EE.UU., una diplomacia blindada
Preocupan las recientes declaraciones de la embajadora de EE.UU. en Panamá, Barbara Stephenson, quien dijera en un foro nacional de la APEDE, que la diplomacia estadounidense se muestra muy preocupada por el aumento de homicidios en Panamá. La embajadora alertó a su atento auditorio sobre el hecho de que el crimen y la delincuencia organizada, además de corromper las instituciones democráticas y judiciales, impactan en el sector empresarial y desalienta la inversión en el país.
Bien, hasta aquí todo es cierto, pero nada es nuevo. La pregunta obligada es ¿por qué Stephenson, empleando datos estadísticos del 2008/2009, se muestra tan alarmada que declara también que aún estamos a tiempo de “salvar a Panamá”? Preguntamos: ¿quién nos va a salvar del crimen y la violencia? Quisiéramos saber si para la jefa de la delegación diplomática norteamericana la clave de este monumental y creciente problema mundial, que nadie ha resuelto, consiste precisamente en la ayuda de su país para “interceptar vías marítimas” en territorio panameño. ¿Acaso hay dificultades políticas o diplomáticas para la instalación de bases aeronavales en territorio panameño?
Pero hay otra arista ante tan extraña declaración, y que surge de similar suspicacia. ¿Tal vez la diplomacia estadounidense se encuentra incómoda con las personas que están al frente de los organismos de seguridad? ¿Quizá lo que les molesta son sus métodos? En el lenguaje diplomático nada es lo que parece, y hay que leer entre líneas. En eso estamos, al tiempo que se espera mayor transparencia de lado y lado.