertenecer orgullosamente a ese Club. Ofrecemos a los necesitados de instrucción lo que tuvimos la gracia Divina de obtener. Alfabetizar es sacar verdaderamente a las personas del estado relegado en que han vivido hasta entonces.
Existen personas que nacen con una inteligencia digna de ser desarrollada. Imagínenlos ellos si cuentan con inteligencia e instrucción. Todo ciudadano debe estar comprometido con sus compatriotas. La educación no sólo es la que adquiere en las escuelas; lo es también la que se aprende en el hogar, principalmente; la que se aprende en la vida. Enseñar no sólo es deber de los maestros en las aulas; lo es de cada uno a través de una escuela diaria, metódica o no; por experiencias propias o ajenas; contando lo vivido en la práctica cotidiana. Con ese sólo hecho, hacemos patria y los demás, no importa la edad, aprenderán.
Quien sabe tiene poder, tiene la oportunidad de acceder a los poderes sociales, económicos, políticos. Eso es lo que sucede a los países desarrollados con relación a nosotros. No les interesa que surjamos; buscan los poderes para una élite con quienes entenderse en el subdesarrollo y en el sojuzgamiento hacia nosotros.
A ningún dictador le interesa el progreso en la educación para evitar las protestas; igual están los países poderosos. Los gobernantes tienen que darle importancia a la educación. La revisión periódica de los sistemas educativos debe ir en concordancia a los adelantos del mundo. Esos sistemas no son estáticos y, por lo tanto, hay que cambiarlos cuando sea necesario.
El potencial instructivo de uno no es igual a los demás. Pero los sistemas educativos deben abarcar el interés de todos. La equidad en la educación combate la desigualdad en la distribución de la riqueza y abre el camino a la libertad y la democracia. Todo marcha de la mano; por esto estamos comprometidos a enseñar, cada uno desde sus posibilidades.
Para alcanzar la igualdad de oportunidades, la educación debe ser efectiva. Las mujeres luchamos por ella y ocupamos un puesto valioso en las universidades. Sólo así combatiremos la desigualdad y la discriminación.

101 años de Panamá América

 
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