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Ejercicio del poder público


Tiene el poder público órganos constructivos y órganos agresivos: muchos elementos de nuestra sociedad parecieran creer que la autoridad se fortalece únicamente mediante éstos y no se esfuerzan nunca en exigir que aquéllos funcionen debidamente.

Conocemos muchos ciudadanos que no se ocupan de política más que para pedir a los gobiernos la administración de la imposición y la fuerza. Pero sucede que, además de que esta filosofía parece a muchos perjudicial, la evolución histórica y social de las sociedades ha hecho evidente su carácter nocivo y contraproducente. No sólo no se debe, sino que no se puede gobernar exclusivamente mediante el uso de la fuerza. El Estado no se halla, como en otros tiempos, sobre la sociedad, sino que vive inmerso en ella y está siempre sometido a los dictámenes de la opinión pública.

No pretendemos afirmar con esto que el uso de la fuerza deba ser excluido de las facultades del Estado, ni tampoco que el mismo debiera ser minimizado. La utilización de la fuerza es de rigor para castigar la delincuencia y para refrenar agresiones vandálicas. Más aun en estos tiempos en que no sólo se atenta contra la vida y las pertenencias de ciudadanos particulares, sino que también el hampa ha procurado incluso atentar contra la seguridad del Estado al intentar robar una remesa de dinero de la Lotería Nacional, acción en la que lamentablemente pereció el director general del Instituto Nacional de Cultura, Anel Omar Rodríguez, por hallarse casualmente en el lugar de los hechos. Fue sumamente apropiado que el Presidente de la República manifestara en ocasión del suceso referido que se redoblarán los esfuerzos para contrarrestar la delincuencia.

Sin embargo, no perdamos de vista que la inserción social y capacitación laboral de las clases marginadas dan a largo plazo mejores resultados que circunscribirse a la utilización de la fuerza para combatir el flagelo de la delincuencia. Es y será siempre necesario aplicar medidas punitivas contra los amigos de la vida fácil, contra los que rehuyen el trabajo honesto y desean vivir del hurto y del asalto a mano armada.

Pero para buscar solución definitiva a la violencia que se ha adueñado de las calles, además de aplicar la fuerza policial con más ahínco para contrarrestar la fuerza de la delincuencia y el pandillaje, es indispensable no descuidar, sino más bien nutrir y fomentar, los planes tendientes a lograr la integración familiar, la promoción del deporte y la cultura, la enseñanza de la ética, la moral y el respeto a las religiones, el mejoramiento educativo integral, el impulso a la lectura formativa, y la instrucción, tanto universitaria como de mano de obra calificada, para conseguir trabajos dignos y poder así servir con entusiasmo a la patria.

101 años de Panamá América

 
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