Ejemplo a imitar
En mi reciente viaje a Brasil, específicamente a las ciudades de Río de Janeiro y Porto Alegre, que hacía más de 25 años no visitaba, me llamó la atención el orden y respeto en materia de tránsito de ambos lugares. Río de Janeiro tiene más de cinco millones de habitantes, y Porto Alegre, más de un millón y medio. Recuerdo que el tránsito vehicular allí era muy desordenado. Hoy, todos respetan las señales de los semáforos y a nadie se le ocurre parar en la salida de las intercepciones. Dos situaciones muy comunes en Panamá. Por otra parte, existe un tránsito fluido por tener semáforos “inteligentes” y programados; en ningún momento se observa a la policía dirigiéndolos.
Otra de las situaciones que me llamó la atención, fue que nunca observé ni un solo accidente por falta de cortesía, como es común en nuestra ciudad y que genera tantos tranques a diario. Por tal razón, los buses, taxis y autos particulares, no se les ve las marcas de los choques “estúpidos”, que todos los días vemos en la capital panameña.
La ausencia de ruido es notoria, a tal punto que desde el primer día me llamó tanto la atención no escuchar el pito de los autos. Ningún bus llevaba personas en la puerta, ni aparato de música, y tiene una cantidad determinada de ciudadanos que pueden ir de pie. Las condiciones de estos transportes son de admirar, y es la mejor forma de trasladarse en esas dos ciudades brasileñas. Además, éstas tienen las alternativas de pequeños buses ejecutivos, con aire acondicionado y que sólo pueden ir pasajeros sentados, indudablemente, pagando un precio por este servicio mayor que el bus común, pero más económico que un taxi.
En cuanto al transporte selectivo, no tiene ni comparación con el nuestro, pues todos los taxis están identificado por un solo color y poseen óptimas condiciones, de lo contrario no pueden transitar.
Brasil no es Suiza, el carácter del brasileño es muy similar al del panameño; pero el gustar de buena vida, no es sinónimo de irresponsabilidad y desorden. Es por ello que si los habitantes de la tierra de la samba y el fútbol han podido evolucionar hasta este punto, no veo la razón para que los panameños no podamos hacer lo mismo. Claro está, debemos ejecutar una serie de medidas para alcanzar estos niveles: Primero que todo, educar a nuestros conductores mediante campañas orientadoras difundidas por medios de comunicación masivos, así como charlas en los locales de trabajo. Segundo, iniciar en las escuelas un curso de educación vial para los futuros conductores. Tercero, imponer sanciones ejemplares a los que violen las leyes de tránsito.
En Brasil tienen un sistema que, posiblemente, podremos adoptar en su totalidad, o lo que se pueda, a nuestro medio. Cada infracción tiene un valor en puntos; el conductor que supere los 20 puntos en un año se le suspende su licencia por un tiempo y para poder obtenerla nuevamente, tendrá que pagar una suma de dinero establecida. Me comentaba un taxista en Río de Janeiro que él respetaba todas las indicaciones, ya que de perder su licencia, le sería muy difícil poder nuevamente trabajar en el transporte selectivo. Creo que este método puede traer muy buen efecto.
Se debe exigir que los buses y taxis tengan condiciones físicas mínimas, prohibir una vez por toda los aparatos de músicas en los buses; y a los taxis, permitirles la radio pero sólo en volumen bajo. Además, la identificación de los transportistas, de tal manera que el usuario tenga la facilidad de identificarlo y poder reportar alguna situación anómala. El transporte es un servicio de utilidad pública y el usuario tiene el derecho de exigir calidad.
Se debe instalar el sistema de semáforos “inteligentes” para que tengamos un tráfico fluido y así se evitarán los tranques que sufrimos todos los días.
Este ejemplo digno de imitar, ya que tenemos todas las condiciones para hacerlo, debe ser el reto de la actual Autoridad del Tránsito. Mi amigo y colega Dr. Pablo Quintero, quien como yo estudió en esa linda tierra brasileña, puede iniciar el cambio que todos los capitalinos hemos soñado. Se puede hacer realidad, es sólo proponernos hacerlo. Pablo, el reto está lanzado.
“Cuando los hombres decentes no quieren participar en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar”. Ghandi.
Otra de las situaciones que me llamó la atención, fue que nunca observé ni un solo accidente por falta de cortesía, como es común en nuestra ciudad y que genera tantos tranques a diario. Por tal razón, los buses, taxis y autos particulares, no se les ve las marcas de los choques “estúpidos”, que todos los días vemos en la capital panameña.
La ausencia de ruido es notoria, a tal punto que desde el primer día me llamó tanto la atención no escuchar el pito de los autos. Ningún bus llevaba personas en la puerta, ni aparato de música, y tiene una cantidad determinada de ciudadanos que pueden ir de pie. Las condiciones de estos transportes son de admirar, y es la mejor forma de trasladarse en esas dos ciudades brasileñas. Además, éstas tienen las alternativas de pequeños buses ejecutivos, con aire acondicionado y que sólo pueden ir pasajeros sentados, indudablemente, pagando un precio por este servicio mayor que el bus común, pero más económico que un taxi.
En cuanto al transporte selectivo, no tiene ni comparación con el nuestro, pues todos los taxis están identificado por un solo color y poseen óptimas condiciones, de lo contrario no pueden transitar.
Brasil no es Suiza, el carácter del brasileño es muy similar al del panameño; pero el gustar de buena vida, no es sinónimo de irresponsabilidad y desorden. Es por ello que si los habitantes de la tierra de la samba y el fútbol han podido evolucionar hasta este punto, no veo la razón para que los panameños no podamos hacer lo mismo. Claro está, debemos ejecutar una serie de medidas para alcanzar estos niveles: Primero que todo, educar a nuestros conductores mediante campañas orientadoras difundidas por medios de comunicación masivos, así como charlas en los locales de trabajo. Segundo, iniciar en las escuelas un curso de educación vial para los futuros conductores. Tercero, imponer sanciones ejemplares a los que violen las leyes de tránsito.
En Brasil tienen un sistema que, posiblemente, podremos adoptar en su totalidad, o lo que se pueda, a nuestro medio. Cada infracción tiene un valor en puntos; el conductor que supere los 20 puntos en un año se le suspende su licencia por un tiempo y para poder obtenerla nuevamente, tendrá que pagar una suma de dinero establecida. Me comentaba un taxista en Río de Janeiro que él respetaba todas las indicaciones, ya que de perder su licencia, le sería muy difícil poder nuevamente trabajar en el transporte selectivo. Creo que este método puede traer muy buen efecto.
Se debe exigir que los buses y taxis tengan condiciones físicas mínimas, prohibir una vez por toda los aparatos de músicas en los buses; y a los taxis, permitirles la radio pero sólo en volumen bajo. Además, la identificación de los transportistas, de tal manera que el usuario tenga la facilidad de identificarlo y poder reportar alguna situación anómala. El transporte es un servicio de utilidad pública y el usuario tiene el derecho de exigir calidad.
Se debe instalar el sistema de semáforos “inteligentes” para que tengamos un tráfico fluido y así se evitarán los tranques que sufrimos todos los días.
Este ejemplo digno de imitar, ya que tenemos todas las condiciones para hacerlo, debe ser el reto de la actual Autoridad del Tránsito. Mi amigo y colega Dr. Pablo Quintero, quien como yo estudió en esa linda tierra brasileña, puede iniciar el cambio que todos los capitalinos hemos soñado. Se puede hacer realidad, es sólo proponernos hacerlo. Pablo, el reto está lanzado.
“Cuando los hombres decentes no quieren participar en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar”. Ghandi.