El aborto de la minería
Cuando se tejían especulaciones en el mundo de la minería sobre las perspectivas de Panamá en la producción de cobre y oro de pronto se ha esfumado el sueño por una combinación de factores que el Estado, como órgano normativo de la actividad económica, debe analizar con realismo. La gran minería no llegó a nacer. Abortó como consecuencia de presiones endógenas y exógenas que nos dejan una amarga conclusión: en Panamá no hay cultura minera, no obstante que los conquistadores españoles del siglo XVII explotaron empíricamente yacimientos de oro del Darién.
Se aduce que empresas mineras extranjeras suspenden proyectos por la baja de la cotización internacional del cobre. Este es un argumento deleznable. Como numerosos metales, el cobre está sujeto a fluctuaciones de precio, sobre todo en esta época en que la tecnología industrial reemplaza insumos de origen cuprífero por insumos de plástico más baratos, importantes proyectos y desarrollos siguen adelante en América Latina a la espera de la recuperación de precios en el mercado internacional.
Existen factores de desaliento a la inversión minera en Panamá que quizás los inversionistas no ponen de manifiesto ante la opinión pública. Factores que deberíamos sopesar con realismo porque hoy es la minería pero mañana podría ser otro sector de inversión y se incuba poco a poco una imagen de inestabilidad ante la comunidad internacional de inversionistas.
Por incultura minera determinados círculos de ambientalistas se movilizan contra la inversión minera, lo mismo que ONGs pintando a priori a la explotación minera como causante de la degradación de ecosistemas. Hay que reconocer que al gobierno le ha faltado firmeza en delinear las reglas del juego en materia de protección ambiental. Así se mataba dos pájaros de un tiro: se protegía a la agricultura, cursos de agua y medio ambiente de la contaminación obligando a las empresas a enérgicos programas de prevención ecológica y se anulaba la prédica exagerada de enemigos de la inversión extranjera disfrazados de ecologistas.
Por carencia de imaginación creadora en sus decisiones al gobierno se le ha ido de las manos el control no sólo de la continuidad de los desarrollos, sino del contexto político negativo a la minería. De resultas de la inercia gubernamental, campesinos sinceros pero ingenuos creen que la minería es la peor amenaza a su habitat ancestral y no comprenden que probablemente han perdido la última oportunidad del siglo de escapar de la pobre agricultura de subsistencia que los ancla en la miseria.
El plan maestro del Ministerio de Planificación y Política Económica según revelación de la Cámara Minera de Panamá excluye a la minería, aceptando la minimización o desaparición de la inversión privada en el sector. A menos que se instrumenten grandes planes de agroindustria, conllevando igualmente riesgos de desforestación, no se conocen otros tipos de inversión en Panamá que como la gran minería involucren salarios altos, construcción de caminos y viviendas, en resumen elevación de la calidad de vida de personas de reducido horizonte material en el interior de la República.
Esto es lo que se ha logrado en países de tradición minera como Chile, Perú, Zambia, Africa del Sur y otros, donde se explotan yacimientos a lo largo de muchos años y se ha construido una cultura minera sin prisa y sin pausa, corrigiendo errores en el camino con firmeza y paciencia. Tal parece que al gobierno actual sólo le interesan obras de rápido aprovechamiento político y por tanto es indolente a los proyectos de larga maduración.
Se aduce que empresas mineras extranjeras suspenden proyectos por la baja de la cotización internacional del cobre. Este es un argumento deleznable. Como numerosos metales, el cobre está sujeto a fluctuaciones de precio, sobre todo en esta época en que la tecnología industrial reemplaza insumos de origen cuprífero por insumos de plástico más baratos, importantes proyectos y desarrollos siguen adelante en América Latina a la espera de la recuperación de precios en el mercado internacional.
Existen factores de desaliento a la inversión minera en Panamá que quizás los inversionistas no ponen de manifiesto ante la opinión pública. Factores que deberíamos sopesar con realismo porque hoy es la minería pero mañana podría ser otro sector de inversión y se incuba poco a poco una imagen de inestabilidad ante la comunidad internacional de inversionistas.
Por incultura minera determinados círculos de ambientalistas se movilizan contra la inversión minera, lo mismo que ONGs pintando a priori a la explotación minera como causante de la degradación de ecosistemas. Hay que reconocer que al gobierno le ha faltado firmeza en delinear las reglas del juego en materia de protección ambiental. Así se mataba dos pájaros de un tiro: se protegía a la agricultura, cursos de agua y medio ambiente de la contaminación obligando a las empresas a enérgicos programas de prevención ecológica y se anulaba la prédica exagerada de enemigos de la inversión extranjera disfrazados de ecologistas.
Por carencia de imaginación creadora en sus decisiones al gobierno se le ha ido de las manos el control no sólo de la continuidad de los desarrollos, sino del contexto político negativo a la minería. De resultas de la inercia gubernamental, campesinos sinceros pero ingenuos creen que la minería es la peor amenaza a su habitat ancestral y no comprenden que probablemente han perdido la última oportunidad del siglo de escapar de la pobre agricultura de subsistencia que los ancla en la miseria.
El plan maestro del Ministerio de Planificación y Política Económica según revelación de la Cámara Minera de Panamá excluye a la minería, aceptando la minimización o desaparición de la inversión privada en el sector. A menos que se instrumenten grandes planes de agroindustria, conllevando igualmente riesgos de desforestación, no se conocen otros tipos de inversión en Panamá que como la gran minería involucren salarios altos, construcción de caminos y viviendas, en resumen elevación de la calidad de vida de personas de reducido horizonte material en el interior de la República.
Esto es lo que se ha logrado en países de tradición minera como Chile, Perú, Zambia, Africa del Sur y otros, donde se explotan yacimientos a lo largo de muchos años y se ha construido una cultura minera sin prisa y sin pausa, corrigiendo errores en el camino con firmeza y paciencia. Tal parece que al gobierno actual sólo le interesan obras de rápido aprovechamiento político y por tanto es indolente a los proyectos de larga maduración.