El ABC de toda educación y los desastres educativos
DESDE hace un tiempo, a diferencia de los gobiernos de la última década del siglo XX, que ni hablaban del tema ni le hacían frente, las autoridades que ahora tienen la responsabilidad de la educación nacional hablan con frecuencia sobre la necesidad de mejorarla, pero hasta ahora no he visto sabido de ninguna medida orientada hacia lo más básico, hacia lo que es indispensable, hacia lo que puede hacer que todo esfuerzo se vuelva inútil por falta de las bases necesarias para todo aprendizaje que esté un poco por encima de apretar tuercas, servir hamburguesas o vender pantalones de dril.
Las noticias sobre fracasos, sobre deserciones y sobre exiguos porcentajes que pasan los exámenes de admisión de la Universidad Nacional ocupan las primeras páginas de los periódicos por un día y después quedamos en lo mismo o en paliativos peores.
Con la excepción de algunos países abandonados de la mano de Dios, para cualquier persona realmente educada, es una perogrullada decir que no puede haber educación formal que no comience por enseñar a leer. Para los grandes lingüistas como Chomsky, el desarrollo de la facultad del lenguaje se limita fundamentalmente a la infancia y la primera adolescencia y, para hacer la situación nuestra más grave, consiste en etapas críticas, o sea etapas que, cuando no se cumplen, hacen difícil o imposible la siguiente. Después de esas edades, si no se ha desarrollado la facultad del lenguaje y no se han adquirido las formas internas y las estructuras lógicas del propio idioma, todo está perdido porque las neuronas se echan a dormir para siempre. Se atrofia la facultad que distingue a los seres humanos del resto del reino animal.
Desde hace varias décadas, a los niños no les están enseñando a leer ni a escribir ni a hablar en la escuela primaria, sobre todo en los tres primeros años que son decisivos para un dominio medianamente aceptable del habla racional. Tan importantes son esos tres años que los estudios experimentales más serios han demostrado que el niño no aprende el uso del "que" hasta los diez años porque no tiene suficiente capacidad de abstracción para distinguir cuando es sujeto y cuando es complemento o relativo. Esto conduce también a eliminar la palabra "que" cuando se habla o se escribe, con lo que la persona queda prácticamente limitada a usar sustantivos, adjetivos y verbos (con las conocidas limitaciones de vocabulario).
Justo Arosemena decía que "el gobierno que quiera educar al pueblo tiene que comenzar por la escuela primaria", y un siglo después quedaba establecida como verdad científica que el desarrollo de la facultad del lenguaje se da entre los siete y los catorce años (o entre los seis y los doce según el individuo).
Aunque los grandes países actualmente no dan un buen ejemplo en este sentido, porque en casi todos se han introducido reformas que obstaculizan o impiden el proceso de adquisición plena del propio idioma debido a la noción de que es más fácil gobernar a un pueblo irracional, a veces hay afirmaciones esperanzadoras como cuando el Presidente argentino, Néstor Kirchner, dijo que "debemos volver a los métodos de las maestras que nos enseñaron a nosotros a leer".
Actualmente hay muchas organizaciones que ostentan la voluntad de ayudar a los niños. Las hay que se han orientado a combatir la droga. Las hay que regalan ropa. Las hay que construyen campos de juegos. Las hay que regalan comida, pero no hay ninguna que siquiera se preocupe de que numerosísimos niños en nuestro país están creciendo como animalitos que sólo parecen seres racionales porque andan vestidos y calzan zapatos y tienen pulgar oponible. Nadie toma en cuenta que los grandes pensadores del siglo XX nos han enseñado que sin un desarrollo adecuado de la facultad del lenguaje no se puede raciocinar ni analizar ni juzgar. Tampoco importa el hecho de que los neurofisiólogos afirman que el hombre no puede planificar sin sintaxis.
A la ausencia de planes verdaderamente científicos, el desastre de los currículos de primaria, la pobrísima calidad de los textos obligatorios, llenos de errores gramaticales e inexactitudes fácticas, se une el asesinato permanente de la lengua en las ondas radiales y televisivas, por lo que se hace todavía más imperativo volver a los métodos que siempre enseñaron a hablar bien y a escribir con ilación en la primaria porque después, a lo mejor, no se puede. Si hay dos generaciones de maestros que tampoco son capaces de hablar ni de escribir articuladamente, entonces hay que hacer selecciones rigurosas, traer maestros de fuera, reclutar jubiladas que aprendieron a hablar cuando no había televisión y cuando se usaba el libro "Quiero aprender" para comenzar la primaria, de modo que el idioma se adquiriera linealmente, letra por letra, sílaba por sílaba y palabra por palabra como debe ser.
