Educación que cambia vidas
HACE UNAS semanas en Madrid, se lanzó el Plan Iberoamericano de Alfabetización y Educación Básica de Personas jóvenes y Adultas, 2007-2015, cuyo objetivo es conseguir la alfabetización plena de los más de 34 millones de analfabetos y de 110 millones de adultos jóvenes para que completen la educación básica en Latinoamérica.
En el acto intervinieron muchas personalidades, entre ellas, el Príncipe de Asturias; pero una plebeya nicaragüense nos impactó a todos con su testimonio, el que compartimos:
"Reciban de mi parte un emotivo y fuerte saludo con el que quiero trasmitir todo mi agradecimiento. Soy Cruz del Carmen, tengo 33 años, nicaragüense, nacida en la ciudad de El Viejo, departamento de Chinandega, ubicado al occidente del país; soy madre de 6 hijos con edades entre 5 a 17 años. Actualmente resido en un barrio periférico de la ciudad de León.
Desde muy niña crecí al amparo y cuidado de una tía materna, ya que mi mamá padece de epilepsia, por lo que mi tía nos cuidaba a ambas.
La situación económica de mi tía era muy precaria, por lo que no pude culminar mis estudios de Educación Primaria por no poder adquirir mis utensilios escolares. En esos años pasamos muchas dificultades económicas, por lo que me vi en la necesidad de salir por las calles de mi pueblo a vender un dulce típico llamado dulce de leche y las pocas ganancias que obtenía las utilizaba para compra alimentos y medicinas.
Por la falta de apoyo y orientación de mis verdaderos padres, me embaracé a temprana edad, lo que vino a complicar más mi situación, lo que me imposibilitó continuar estudiando. Entonces me vi en la necesidad de trabajar como empleada doméstica. Realizando este trabajo sólo recibía el salario mínimo. Después conocí al que es mi esposo llamado Mauricio Julián Ríos, quien es artesano. Después de un tiempo me trasladé a vivir con mi suegra, quien tenía una astuta amiga que con engaño le hizo firmar unos documentos donde decía que le cedía la propiedad. Eso sucedió porque ella no sabía leer ni escribir. Cuando se dio cuenta del error cometido se enfermó y falleció. Al mes de fallecida, dicha persona llegó con el juez y la policía a desalojarnos de la forma más violenta. No escucharon ni llantos ni súplicas y sin ninguna consideración nos echaron a la calle a un parque público donde pasábamos a la voluntad de Dios alimentándonos con ayuda de los amigos.
Todo este sufrimiento lo viví en diciembre del año 2004. Fue una fecha muy especial, ya que se celebraba la navidad. Pero unos amigos al ver la situación en que me encontraba hablaron con el alcalde de la ciudad, quien mandó a verificar mi realidad. Muy caritativamente nos regaló un terreno donde construimos una casita con latas, plásticos y ripios. Perdimos todo incluyendo el taller mi esposo y los materiales para trabajar. Todo era un desastre. En ese momento sentía que se había terminado mi vida, mi autoestima quedó por el suelo. No sabía qué hacer, ni qué decir.
Días después me visitaron dos jóvenes y me preguntaron por qué estaba viviendo así, les conté mi historia y ellas me invitaron a estudiar. Eran dos promotoras del Programa de Educación Básica de jóvenes y adultos. Comencé a asistir a las clases y nos entregaron los materiales de forma gratuita. Era difícil por los niños, pero lo pude y lo quise hacer. Todo esto me trajo estabilidad emocional gracias al apoyo de mi profesora y mis compañeras.
Estando en este programa me ofrecieron participar en los cursos de habilitación laboral para poder obtener el sustento de mis hijos. Me ofrecieron varias especialidades: corte y confección, belleza, repostería y otras. Me decidí por estudiar belleza general por dos fuertes motivos: uno, porque me gusta; y otro, es porque podía conseguir los materiales para empezar pronto.
Estudié mi tercer nivel de educación básica y a la par el curso de habilitación laboral, y con mucho esfuerzo logré terminar mis estudios y obtuve dos certificados: de conclusión de estudio de primaria y el otro certificado de habitación laboral. Para poner en práctica mis conocimientos, solicité un crédito en "Pro-Mujer". Compré los útiles básicos para pedicura y manicura y con mi diploma y unas tarjetas de anuncio, visité casa por casa a posibles clientas y con mi primer pago pude llevar alimentación a mi familia y actualmente es con lo que cubro algunas necesidades de mis hijos. Ahora tengo bastantes clientas y aunque todavía mi esposo no ha recuperado su negocio y mi casa está por hacer, puedo mantener a mis hijos y todos niños y niñas van a la escuela lo que yo no pude hacer.
La educación de jóvenes y adultos no sólo me ofreció la posibilidad de formarme y de tener un oficio. Sirvió para recuperar mi autoestima además de muchos valores como es el respeto, ser honesto, honrado, a educar y, cuidar a nuestros hijos, superarnos y a tener metas en nuestras vidas.
Hoy, aquí frente a ustedes amigos y amigas, les pido de todo corazón que continúen apoyando a Nicaragua y a toda América Latina a personas que como yo tienen deseos de superación pero no contamos con esta oportunidad.
