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Educar para la democracia


Si una de las cualidades que debe tener toda democracia es que sea representativa, y que buscando un equilibrio entre los poderes evite el autoritarismo y el mal uso de la libertad. Entonces, la participación de jóvenes en la gerencia política es fundamental para garantizar una buena calidad democrática, siempre y cuando éstos tengan una formación basada en principios y valores sólidos como la tolerancia, justicia y respeto.
Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al menos el 54% de la región latinoamericana es menor de 25 años. Estas cifras nos revelan la importancia que tiene la educación para la democracia en los jóvenes líderes de nuestros naciones.
Precisamente en ente sentido, los Estados Miembros de la OEA, crearon en 1991 la Unidad para la Promoción de la Democracia (UPD), como un instrumento de mediano y largo plazo en el fortalecimiento de instituciones democráticas y en la promoción de valores y prácticas que estén acordes con ello. Uno de sus mayores esfuerzos ha sido es estimular la apropiación de conocimientos y técnicas para realizar una buena práctica de la gerencia política moderna.
La UPD está convencida que a través de la educación pueden contribuir eficazmente a mejorar la capacidad y efectividad en la gestión gubernamental.
Los ejemplos concretos en los que se pueden aplicar las prácticas democráticas son en la mejora de la relación gobierno - ciudadanía, conocimiento de la opinión pública, coordinación adecuada para diseñar y ejecutar políticas públicas, así como en una mayor transparencia en la rendición de fondos.
Por lo tanto, los temas que debe comprender esta formación deben ser: teoría y práctica de la democracia; funcionamiento de las instituciones democráticas (poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial); papel de los partidos políticos; sistemas electorales; los medios de comunicación y sociedad civil; principales valores de la cultura política democrática, entre otros.
Los problemas que afronta la sociedad moderna, deben ser manejados por personas que estén a la altura de encararlos adecuadamente. Por ello no basta con proveer conocimiento en los jóvenes, sino también permitirles aumentar su experiencia en prácticas democráticas a través de la participación. Esto con el fin de que el aporte que puedan brindar a la gestión gubernamental sea más efectivo.
Si la calidad de la democracia depende del tipo de liderazgo que la conduce. Entonces es imprescindible que se formen líderes proactivos, con buenos comportamiento éticos y una alta sensibilidad social. De este modo, la educación cobraría su verdadero sentido en la sociedad: formar líderes que sepan afrontar situaciones personales y sociales difíciles.
En América Latina, la UPD y la Graduate School of Political Management (GSPM) ya ha capacitado cerca de 500 jóvenes en democracia. De este modo se promueve la formación de una masa crítica de liderazgo que empiece a colaborar con el quehacer político democrático.
A los jóvenes líderes debe enseñárseles a actuar no sólo en medios del éxito sino también del fracaso. Porque es justamente en medio de las situaciones difíciles donde se mide el aprendizaje para asumir con madurez los errores y lograr la excelencia en el actuar social2.
Este tipo de visión de la educación es la que debe tenerse en cuenta al momento de formar a nuestros jóvenes líderes, pues cuando tengan que desempeñar un cargo público, sepan manejar situaciones sociales de manera alturada y sin poner en riesgo la democracia. Esta consigna de un buen ejercicio de las funciones ciudadanas y de la participación juvenil es fundamental, en procesos de transición democrática, corrupción y violaciones de derechos humanos que viven varios países latinoamericanos.
La educación para la democracia, por tanto, exige ciudadanos jóvenes que con su actuar respondan adecuadamente a los retos políticos y sociales que nuestras naciones nos plantean.

101 años de Panamá América

 
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