Los índices de delincuencia y la naturaleza de los crímenes deberían, por lo menos, hacer que tengan miedo los que mandan y los que tienen, porque estamos criando fieras que cada día son más. Por cierto, todo el que tiene algo y el que manda en alguna parte deberían sopesar (o pensar si pueden) que la bestialización es una amenaza tanto para la riqueza como para el poder. Como triste advertencia, Jean-Jacques Rousseau escribió que "el hombre es el único animal que está expuesto a volverse imbécil".
Nelson, quien había sido condenado en 1998, estaba consciente de que a todo "traqueto", como se apoda a los narcos en su tierra, le llega su fin.
Urrego se estableció en Panamá, después de abandonar la prisión de Picota en la ciudad de Bogotá, Colombia, donde cumplió una pena por enriquecimiento ilícito. Tras las rejas, según cita el periodista Gerardo Reyes de la cadena Caracol, "conoció a Yesid Arteta, un importante miembro de las FARC que también había sido capturado, así como a Femey Tovar, un supuesto mensajero de las FARC que ocasionalmente visitaba a Arteta".
En su artículo el periodista colombiano narra la relación de Nelson con la DEA: "funcionarios federales estadounidenses, (..) dijeron que desde la prisión Urrego primeramente ofreció sus contactos de las FARC para sacar cocaína desde las franjas controladas por ellos para ser enviada a Estados Unidos". Agrega el colega, que después de haber sido liberado, ofreció un contrato de teléfonos de satélite que permiten hacer llamadas desde los lugares más remotos sin dejar rastro.
Fue así como el especialista en comunicaciones, que aparentemente hacía la coordinación de embarques de 10 a 15 toneladas de cocaína al mes para el Cartel del Norte, fungió como pieza clave en la operación de espionaje. "Con la cooperación de un narcotraficante, funcionarios norteamericanos colocaron varios teléfonos satelitales, supuestamente imposibles de ubicar, en manos de las FARC, las guerrillas colombianas y luego escucharon sus conversaciones", agrega el relato.
El texto añade que "Tovar envió un mensajero para recoger los cuatro teléfonos en Panamá. Al regreso, uno de los teléfonos fue confiscado por la aduana colombiana. Tovar se quedó con uno y dio los otros a unos comandantes de las FARC conocidos como Orlando Porcelana y José Cabrera Cuevas".
Una vez más revivió su lección. El que llegó a vivir en el paraíso, recuerda su libertad entre los barrotes.
Las noticias sobre fracasos, sobre deserciones y sobre exiguos porcentajes que pasan los exámenes de admisión de la Universidad Nacional ocupan las primeras páginas de los periódicos por un día y después quedamos en lo mismo o en paliativos peores.
Con la excepción de algunos países abandonados de la mano de Dios, para cualquier persona realmente educada, es una perogrullada decir que no puede haber educación formal que no comience por enseñar a leer. Para los grandes lingüistas como Chomsky, el desarrollo de la facultad del lenguaje se limita fundamentalmente a la infancia y la primera adolescencia y, para hacer la situación nuestra más grave, consiste en etapas críticas, o sea etapas que, cuando no se cumplen, hacen difícil o imposible la siguiente. Después de esas edades, si no se ha desarrollado la facultad del lenguaje y no se han adquirido las formas internas y las estructuras lógicas del propio idioma, todo está perdido porque las neuronas se echan a dormir para siempre. Se atrofia la facultad que distingue a los seres humanos del resto del reino animal.
Desde hace varias décadas, a los niños no les están enseñando a leer ni a escribir ni a hablar en la escuela primaria, sobre todo en los tres primeros años que son decisivos para un dominio medianamente aceptable del habla racional. Tan importantes son esos tres años que los estudios experimentales más serios han demostrado que el niño no aprende el uso del "que" hasta los diez años porque no tiene suficiente capacidad de abstracción para distinguir cuando es sujeto y cuando es complemento o relativo. Esto conduce también a eliminar la palabra "que" cuando se habla o se escribe, con lo que la persona queda prácticamente limitada a usar sustantivos, adjetivos y verbos (con las conocidas limitaciones de vocabulario).
Justo Arosemena decía que "el gobierno que quiera educar al pueblo tiene que comenzar por la escuela primaria", y un siglo después quedaba establecida como verdad científica que el desarrollo de la facultad del lenguaje se da entre los siete y los catorce años (o entre los seis y los doce según el individuo).
