Educación sexual
Quiero hacer una invitación como panameña a todas esas personas que no conocen el proyecto de ley No. 442, a que lo lean. Quiero que todos aquellos que se dicen defensores de la vida profundicen en él y se den cuenta de lo general que es, a ver si a la hora de lanzar campañas publicitarias para despistar al pueblo, y fomentar desorden y confusión en la mente de miles de panameños, razonan con la moral que pregonan, la moral cristiana de la que hacen alarde.
¿En dónde está la moral a la hora de promover el terror en la mente de miles de padres de familia?, ¿en dónde dejaron a Cristo a la hora de financiar campañas radiales promoviendo la Pedofilia? ¿Acaso lo dejaron esperando en la mesa del comedor a que volvieran de sus andanzas en contra de la salud del pueblo?
Con todo el respeto que se merecen las señoras y los sacerdotes que están en contra del proyecto de ley, hoy quisiera llamarlos a la reflexión, auténticamente cristiana, de darle la posibilidad a miles de jóvenes panameños para que se eduquen, de que se instruyan, de darle la oportunidad a nuestros jóvenes de tener herramientas para abordar los problemas de la sociedad actual que, por si no lo habían notado, los bombardea día tras día, de sexo, desde una simple y vulgar valla publicitaria hasta la telenovela de las siete.
Tal vez sus hijos que van a una escuela de monjas jamás tengan contacto con esta sociedad (aunque para eso deben ustedes encerrarlos en un convento), sin embargo mis hijos sí tendrán contacto con la misma cada vez más violenta y cada vez más bombardeada de sexo en cada esquina. Permitan que mis hijos tengan herramientas, tengan conocimientos y argumentos para defenderse, permítanme esto a mí, que soy tan ignorante; a mí que vivo en Curundú y no en Paitilla; a mí que soy madre trabajadora y no les dedico todo el tiempo que se merecen; a mí que soy madre-padre a la vez; a mí que soy padre-madre; a mí que soy abuela y no sé cómo explicarles; a mí que soy niño y quiero saber qué es eso que sale en la novela. Estamos en el año jubilar Paulino, y Pablo, según la Iglesia católica, nos invita a conocernos a nosotros mismo. Permítanles a los jóvenes panameños, conocerse a sí mismos, no sólo como seres humanos, niños o niñas, sino como seres sociales, y sexuales, sin que por ello acarren un sentimiento de culpa eterno. No se sientan ofendidos cuando se les dice que los niños también son seres sexuales. No abran la boca tan grande cuando se les explica lo que significa el término "Onanismo" o cuando su hijo de tres años les pregunta qué tiene entre las piernas. Desde que nacemos somos seres sexuales. Busquen orientación médica y lo entenderán.