Educación para el Hogar
El problema es que ni el ministerio del ramo, ni los educadores, ni los estudiantes, ni los padres de familia, hemos llegado a calibrar el tremendo potencial y trascendencia de la educación para el hogar como asignatura de estudios a nivel medio y primario. Porque uno puede olvidar el 80% de lo enseñado en la escuela, incluyendo materias tan apreciadas como Matemáticas, Química, Historia y Geografía, y sin embargo, poder vivir confortablemente sin ellas; pero no así sin una noción clara de lo que es la vida en familia.
Si lo meditamos bien, todo es pura teoría, la mayoría de las veces inútil, salvo en lo que concierna a determinada disciplina hacia la cual se oriente el estudiante en etapas superiores de su formación. Lo que importa es la aplicación de aquella amalgama heterogénea de conocimientos a la vida diaria y en especial en un mundo cada vez más difícil y competitivo.
Y no es que menospreciemos la importancia de otras asignaturas del programa de enseñanza. Todas son útiles en términos de cultura general, disciplina de estudios y orientación para el momento de decidir entre diversas opciones. Sin un vistazo general al bosque entero, difícilmente podría uno preferir y distinguir un árbol de otro. Por lo demás, una vez tomada la decisión de seguir una carrera y oficio, es de importancia capital contar con una sólida base cimentada desde los estudios primarios y secundarios.
La realidad, no obstante, es que muchos no continúan estudios superiores ni carreras u oficios alternativos, viéndose lanzados a la vida, donde la física, el cálculo, la historia y arte universal, difícilmente serán de utilidad práctica para administrar un sueldo o manejar un presupuesto casero o hacer supermercado.
En consecuencia, proponemos reforzar la enseñanza de la Educación para el Hogar en forma integral, que involucre no sólo los aspectos éticos y morales sino también los rudimentos sobre cómo alimentarse bien a menor costo y cómo preparar y conservar los alimentos, además de cómo llevar eficientemente las finanzas individuales y del hogar. Bajo esa orientación, se podrían hacer bellezas y mejores personas.
Por ejemplo, a un ciudadano común que cobra su primer sueldo, puede que no se le ocurra cosa mejor que ir a celebrar con sus amigos en vez de ahorrar, porque no sabe cómo administrar sus bienes. Del mismo modo, una joven pareja, puede no saber las ventajas de acudir directamente a un crédito bancario que al mueblero como intermediario. Del mismo modo, puede que no sepa examinar las mejores opciones para comprar una casa, refundir deudas, sobrevivir con salarios mínimos, la ventaja del ahorro, la planificación familiar, la convivencia entre parejas, etc. Se trata de una educación para la vida, que es lo que al final cuenta.
Si lo meditamos bien, todo es pura teoría, la mayoría de las veces inútil, salvo en lo que concierna a determinada disciplina hacia la cual se oriente el estudiante en etapas superiores de su formación. Lo que importa es la aplicación de aquella amalgama heterogénea de conocimientos a la vida diaria y en especial en un mundo cada vez más difícil y competitivo.
Y no es que menospreciemos la importancia de otras asignaturas del programa de enseñanza. Todas son útiles en términos de cultura general, disciplina de estudios y orientación para el momento de decidir entre diversas opciones. Sin un vistazo general al bosque entero, difícilmente podría uno preferir y distinguir un árbol de otro. Por lo demás, una vez tomada la decisión de seguir una carrera y oficio, es de importancia capital contar con una sólida base cimentada desde los estudios primarios y secundarios.
La realidad, no obstante, es que muchos no continúan estudios superiores ni carreras u oficios alternativos, viéndose lanzados a la vida, donde la física, el cálculo, la historia y arte universal, difícilmente serán de utilidad práctica para administrar un sueldo o manejar un presupuesto casero o hacer supermercado.
En consecuencia, proponemos reforzar la enseñanza de la Educación para el Hogar en forma integral, que involucre no sólo los aspectos éticos y morales sino también los rudimentos sobre cómo alimentarse bien a menor costo y cómo preparar y conservar los alimentos, además de cómo llevar eficientemente las finanzas individuales y del hogar. Bajo esa orientación, se podrían hacer bellezas y mejores personas.
Por ejemplo, a un ciudadano común que cobra su primer sueldo, puede que no se le ocurra cosa mejor que ir a celebrar con sus amigos en vez de ahorrar, porque no sabe cómo administrar sus bienes. Del mismo modo, una joven pareja, puede no saber las ventajas de acudir directamente a un crédito bancario que al mueblero como intermediario. Del mismo modo, puede que no sepa examinar las mejores opciones para comprar una casa, refundir deudas, sobrevivir con salarios mínimos, la ventaja del ahorro, la planificación familiar, la convivencia entre parejas, etc. Se trata de una educación para la vida, que es lo que al final cuenta.