Educación nacional deficitaria
Levantamos nuestra voz una y otra vez por Panamá y la educación nacional, porque la educación es la herramienta para que el país y cada uno de los panameños puedan alcanzar el objetivo del desarrollo. Tanto la estructura productiva del país como su vida cultural, requieren de un sistema educativo que brinde oportunidades y capacitación a todos. No obstante, aún después de más de una década de gobiernos democráticos (1990-2001), el panorama de la educación nacional sigue siendo un tanto sombrío.
El déficit actual del sistema educativo panameño no está en la cobertura, sino en la falta de planificación, en su baja calidad en relación a los desafíos científicos y tecnológicos, y en su poca eficacia para promover la equidad social. La calidad de la educación todavía (en la práctica) no ha pasado a ser un tema prioritario de las políticas públicas del actual gobierno. Por ejemplo, no se da el apoyo necesario a las escuelas básicas más deficitarias del país, es decir, un programa que apunte a dotarlas de recursos materiales didácticos y de apoyo pedagógico, especialmente aquellas escuelas ubicadas en áreas rurales y de extrema pobreza urbana. En pocas palabras, no existe en el Ministerio de Educación, en estos momentos, un programa de mejoramiento de la calidad de la educación, cuyo objetivo sea dotar, en los próximos cuatro años, a tantas escuelas como sea posible, de todos los recursos que necesitan para su labor.
En lo que dice la educación secundaria, la situación también es precaria: no existe siquiera un diagnóstico de la enseñanza media que permita aplicar un plan de renovación educativo ambicioso, destinado a poner el sistema educativo panameño a la altura de los desafíos del presente siglo. Esto es, un programa cuya magnitud no tenga precedentes y exprese el más amplio consenso técnico y político sobre lo que constituye una tarea nacional de educación. Urge, asimismo, un reforzamiento de la enseñanza técnico-profesional, que reciba un considerable aumento de aporte presupuestario. Esto permitirá la transformación de liceos científico-humanistas en liceos técnico-profesionales o polivalentes y la modernización de los planes de estudio, así como del equipamiento de dichos establecimientos.
Si a lo dicho agregamos, así sea en dos renglones, que pareciera no existir Dirección o Departamento alguno que no se ocupe de la planificación seria de construcción y reparación de edificios escolares, pues las condiciones físicas de los establecimientos escolares es lamentable por no decir pésimas. A propósito, nos complace hacer algunas recomendaciones.
Para el planteamiento y construcción de un edificio escolar se necesita de la asesoría de los educadores, especializados dentro de la ancha y venerable profesión. Así, por ejemplo: para la elección del terreno donde hayan de levantarse los edificios, nadie consultará a un educador especializado en las bellas letras. Se necesitará aquí de la experiencia prolongada de un educador que además de profesor de grado o de cátedra haya sido director y supervisor en diversos lugares del país. Para decidir sobre la distribución de los espacios, el educador que se necesita deberá haber sido, durante muchos años, administrador escolar, supervisor y director. Si salimos de las aulas y pasamos a la biblioteca, no cualquier educador puede proporcionar consejos: habrá que buscarlo con lupa. Lo mismo sucederá con los laboratorios, talleres, gimnasios y espacios destinados al deporte escolar.
Concluimos, entonces, diciendo que la planificación de cada edificio escolar (con mayor razón si se trata de un edificio piloto) requiere un asesoramiento múltiple en materia pedagógica. Pero, lamentablemente, de todo esto carecemos en el Ministerio de Educación. ¡Hasta aquí un esbozo del panorama educativo sombrío del Panamá de hoy!.
El déficit actual del sistema educativo panameño no está en la cobertura, sino en la falta de planificación, en su baja calidad en relación a los desafíos científicos y tecnológicos, y en su poca eficacia para promover la equidad social. La calidad de la educación todavía (en la práctica) no ha pasado a ser un tema prioritario de las políticas públicas del actual gobierno. Por ejemplo, no se da el apoyo necesario a las escuelas básicas más deficitarias del país, es decir, un programa que apunte a dotarlas de recursos materiales didácticos y de apoyo pedagógico, especialmente aquellas escuelas ubicadas en áreas rurales y de extrema pobreza urbana. En pocas palabras, no existe en el Ministerio de Educación, en estos momentos, un programa de mejoramiento de la calidad de la educación, cuyo objetivo sea dotar, en los próximos cuatro años, a tantas escuelas como sea posible, de todos los recursos que necesitan para su labor.
En lo que dice la educación secundaria, la situación también es precaria: no existe siquiera un diagnóstico de la enseñanza media que permita aplicar un plan de renovación educativo ambicioso, destinado a poner el sistema educativo panameño a la altura de los desafíos del presente siglo. Esto es, un programa cuya magnitud no tenga precedentes y exprese el más amplio consenso técnico y político sobre lo que constituye una tarea nacional de educación. Urge, asimismo, un reforzamiento de la enseñanza técnico-profesional, que reciba un considerable aumento de aporte presupuestario. Esto permitirá la transformación de liceos científico-humanistas en liceos técnico-profesionales o polivalentes y la modernización de los planes de estudio, así como del equipamiento de dichos establecimientos.
Si a lo dicho agregamos, así sea en dos renglones, que pareciera no existir Dirección o Departamento alguno que no se ocupe de la planificación seria de construcción y reparación de edificios escolares, pues las condiciones físicas de los establecimientos escolares es lamentable por no decir pésimas. A propósito, nos complace hacer algunas recomendaciones.
Para el planteamiento y construcción de un edificio escolar se necesita de la asesoría de los educadores, especializados dentro de la ancha y venerable profesión. Así, por ejemplo: para la elección del terreno donde hayan de levantarse los edificios, nadie consultará a un educador especializado en las bellas letras. Se necesitará aquí de la experiencia prolongada de un educador que además de profesor de grado o de cátedra haya sido director y supervisor en diversos lugares del país. Para decidir sobre la distribución de los espacios, el educador que se necesita deberá haber sido, durante muchos años, administrador escolar, supervisor y director. Si salimos de las aulas y pasamos a la biblioteca, no cualquier educador puede proporcionar consejos: habrá que buscarlo con lupa. Lo mismo sucederá con los laboratorios, talleres, gimnasios y espacios destinados al deporte escolar.
Concluimos, entonces, diciendo que la planificación de cada edificio escolar (con mayor razón si se trata de un edificio piloto) requiere un asesoramiento múltiple en materia pedagógica. Pero, lamentablemente, de todo esto carecemos en el Ministerio de Educación. ¡Hasta aquí un esbozo del panorama educativo sombrío del Panamá de hoy!.