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Educación y moral


Este rubro era antes objeto de rigurosa evaluación académica, particularmente a nivel primario. Ciertamente, nunca fue una asignatura formal, pero los educadores de antaño le daban vigencia plena, como si lo fuese.
En las últimas décadas, la moral y las buenas costumbres, fueron perdiendo terreno hasta desaparecer en la práctica de los planes de estudio. Y es más, en el grupo de asignaturas básicas proyectadas en los nuevos planes de estudio, ni siquiera se le menciona. Ella ha cedido todo espacio e interés a las matemáticas, informática, estudios sociales y otros.
De allí que no es de extrañar que en los seminarios dedicados al perfeccionamiento de profesiones y oficios, los espacios relativos a la ética se den frente a sillas vacías y asistentes somnolientos.
El abogado, el médico, el economista y el ingeniero, entre otros es dotado de herramientas y conocimientos para ganarse la vida a base de servir a los demás con sus servicios y conocimientos. Pero desafortunadamente muchos no aprenden de las aulas y la vida más ética que la del éxito a cualquier precio. Todo está supeditado al éxito, incluso la palabra, el honor, los valores y la propia conciencia. Es la ley del más fuerte, del más hábil o del más abusador o inteligente, dependiendo de cómo se mire.
El resultado conduce a una generación tras otra de insensibles autómatas hacedores de dinero, que no vacilan en caer en la corrupción, el abuso y los delitos, con tal de llegar a la cima. Así el fenómeno se manifiesta y extiende a un gobierno corrupto, funcionarios venales, banqueros inescrupulosos, comerciantes insensibles al problema ajeno, prestadores de servicios que no son sino estafadores, trabajadores irresponsables y empleadores de mentalidad explotadora.
Cuando los mercados asiáticos se derrumbaron el año pasado, causando un debacle financiero que no termina, no fue a causa de insuficiencia en su infalible maquinaria de producción industrial, que continúa igual de eficiente en medio de la crisis; sino por la acumulación y generalización en altas esferas del mundo gubernamental y empresarial, de condenables prácticas de corrupción y de vernalidad que contaminó a sus bancos y a todo su aparato productivo.
No es pues casualidad que en la Cumbre de Mandatarios de las Américas, celebrada en Santiago de Chile la semana pasada, se aprobara por unanimidad, "incorporar a los planes educativos la enseñanza de principios éticos y la promoción de los valores solidarios". Nuestros ciudadanos han de tener claro que valores tales como la honestidad, la honradez, la nobleza, la lealtad y la responsabilidad, entre otros, constituyen un valioso activo, que rinde buenos frutos, aun en un mundo competitivo y globalizado.

101 años de Panamá América

 
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