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Educación superior, desarrollo y más empleo


"Los gobiernos no pueden explicar por qué los recursos no llegan a los pobres". Informe del PNUD sobre la pobreza 2000. Mientras que los políticos se disputan en la Asamblea Legislativa los fondos públicos ahorrados por los panameños en los últimos 30 años, el país continúa paralizado. Los US$1.3 mil millones que están en el Fondo Fiduciario tiene el efecto de un narcótico sobre el Ejecutivo y su gabinete. La única iniciativa gubernamental se reduce a propuestas para repartirse los fondos entre políticos y financistas. El hecho que la educación se encuentra en el peor estado de la historia nacional parece no preocupar a los políticos y a sus amigos que sólo ven el brillo dorado de los ahorros nacionales.
Entre las características más sobresalientes de la crisis de la educación es la falta de proyectos alternos o visiones de las demandas del futuro. Los grandes ideólogos de la pedagogía norteamericana anuncian una era de la automatización. Los europeos se disputan entre nociones post-modernas y humanistas.
Panamá no se queda muy atrás en relación a las propuestas educativas. Hay una sola diferencia que debe ser subrayada. Mientras que en EUU y Europa se buscan abrir caminos nuevos, en Panamá los ideólogos y los políticos han perdido el camino.
Recientemente, un diario de la capital (La Prensa, 28 de mayo de 2000, p39A) informaba "que los problemas educativos del país no se deben tanto a la cantidad de recursos destinados al sector...sino al uso (d)eficiente de éstos... Desde un exceso de atención prestada a la formación universitaria, por encima de la formación preescolar y primaria, hasta la falta de recursos para la formación vocacional..."
Este aparente contraste, entre formación universitaria y educación básica, fue introducido por el Banco Mundial hace algunos lustros. Sin embargo, la institución financiera corrigió su posición sobre este aspecto hace varios años. A pesar de que el Banco Mundial abandonó esta visión, aún sigue siendo popular entre los enemigos de la educación hacer alusión a esta incongruencia.
En el mismo diario, en la misma fecha, se publica un artículo de J. Antonio Ocampo, secretario general ejecutivo de la CEPAL, quien dice "que se requieren 11 o 12 años de educación para tener una alta alternativa de no caer en la pobreza. Se requieren, además, empleos suficientes, de calidad... Es fundamental trabajar en la consolidación de una cultura ciudadana, basada en la identidad con propósitos colectivos, la tolerancia frente a la diferencia y la solución negociada de los conflictos". (p49A)
En el mismo diario y también en la misma fecha, otra noticia destaca el creciente número de empresas "acosados por la falta de mano de obra inteligente" en los países desarrollados. Citando a la revista norteamericana Fortune, la noticia señala que "en EEUU se crearán 1.6 millones de empleos en poco más de un año en el área de la computación, internet y telecomunicaciones". (p50A)
La Prensa informa, en contraste, que en Panamá la productividad del trabajo disminuyó entre 1990 y 1998 en un 1.2 por ciento. Entre las razones de esta disminución, se destaca la falta de inversión en tecnología y la no formación de los trabajadores. En este renglón de formación hay que incluir, igualmente, a los jóvenes empresarios quienes no están adiestrados para transformar sus empresas y hacerlas competitivas. Mientras que en EEUU no hay personal suficiente para satisfacer la demanda de especialistas en tecnologías informáticas, en Panamá apenas hay empresas que invierten en tecnologías de punta. A la vez, las universidades no ofrecen carreras de alta tecnología por falta de recursos.
En vez de aumentar en forma irresponsable los presupuestos de la Presidencia de la República y de la Asamblea Legislativa, el país debe abocarse a invertir sus ahorros en la educación de la juventud. Es la manera correcta y ética de asegurarle a las generaciones que legaron esos ahorros que serán invertidos en formar a los trabajadores del futuro.
La inversión debe ser universal y, a la vez, selectiva. Por un lado, hay que disminuir las tasas de abandono en los niveles básicos de educación. Son estos mismos adolescentes que abandonan las aulas quienes después quedan desempleados y aspirando a ingresar al sector informal. Por el otro lado, hay que aumentar la formación de jóvenes en las carreras tecnológicas que garanticen el aumento de su productividad. En este último renglón hay que incluir a los jóvenes empresarios quienes se encuentran desfasados. Es la única vía para combatir el desempleo y la pobreza.

101 años de Panamá América

 
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