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Educadores y el cambio


Será necesario redoblar los esfuerzos para convencer a los educadores que han manifestado su inconformidad con la reforma curricular planteada por el Ministerio de Educación, si queremos garantizar la efectividad del cambio que requiere el sistema educativo. Los que han llevado adelante reformas similares en otros países saben que sin la participación y colaboración de los profesores y maestros, no es posible lograr mejoras sostenibles en este campo. No se trata de invitarlos a unirse a un proceso que les resulta ajeno e impuesto, sino en integrarlos como protagonistas del mismo, con objeto de traducir los objetivos del cambio, en acciones concretas frente al salón de clases cuya realidad ellos manejan. La situación no es fácil de enfrentar porque se les exige que asuman un nuevo papel moderno y eficaz cuando sus condiciones de trabajo y su desarrollo profesional no merecen igual importancia dentro de la propuesta planteada. Es imprescindible mantener canales de diálogo abiertos con los gremios de educadores a pesar de todas las dificultades, mejorar con urgencia la condición de los centros educativos en infraestructura y equipo, y proponer fórmulas para motivar a los maestros y profesores que cumplen su importante labor social día a día. No debemos alentar ni el radicalismo de los que reaccionan con actitudes violentas a la transformación curricular, ni el maniqueísmo de los que pretenden dividir a los educadores en buenos y malos dependiendo de su posición frente a la misma. Asumir que todo educador que no está de acuerdo con la transformación propuesta es un enemigo del cambio sería convertir este notable esfuerzo por mejorar la educación en otro fracaso que Panamá no puede darse el lujo de sufrir.

101 años de Panamá América

 
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