Señores, a través de esta humilde representante beneficiaria por su apoyo les pide que continúe su asistencia para ofrecer una mejor oportunidad de estudio y de preparación laboral, a aquellas personas analfabetas y sin preparación técnica para que podamos integrarnos al mundo del trabajo y así mejorar el entorno familiar y de nuestras comunidades. Quiero dejar un mensaje a todos. Las necesidades de Nicaragua y toda Latinoamérica son múltiples, por lo cual les pido y solicito a ustedes para que en la medida de sus posibilidades nos acompañen en nuestra marcha para logar una vida que dignifique a nuestras familias".
raulleisr@hotmail.com
En el acto intervinieron muchas personalidades, entre ellas, el Príncipe de Asturias; pero una plebeya nicaragüense nos impactó a todos con su testimonio, el que compartimos:
"Reciban de mi parte un emotivo y fuerte saludo con el que quiero trasmitir todo mi agradecimiento. Soy Cruz del Carmen, tengo 33 años, nicaragüense, nacida en la ciudad de El Viejo, departamento de Chinandega, ubicado al occidente del país; soy madre de 6 hijos con edades entre 5 a 17 años. Actualmente resido en un barrio periférico de la ciudad de León.
Desde muy niña crecí al amparo y cuidado de una tía materna, ya que mi mamá padece de epilepsia, por lo que mi tía nos cuidaba a ambas.
La situación económica de mi tía era muy precaria, por lo que no pude culminar mis estudios de Educación Primaria por no poder adquirir mis utensilios escolares. En esos años pasamos muchas dificultades económicas, por lo que me vi en la necesidad de salir por las calles de mi pueblo a vender un dulce típico llamado dulce de leche y las pocas ganancias que obtenía las utilizaba para compra alimentos y medicinas.
Por la falta de apoyo y orientación de mis verdaderos padres, me embaracé a temprana edad, lo que vino a complicar más mi situación, lo que me imposibilitó continuar estudiando. Entonces me vi en la necesidad de trabajar como empleada doméstica. Realizando este trabajo sólo recibía el salario mínimo. Después conocí al que es mi esposo llamado Mauricio Julián Ríos, quien es artesano. Después de un tiempo me trasladé a vivir con mi suegra, quien tenía una astuta amiga que con engaño le hizo firmar unos documentos donde decía que le cedía la propiedad. Eso sucedió porque ella no sabía leer ni escribir. Cuando se dio cuenta del error cometido se enfermó y falleció. Al mes de fallecida, dicha persona llegó con el juez y la policía a desalojarnos de la forma más violenta. No escucharon ni llantos ni súplicas y sin ninguna consideración nos echaron a la calle a un parque público donde pasábamos a la voluntad de Dios alimentándonos con ayuda de los amigos.
Todo este sufrimiento lo viví en diciembre del año 2004. Fue una fecha muy especial, ya que se celebraba la navidad. Pero unos amigos al ver la situación en que me encontraba hablaron con el alcalde de la ciudad, quien mandó a verificar mi realidad. Muy caritativamente nos regaló un terreno donde construimos una casita con latas, plásticos y ripios. Perdimos todo incluyendo el taller mi esposo y los materiales para trabajar. Todo era un desastre. En ese momento sentía que se había terminado mi vida, mi autoestima quedó por el suelo. No sabía qué hacer, ni qué decir.
Días después me visitaron dos jóvenes y me preguntaron por qué estaba viviendo así, les conté mi historia y ellas me invitaron a estudiar. Eran dos promotoras del Programa de Educación Básica de jóvenes y adultos. Comencé a asistir a las clases y nos entregaron los materiales de forma gratuita. Era difícil por los niños, pero lo pude y lo quise hacer. Todo esto me trajo estabilidad emocional gracias al apoyo de mi profesora y mis compañeras.
Estando en este programa me ofrecieron participar en los cursos de habilitación laboral para poder obtener el sustento de mis hijos. Me ofrecieron varias especialidades: corte y confección, belleza, repostería y otras. Me decidí por estudiar belleza general por dos fuertes motivos: uno, porque me gusta; y otro, es porque podía conseguir los materiales para empezar pronto.
Estudié mi tercer nivel de educación básica y a la par el curso de habilitación laboral, y con mucho esfuerzo logré terminar mis estudios y obtuve dos certificados: de conclusión de estudio de primaria y el otro certificado de habitación laboral. Para poner en práctica mis conocimientos, solicité un crédito en "Pro-Mujer". Compré los útiles básicos para pedicura y manicura y con mi diploma y unas tarjetas de anuncio, visité casa por casa a posibles clientas y con mi primer pago pude llevar alimentación a mi familia y actualmente es con lo que cubro algunas necesidades de mis hijos. Ahora tengo bastantes clientas y aunque todavía mi esposo no ha recuperado su negocio y mi casa está por hacer, puedo mantener a mis hijos y todos niños y niñas van a la escuela lo que yo no pude hacer.
La educación de jóvenes y adultos no sólo me ofreció la posibilidad de formarme y de tener un oficio. Sirvió para recuperar mi autoestima además de muchos valores como es el respeto, ser honesto, honrado, a educar y, cuidar a nuestros hijos, superarnos y a tener metas en nuestras vidas.
Hoy, aquí frente a ustedes amigos y amigas, les pido de todo corazón que continúen apoyando a Nicaragua y a toda América Latina a personas que como yo tienen deseos de superación pero no contamos con esta oportunidad.
Señores, a través de esta humilde representante beneficiaria por su apoyo les pide que continúe su asistencia para ofrecer una mejor oportunidad de estudio y de preparación laboral, a aquellas personas analfabetas y sin preparación técnica para que podamos integrarnos al mundo del trabajo y así mejorar el entorno familiar y de nuestras comunidades. Quiero dejar un mensaje a todos. Las necesidades de Nicaragua y toda Latinoamérica son múltiples, por lo cual les pido y solicito a ustedes para que en la medida de sus posibilidades nos acompañen en nuestra marcha para logar una vida que dignifique a nuestras familias".
raulleisr@hotmail.com