Aunque los grandes países actualmente no dan un buen ejemplo en este sentido, porque en casi todos se han introducido reformas que obstaculizan o impiden el proceso de adquisición plena del propio idioma debido a la noción de que es más fácil gobernar a un pueblo irracional, a veces hay afirmaciones esperanzadoras como cuando el Presidente argentino, Néstor Kirchner, dijo que "debemos volver a los métodos de las maestras que nos enseñaron a nosotros a leer".
Actualmente hay muchas organizaciones que ostentan la voluntad de ayudar a los niños. Las hay que se han orientado a combatir la droga. Las hay que regalan ropa. Las hay que construyen campos de juegos. Las hay que regalan comida, pero no hay ninguna que siquiera se preocupe de que numerosísimos niños en nuestro país están creciendo como animalitos que sólo parecen seres racionales porque andan vestidos y calzan zapatos y tienen pulgar oponible. Nadie toma en cuenta que los grandes pensadores del siglo XX nos han enseñado que sin un desarrollo adecuado de la facultad del lenguaje no se puede raciocinar ni analizar ni juzgar. Tampoco importa el hecho de que los neurofisiólogos afirman que el hombre no puede planificar sin sintaxis.
A la ausencia de planes verdaderamente científicos, el desastre de los currículos de primaria, la pobrísima calidad de los textos obligatorios, llenos de errores gramaticales e inexactitudes fácticas, se une el asesinato permanente de la lengua en las ondas radiales y televisivas, por lo que se hace todavía más imperativo volver a los métodos que siempre enseñaron a hablar bien y a escribir con ilación en la primaria porque después, a lo mejor, no se puede. Si hay dos generaciones de maestros que tampoco son capaces de hablar ni de escribir articuladamente, entonces hay que hacer selecciones rigurosas, traer maestros de fuera, reclutar jubiladas que aprendieron a hablar cuando no había televisión y cuando se usaba el libro "Quiero aprender" para comenzar la primaria, de modo que el idioma se adquiriera linealmente, letra por letra, sílaba por sílaba y palabra por palabra como debe ser.
Los índices de delincuencia y la naturaleza de los crímenes deberían, por lo menos, hacer que tengan miedo los que mandan y los que tienen, porque estamos criando fieras que cada día son más. Por cierto, todo el que tiene algo y el que manda en alguna parte deberían sopesar (o pensar si pueden) que la bestialización es una amenaza tanto para la riqueza como para el poder. Como triste advertencia, Jean-Jacques Rousseau escribió que "el hombre es el único animal que está expuesto a volverse imbécil".
Nelson, quien había sido condenado en 1998, estaba consciente de que a todo "traqueto", como se apoda a los narcos en su tierra, le llega su fin.
Urrego se estableció en Panamá, después de abandonar la prisión de Picota en la ciudad de Bogotá, Colombia, donde cumplió una pena por enriquecimiento ilícito. Tras las rejas, según cita el periodista Gerardo Reyes de la cadena Caracol, "conoció a Yesid Arteta, un importante miembro de las FARC que también había sido capturado, así como a Femey Tovar, un supuesto mensajero de las FARC que ocasionalmente visitaba a Arteta".
En su artículo el periodista colombiano narra la relación de Nelson con la DEA: "funcionarios federales estadounidenses, (..) dijeron que desde la prisión Urrego primeramente ofreció sus contactos de las FARC para sacar cocaína desde las franjas controladas por ellos para ser enviada a Estados Unidos". Agrega el colega, que después de haber sido liberado, ofreció un contrato de teléfonos de satélite que permiten hacer llamadas desde los lugares más remotos sin dejar rastro.
Fue así como el especialista en comunicaciones, que aparentemente hacía la coordinación de embarques de 10 a 15 toneladas de cocaína al mes para el Cartel del Norte, fungió como pieza clave en la operación de espionaje. "Con la cooperación de un narcotraficante, funcionarios norteamericanos colocaron varios teléfonos satelitales, supuestamente imposibles de ubicar, en manos de las FARC, las guerrillas colombianas y luego escucharon sus conversaciones", agrega el relato.
El texto añade que "Tovar envió un mensajero para recoger los cuatro teléfonos en Panamá. Al regreso, uno de los teléfonos fue confiscado por la aduana colombiana. Tovar se quedó con uno y dio los otros a unos comandantes de las FARC conocidos como Orlando Porcelana y José Cabrera Cuevas".
Una vez más revivió su lección. El que llegó a vivir en el paraíso, recuerda su libertad entre los barrotes.