Educar sí, pero con calidad
A estas alturas de la historia del mundo, para nadie debería ser un secreto que la única fórmula capaz de romper la inequidad producida por la desigualdad en las oportunidades, es la educación.
Nuestras autoridades lo saben. Tanto el Ministro de Educación como los rectores de las universidades oficiales, están conscientes que el gran desafío del siglo XXI para que Panamá logre insertarse con éxito en un mundo globalizado, competitivo y salvajemente comercializado, es casi que exclusivamente lograr que el Estado pueda competir en calidad con la educación que se imparte en las escuelas, colegios y universidades particulares.
De hecho, la Universidad de Panamá fue durante mucho tiempo la proveedora de los mejores profesionales de la República. Igual puede decirse de escuelas y colegios insignes como el Manuel María Tejada Roca en Las Tablas, o el Instituto Nacional o el José Antonio Remón Cantera en la capital; o la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena en Santiago de Veraguas; el Félix Olivares en San José de David; o el Abel Bravo en Colón.
Eran tiempos en que los medios no teníamos la penosa necesidad de informar sobre tal o cual escándalo en el manejo de los fondos destinados a los colegios oficiales, ni mucho menos sobre desfalcos en las asociaciones de padres de familia, situaciones que han sido la moneda común en los días más cercanos.
Los cambios curriculares y en el sistema de evaluación parecen ser dos buenos pasos iniciales en la búsqueda de esa necesaria modernización que les permita a los panameños educarse con calidad.
Nuestras autoridades lo saben. Tanto el Ministro de Educación como los rectores de las universidades oficiales, están conscientes que el gran desafío del siglo XXI para que Panamá logre insertarse con éxito en un mundo globalizado, competitivo y salvajemente comercializado, es casi que exclusivamente lograr que el Estado pueda competir en calidad con la educación que se imparte en las escuelas, colegios y universidades particulares.
De hecho, la Universidad de Panamá fue durante mucho tiempo la proveedora de los mejores profesionales de la República. Igual puede decirse de escuelas y colegios insignes como el Manuel María Tejada Roca en Las Tablas, o el Instituto Nacional o el José Antonio Remón Cantera en la capital; o la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena en Santiago de Veraguas; el Félix Olivares en San José de David; o el Abel Bravo en Colón.
Eran tiempos en que los medios no teníamos la penosa necesidad de informar sobre tal o cual escándalo en el manejo de los fondos destinados a los colegios oficiales, ni mucho menos sobre desfalcos en las asociaciones de padres de familia, situaciones que han sido la moneda común en los días más cercanos.
Los cambios curriculares y en el sistema de evaluación parecen ser dos buenos pasos iniciales en la búsqueda de esa necesaria modernización que les permita a los panameños educarse con calidad.